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Miércoles 30 de Noviembre de 2016

Una actriz argentina confiesa haber sido abusada en rodajes de películas

Antonella Costa hizo un fuerte descargo en Facebook sobre abusos sexuales que sufrió en la filmación de películas. La actriz se destacó con sus trabajos en Garage Olimpo y Diario de Motocicletas.

Tras viralizarse en las redes en las últimas horas la revelación de que Marlon Brando abuso sexualmente de María Scheneider en El ultimo tango en París las repercusiones no se hicieron esperar. Incluso en el mismo ámbito, el cine, y puntualmente el argentino.

Gran impacto causa por estas horas que la actriz argentina Antonella Costa, haya admitido haber sido abusada sexualmente en varios rodajes.

A través de su cuenta de Facebook, la actriz que se supo destacar en Garage Olimpo y Diario de Motocicletas, relató los horrendos episodios que vivió en su carrera profesional por parte de directores, ayudantes y colegas.


Esto es lo que escribió:

Dedicado a la vestuarista que dejó tiradas fotos de mi cuerpo desnudo que, siendo una adolescente, me saqué por motus propio por pedido y para uso exclusivo del director y la directora de arte. A los colegas que las encontraron y en vez de avisarme o destruirlas las usaron para burlarse de mí. Al director que a mis 21 años puso en la casetera del motorhome el VHS del crudo de la escena en la que me bañaba, para que lo vieran todos. A los extras que aprovecharon una toma para manosearme entera. Al asistente de dirección que me pidió que no dijera nada porque necesitábamos seguir filmando. Al actor que le sugirió a la directora meterme "bien la mano" en mi sexo sin consultarme antes, y que me humilló delante del equipo técnico por haberme negado a acostarme con él, y a tantos otros a los que me enfrenté, negándome simplemente a hacer lo que no quería hacer, y que no era parte del pacto ni del proceso creativo.

Sepan que por cada uno que hizo o avaló alguna de estas actitudes cobardes y perversas, hubo muchísima gente que no lo hizo, que me escuchó, me ayudó y sostuvo mi postura digna evitando, muchas veces, males mayores. Esos se convirtieron en mis amigos, y hasta uno de ellos es el padre de mi hijo. Esas son las personas con las que decido compartir mi vida y mi intimidad. A ellos les agradezco y los abrazo una vez más. Por suerte, son la inmensa mayoría.

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