Ovación
Miércoles 29 de Junio de 2016

Una foto que recorrió el mundo: el santafesino que llevó a D10S en sus hombros

Hoy se cumplen 30 años del último título mundial conseguido por Argentina. Ahí estuvo el santafesino Roberto Cejas, nada más y nada menos, que sosteniendo a Maradona en la vuelta olímpica con la Copa del Mundo.

Hace 30 años, el 29 de junio de 1986, Roberto Cejas presenció como nadie, y en primerísima persona, la última gran alegría futbolística de la historia de la Selección Argentina, en el Mundial de México. Y además, se dio el gran gusto de su vida, algo que si hubiese planeado detalladamente, paso a paso, no habría podido lograr: dar la vuelta olímpica en el estadio Azteca con Diego Armando Maradona sobre sus hombros llevando la Copa del Mundo... una postal que recorrió el mundo entero.

Esa mágica foto que está guardada en la retina, en los recuerdos más emotivos y en el corazón de millones de argentinos, fue capturada por algún reportero gráfico, dio la vuelta al mundo y fue publicada en miles de periódicos de todo el planeta. Y aún hoy, con el crecimiento de internet y la proliferación de las redes sociales, continúa apreciándose con muchísima vigencia por todo el mapamundi. Y justamente en esa imagen está él, con su remera multicolor, con una cabellera oscura y con bigotes en su rostro, nada más y nada menos, que llevando al mejor jugador de toda la historia del fútbol con la Copa más preciada en el planeta fútbol.
El Mundial de México 1986 fue sin dudas la mejor Copa del Mundo de Diego Armando Maradona. El número 10 argentino era ya una estrella a nivel mundial, el más conocido futbolista del planeta, y toda la gente estaba esperando su magia en ese torneo. Lo que él hizo en el mundial mexicano fue algo increíble, que ningún argentino podrá olvidar, y que sin lugar a dudas, Roberto Cejas recordará por el resto de su vida.
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En una entrevista exclusiva con Diario UNO de Santa Fe, Roberto Cejas no dudó ni un segundo en relatar desbordado por la emoción, esta increíble historia que guardará para toda la vida en su memoria, y que con el correr del tiempo, lo definirá como un gran afortunado y como toda una leyenda en la ciudad de Santa Fe.
"Son esas cosas que uno hace sin pensar mucho. Este tipo de experiencias sólo ocurren, uno no las puede programar en lo más mínimo. Pensar que suceda algo así es imposible", comenzó el relato el santafesino Roberto Cejas.

Una broma

"Todo nació como una broma en el trabajo y se terminó haciendo realidad. Cuando Argentina le gana en semifinales 2 a 0 a Bélgica, me pedí unos días de vacaciones y salí de Santa Fe, rumbo a México. Todos me decían que estaba loco, pero no los escuché. Le pedí algo de plata a mi viejo y partí. Allá me estaban esperando unos amigos que trabajaban conmigo en la Lotería de Santa Fe".
"Cuando llegue a México no tenía entradas ni nada. Pero en esa época era todo muy distinto. Además, en México, vos podías arreglar cualquier cosa. El día de la final fuimos a la cancha, al imponente Estadio Azteca. Éramos siete y teníamos sólo cuatro entradas. Hablamos con uno de los boleteros de la cancha, le tiramos unos pesos y pasamos por los controles previos, medios escondidos. Una vez dentro de la cancha terminamos detrás del arco donde Argentina atacó en el primer tiempo y donde José Luis Brown convirtió el primer gol del partido de cabeza", narró emocionado el santafesino.
Según relata Roberto, mientras transcurría el partido final entre Argentina y Alemania, él ya estaba pensando en la posibilidad de ingresar a la cancha con sus amigos, idea que finalmente se terminó de decidir cuando llegó el pitazo final del árbitro que coronó a la Argentina con el segundo campeonato mundial de su historia.
"No era nada fácil entrar al campo de juego. Había una fosa de tres metros alrededor de toda la cancha con un alambrado en forma horizontal, cubriendo casi media fosa, con la particularidad, que en el fondo de la misma no había agua, sino que estaba lleno de policías con una especie de palos largos para impedir que nadie invada el terreno de juego", explicó Cejas.

