Policiales
Domingo 26 de Julio de 2015

Un fiscal pagó a falsos testigos para que acusen a un hombre de doble homicidio

El guión –porque se trató de una parodia de justicia– se estropeó cuando Analía Palacios no cumplió con su parte. En la sala principal de audiencias del Fuero Penal de La Plata la mujer debió repetir lo acordado: ella y su marido, cuando todavía estaba vivo, se habían enterado de la intención de matar de uno de los acusados por el doble crimen de los hermanos Massa, cometido en 2012 en Cañuelas. Pero la viuda, ante el desconcierto de todos, reveló que el fiscal de la instrucción les pagó para falsear los testimonios. También que la maniobra tuvo amparo político y, tal vez lo más inesperado, el aval de la familia de las víctimas.
Según consignó Tiempo Argentino, el martes 14 de julio, con las puertas cerradas a la prensa, Palacios, de 33 años y embarazada de siete meses, juró frente a los jueces del Tribunal Oral 5 contar toda la verdad. "La misma noche de los asesinatos –sostiene–, el fiscal Rodolfo César Robatto vino a mi casa a buscar a mi marido, Mario Corbalán, y le dijo que vaya a la comisaría porque necesitaba una mano."
De acuerdo a lo elevado por el juez de Garantías Guillermo Atencio, unas horas antes, en la tarde del 1 de julio de 2012, "dos hombres a bordo de una moto Honda Storm negra arribaron a las inmediaciones del supermercado Doña Rosa, ubicado en la Avenida Libertad 1420, y uno de ellos ingresó al comercio y, mediante la utilización de un arma de fuego, efectuó varios disparos contra Leonardo y Marcelo Massa, ocasionándoles la muerte en presencia de clientes y empleados".
Atencio, también sostuvo que los dos asesinos "emprendieron inmediatamente la fuga" en la moto que usaron para llegar.
Luego de conocerse la noticia de los asesinatos, miles de vecinos de Cañuelas se concentraron frente a la municipalidad para exhibir su bronca y reclamar el  esclarecimiento del caso. La amenaza de una pueblada estaba latente y el jefe de la Bonaerense, Hugo Matzkin, debió viajar hasta allí para llevar calma.
En ese contexto, Corbalán y su esposa llegaron a la comisaría. Los estaban esperando el fiscal Robatto, el comisario Eduardo Bonardo y el sub comisario Esteban Orlandi. "Robatto le puso un libro con fotos adelante y le señaló una con el dedo. '¿Conoces a este?', le preguntó y Mario le dijo que sí, que era fácil por el poncho (funda de plata) en el diente", recuerda Palacios.
Corbalán había reconocido a Fernando Marconi. Los dos eran de Cañuelas y habían coincidido durante algún tiempo en penales bonaerenses. El interés del fiscal tenía una explicación: en 2004, Marconi había intentado asaltar la casa de Marcelo Massa y ante la resistencia le disparó tres veces, haciéndole perder un riñón. Marconi purgó la condena y recuperó la libertad tres meses antes del doble crimen. El dato, además de un sospechoso, le entregaba un móvil: la venganza.  
Según la mujer, después de que su marido confirmara que el de la foto era Marconi, el fiscal dio la orden por radio de capturarlo. "Con eso solo le alcanzó para acusarlo. Se justificó diciendo que tenía la soga al cuello y que le iban a prender fuego la fiscalía y la municipalidad. Antes de irnos le dijo a Mario: 'Acordate que me tenés que ayudar porque si no te hundo'", explica.
La pareja volvió a juntarse con Robatto para firmar las declaraciones de ambos que él mismo redactó y para concretar el primero de varios pagos.
"Me entregó 2000 pesos enrollados en una banda elástica y me prometió que me iba a pagar lo mismo todos los meses, pero después de un tiempo dejó de cumplir. Entonces me llamó Marisa Fassi (actual jefa de gabinete de la comuna e intendenta interina durante el doble crimen en remplazo de su esposo Gustavo Arrieta que estaba con licencia) y me preguntó si Robatto me estaba pagando. Le dije que no y entonces me respondió que el pago se concretaría mediante cheques emitidos por la municipalidad. Mario solamente tenía que hacer algunos trabajos comunitarios para justificar el cobro."
Palacios reconoce que el arreglo "era raro" pero le convenía. Además del dinero que empezó a llegar, el abogado Juan Tiberio, del estudio de Fernando Burlando y representante de los deudos de los Massa, se reunió con ella para informarle que se le perdonaba la deuda de 800 pesos que tenía en el supermercado y que, además, la familia le haría llegar todos los meses una bolsa con mercadería.
