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Lunes 08 de Agosto de 2016

Una niña salvó a su hermano de la muerte

Un día sus padres estaban hablando sobre su hermanito Andrew y Tess, de 8 años, escuchó lo que decían que estaba muy enfermo y no tenían el dinero que necesitaban para los procedimientos médicos. Fue allí cunado decidió actuar ella misma.

La familia estaba planeando mudarse para un complejo bastante económico porque ya el padre no podía cubrir los gastos del alquiler y tampoco los del médico. Solo una operación muy costosa podría salvar al pequeño Andrew. Tess también estaba preocupada por su hermanito y escuchó a su padre hablando con alguien para ver si podía conseguir un préstamo, pero después de varios intento no lo consiguieron. El padre, quien tenía los ojos llenos de lágrimas, decía: "solo un milagro puede salvar la vida de nuestro hijo".

La niña fue a su habitación y sacó una pequeña alcancía que guardaba en su closet en la cual tenía algunas monedas. Después de contarlo, colocó todas las monedas de nuevo en su alcancía, la tapó y salió silenciosamente por la puerta de atrás de su casa. Tess camino seis cuadras para llegar a la farmacia más cercana. Después de entrar esperó pacientemente su turno. El farmacéutico perecía muy ocupado con un cliente y no le prestaba atención. Por último sacó una moneda de su alcancía y golpeó el mostrador.


¿Qué deseas? le preguntó el farmacéutico con un tono de voz muy desagradable. Y sin siquiera esperar una respuesta por parte de la niña le dijo: "no vez que estoy hablando con mi hermano que acaba de llegar de otro país y no lo había visto en años". Bueno, pues yo también quiero hablarle acerca de mi hermanito, le contestó Tess en el mismo tono de voz que le hablaba el farmacéutico. Mi hermanito está muy enfermo y quiero comprar un "milagro".


¿Qué dices? volvió a preguntar el farmacéutico a Tess. Mi hermano se llama Andrew y tiene algo que crece dentro de su cabeza y escuche que mi padre le dijo a mi mamá que solo un milagro lo puede salvar. Por eso quiero saber ¿Cuánto cuesta un milagro? Mira pequeña aquí no vendemos milagros. Lo siento pero no te puedo ayudar; le contestó el farmacéutico ahora en un tono de voz más dulce.


Mire señor, yo tengo el dinero para pagar y si no es suficiente, puedo conseguir el resto. ¿Solo dígame cuánto cuesta? El hermano del farmacéutico era un hombre elegante, se inclinó y le preguntó a la pequeña:


¿Qué tipo de milagro necesita tu hermanito?

No lo sé, contestó la pequeña Tess con los ojos a punto de estallar. Lo único que sé es que está muy enfermo y mi mamá dice que necesita una operación. Pero mi padre no tiene el dinero que se necesita para pagarla, así que yo quiero usar mi propio dinero.


¿Cuánto dinero tienes? le pregunto el hombre que había llegado de otro país.

Tengo un dólar con once centavos; contestó Tess con una voz que casi no se entendió. Ahora mismo es todo lo que tengo, pero si hace falta más puedo conseguirlo.


Pues mira que coincidencia, le dijo el hombre a Tess sonriendo. Un dólar con 11 centavos es justo el precio de un milagro para los hermanos menores. Tomó el dinero en una mano y con la otra agarró a Tess de su brazo y le dijo: Llévame a tu casa, quiero ver a tu hermanito y conocer a tus papás. Veamos si yo tengo el milagro que necesitas.


El hombre que fue a visitar a los padres de Tess, era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano especialista en neurocirugía. El doctor realizó la operación, la cual fue todo un éxito, no les cobró ningún tipo de cargo y el pequeño Andrew regreso a su casa en muy buen estado.


Los padres de Tess hablaban muy felices de las circunstancias que llevaron a ese doctor hasta su casa. Esa cirugía fue un verdadero "milagro" Me pregunto cuanto habría costado le dijo la madre de Tess a su esposo.


Tess sonrió, porque ella sabía exactamente cuánto costaba un milagro. Un dólar con 11 centavos más la fe de una pequeña.

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