Un salto monumental, histórico

"Mientras todos estaban tratando de ingresar al campo de juego por atrás del arco, para impedir que nos peguen o nos agarre la policía, con Gustavo Ripke (otro santafesino que logró entrar a la cancha) nos fuimos hacia el córner donde había menos cantidad de uniformados. Ahí pegamos un salto monumental y nos metimos en la cancha", recordó Roberto entre risas, haciendo la salvedad de que si ese año hubiera estado tan "gordito" como hoy en día, no habría logrado semejante hazaña.
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"Una vez dentro de la cancha, comencé a dar vueltas, a correr por todos lados, a saltar y abrazarme con todo el mundo. En ese momento los jugadores argentinos se estaban preparando para recibir la Copa en una especie de tribuna que estaba más arriba del terreno de juego. Como yo quería llamar la atención, con el objetivo de verme en el futuro en algún video o en alguna foto y poder reconocerme, me puse a saltar y a dar vueltas carneros en la mitad de la cancha con una peluca de argentina y con una bandera que le saqué a un mexicano, sin imaginarme que minutos después iba a tenerlo a Maradona en mis hombros".
"En esos tiempos no era como ahora, que todo el mundo entra a la cancha a saquear a los jugadores cuando festejan un campeonato. Éramos, a comparación de las invasiones que se ven hoy en el fútbol argentino, relativamente pocos y más respetuosos. O sea, que haber logrado ingresar al terreno de juego, ya significaba toda una hazaña".

Una vuelta olímpica diferente

"Una vez que los jugadores argentinos recibieron la Copa del Mundo, bajaron a la cancha a dar la vuelta olímpica. En ese momento buscamos con los muchachos que estaban ahí, hacer una ronda para que los jugadores festejen solos, porque la verdad que nadie creía en esa selección antes del Mundial y lo ganaron de punta a punta, pese a todos los pronósticos, de manera magistral", recordó Roberto.
"Una vez que llegamos al arco donde estábamos nosotros viendo el partido, observo que lo levantan a Pedro Pasculli. En ese instante que venía corriendo junto a un montón de personas, un jugador se frena delante mío. Ahí me doy cuenta que es Maradona, y como yo soy grandote físicamente, Diego me mira como pidiéndome por favor que lo levante. Es en ese momento que reacciono y meto mi cabeza entre sus piernas para levantarlo sobre mis hombros. En ese movimiento perdí la peluca que tenía en la cabeza, y por un momento, pensé en soltar a Maradona para volver a buscar la peluca. ¡Qué locura!"
"Con Maradona sobre los hombros, seguimos corriendo alrededor de la cancha, con periodistas y reporteros gráficos por todos lados y con un calor y una humedad que casi se podían tocar con las manos. Recuerdo que yo no veía prácticamente nada y Diego me manejaba con las piernas orientándome hacia dónde ir. Él me decía que vayamos a festejar al vestuario y yo le pedía que me regale la camiseta o el pantalón, pero me respondió que ya tenía todo prometido. Igualmente le podría haber sacado un botín o una media, pero yo no lo quise ofender con mi actitud", aseguró el santafesino.
"Cuando lo bajé, me volvió a invitar al vestuario a festejar con todos los jugadores, pero yo estaba exhausto por el gran esfuerzo físico y por el terrible calor que hacía. Al instante de bajarlo a Diego, me lo encuentro corriendo con el torso desnudo a Oscar Garré. Le pedí que me regale el pantalón y sin dudarlo se lo sacó y me lo dio. Tanto la ropa que tenía puesta ese día, como el pantalón que me regaló Garré, los guardé en algún cajón y nunca más los encontré", contó Roberto, angustiado y casi sin consuelo.

Un respeto sin igual

"Cuando terminó todo el festejo en el Estadio Azteca, nos encontramos con todos los chicos para seguir celebrando en las calles. Lo que me sorprendió y guardo como un lindo recuerdo, es el gran respeto de todos los mexicanos y alemanes que estaban en la cancha y en la calle, que nos veían festejar eufóricamente y sin descanso. Nos aplaudían todos parados en los cordones de las veredas. No sé si nosotros, como argentinos, hubiésemos hecho lo mismo", subrayó Roberto Cejas.

Una foto para el recuerdo

"Una anécdota graciosa, fue el día después de la final que ganó Argentina. En todos los diarios de México salió publicada la foto de Maradona alzando la Copa del Mundo sobre mis hombros. Me compré todos los diarios y me los traje para guardarlos".
"Todo lo que me pasó en el viaje fue una experiencia muy emocionante, por la espontaneidad con la que surgió todo, como una locura del momento. Estoy feliz de haber sido parte de una foto que dio la vuelta al mundo", finalizó el increíble relato emocionado y con lágrimas en los ojos Roberto Cejas, el santafesino que con el correr del tiempo se convirtió en una leyenda, que refleja la pasión del fútbol.