Consecuencias
Corbalán y Palacios se casaron el 24 de noviembre de 2009 cuando él todavía estaba detenido en la Unidad 36 de Magdalena. Tuvieron tres hijos y esperaban el cuarto (Analía además es madre soltera de otro). El 6 de noviembre de 2013, Corbalán volvió a ser encarcelado por abuso de armas y resistencia a la autoridad. "Después de arreglar con Robatto –cuenta la mujer– la policía lo empezó a hostigar. Le decían buchón y él siempre reaccionaba."
El 18 de abril de este año, a cinco días de la fecha prevista para declarar en el juicio por los hermanos Massa, Corbalán, de 34 años, fue hallado ahorcado en su celda, según la versión oficial del Servicio Penitenciario Bonerense. El preso estaba angustiado por las presiones de Robatto, que hasta le había entregado un celular para recordarle que si no acusaba a Marconi iba a sufrir las consecuencias.
"A Mario lo mataron pero no tengo miedo –avisa la viuda–. Quiero que el pueblo sepa de lo que es capaz un fiscal corrupto."
Escándalo sin precedentes
Un fiscal pagó para culpar a un hombre de doble homicidio
El guión –porque se trató de una parodia de justicia– se estropeó cuando Analía Palacios no cumplió con su parte. En la sala principal de audiencias del Fuero Penal de La Plata la mujer debió repetir lo acordado: ella y su marido, cuando todavía estaba vivo, se habían enterado de la intención de matar de uno de los acusados por el doble crimen de los hermanos Massa, cometido en 2012 en Cañuelas. Pero la viuda, ante el desconcierto de todos, reveló que el fiscal de la instrucción les pagó para falsear los testimonios. También que la maniobra tuvo amparo político y, tal vez lo más inesperado, el aval de la familia de las víctimas.
Según consignó Tiempo Argentino, el martes 14 de julio, con las puertas cerradas a la prensa, Palacios, de 33 años y embarazada de siete meses, juró frente a los jueces del Tribunal Oral 5 contar toda la verdad. "La misma noche de los asesinatos –sostiene–, el fiscal Rodolfo César Robatto vino a mi casa a buscar a mi marido, Mario Corbalán, y le dijo que vaya a la comisaría porque necesitaba una mano."
De acuerdo a lo elevado por el juez de Garantías Guillermo Atencio, unas horas antes, en la tarde del 1 de julio de 2012, "dos hombres a bordo de una moto Honda Storm negra arribaron a las inmediaciones del supermercado Doña Rosa, ubicado en la Avenida Libertad 1420, y uno de ellos ingresó al comercio y, mediante la utilización de un arma de fuego, efectuó varios disparos contra Leonardo y Marcelo Massa, ocasionándoles la muerte en presencia de clientes y empleados".
Atencio, también sostuvo que los dos asesinos "emprendieron inmediatamente la fuga" en la moto que usaron para llegar.
Luego de conocerse la noticia de los asesinatos, miles de vecinos de Cañuelas se concentraron frente a la municipalidad para exhibir su bronca y reclamar el  esclarecimiento del caso. La amenaza de una pueblada estaba latente y el jefe de la Bonaerense, Hugo Matzkin, debió viajar hasta allí para llevar calma.
La pareja volvió a juntarse con Robatto para firmar las declaraciones de ambos que él mismo redactó y para concretar el primero de varios pagos.
En ese contexto, Corbalán y su esposa llegaron a la comisaría. Los estaban esperando el fiscal Robatto, el comisario Eduardo Bonardo y el sub comisario Esteban Orlandi. "Robatto le puso un libro con fotos adelante y le señaló una con el dedo. '¿Conoces a este?', le preguntó y Mario le dijo que sí, que era fácil por el poncho (funda de plata) en el diente", recuerda Palacios.
Corbalán había reconocido a Fernando Marconi. Los dos eran de Cañuelas y habían coincidido durante algún tiempo en penales bonaerenses. El interés del fiscal tenía una explicación: en 2004, Marconi había intentado asaltar la casa de Marcelo Massa y ante la resistencia le disparó tres veces, haciéndole perder un riñón. Marconi purgó la condena y recuperó la libertad tres meses antes del doble crimen. El dato, además de un sospechoso, le entregaba un móvil: la venganza.  
Según la mujer, después de que su marido confirmara que el de la foto era Marconi, el fiscal dio la orden por radio de capturarlo. "Con eso solo le alcanzó para acusarlo. Se justificó diciendo que tenía la soga al cuello y que le iban a prender fuego la fiscalía y la municipalidad. Antes de irnos le dijo a Mario: 'Acordate que me tenés que ayudar porque si no te hundo'", explica.
La pareja volvió a juntarse con Robatto para firmar las declaraciones de ambos que él mismo redactó y para concretar el primero de varios pagos.
"Me entregó 2000 pesos enrollados en una banda elástica y me prometió que me iba a pagar lo mismo todos los meses, pero después de un tiempo dejó de cumplir. Entonces me llamó Marisa Fassi (actual jefa de gabinete de la comuna e intendenta interina durante el doble crimen en remplazo de su esposo Gustavo Arrieta que estaba con licencia) y me preguntó si Robatto me estaba pagando. Le dije que no y entonces me respondió que el pago se concretaría mediante cheques emitidos por la municipalidad. Mario solamente tenía que hacer algunos trabajos comunitarios para justificar el cobro."
Palacios reconoce que el arreglo "era raro" pero le convenía. Además del dinero que empezó a llegar, el abogado Juan Tiberio, del estudio de Fernando Burlando y representante de los deudos de los Massa, se reunió con ella para informarle que se le perdonaba la deuda de 800 pesos que tenía en el supermercado y que, además, la familia le haría llegar todos los meses una bolsa con mercadería.
Corbalán y Palacios se casaron el 24 de noviembre de 2009 cuando él todavía estaba detenido en la Unidad 36 de Magdalena. Tuvieron tres hijos y esperaban el cuarto (Analía además es madre soltera de otro). El 6 de noviembre de 2013, Corbalán volvió a ser encarcelado por abuso de armas y resistencia a la autoridad. "Después de arreglar con Robatto –cuenta la mujer– la policía lo empezó a hostigar. Le decían buchón y él siempre reaccionaba."
El 18 de abril de este año, a cinco días de la fecha prevista para declarar en el juicio por los hermanos Massa, Corbalán, de 34 años, fue hallado ahorcado en su celda, según la versión oficial del Servicio Penitenciario Bonerense. El preso estaba angustiado por las presiones de Robatto, que hasta le había entregado un celular para recordarle que si no acusaba a Marconi iba a sufrir las consecuencias.
"A Mario lo mataron pero no tengo miedo –avisa la viuda–. Quiero que el pueblo sepa de lo que es capaz un fiscal corrupto."
El inicio del juicio oral donde son juzgados Fernando Marconi y Edgardo Sagini estaba previsto para el 14 de abril, sin embargo un escándalo con pocos antecedentes lo postergó: Sagini pidió a los policías que lo custodiaban si podían aflojarle las esposas porque estaba incómodo. Una vez concedido el favor, se abalanzó sobre su propia abogada, la defensora oficial María Esther Vigorelli, y la quiso ahorcar. Luego explicó que lo hizo porque nunca lo había ido a visitar a la cárcel.
El 10 de junio, se reanudó el debate. La fiscal de juicio Rosalía Sánchez dijo que probará que se trató de un homicidio calificado criminis causa: los imputados mataron a los hermanos Massa para ocultar otro delito. Los abogados querellantes, Fernando Burlando, Fabián Améndola y Juan Tiberio coincidieron con ese encuadre legal.
Los defensores de los imputados Julio Ricardo Beley y Rubén Carrazzone  esbozaron una serie de nulidades y solicitaron la excarcelación de sus clientes.
La audiencia que se espera con más atención es la del próximo 3 de agosto. Ese día están citados para brindar testimonio la ex intendenta Natalia Fassi, el ex fiscal Rodolfo Robatto (renunció luego de la instrucción del caso) y el jefe policial Hugo Matzkin.
Laura dice que se enteró de la suerte de su hijo en el mismo momento en que supo sobre la muerte de los hermanos Massa. “Enseguida pensé: acá lo enganchan a Fernando (Marconi). A la hora los medios ya estaban hablando de la venganza de un ex preso.”
Para Daniel, uno de los cinco hermanos del imputado, la justicia “hizo la más fácil”. “Si mirás la investigación –explica– cualquiera se da cuenta que está todo armado. Al primero que meten preso es a Ignacio Chavero, que algunos testigos lo identificaron como el que disparó. Pero después aparece un video que lo muestra en La Plata al momento de los crímenes y lo tienen que dejar libre. En ese momento también tendrían que haber soltado a mi hermano, pero si lo hacían se prendía fuego Cañuelas y se tenía que ir el fiscal, la intendenta, todos.”
Laura, quien quedó a cargo de la familia luego de la muerte de su esposo, un retirado de la Bonaerense, cuenta que al principio todos en el barrio les daban vuelta la cara pero que eso ya cambió. “La gente se está dando cuenta de que fue todo armado para salvar cabezas. No vas a encontrar a nadie que te diga que Robatto es un hombre decente.”
 

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