Colón
Sábado 27 de Agosto de 2016

Uriel Cheyle, el pequeño que le dio batalla al cáncer y lo derrotó

Este nene de 6 años, de Centenario y fanático de Colón, enfrentó una dura enfermedad y hoy, tras una cirugía, tratamientos y un trasplante, está sano. Retomó la escuela y comenzó las prácticas de fútbol. "Lleva una vida normal como cualquier chico", dijo su mamá. Deberá hacerse controles por cinco años

Uriel Cheyle hoy tiene 6 años y su caso fue conocido en Santa Fe porque atravesó una dura enfermedad, le dio batalla al cáncer y lo venció. El 25 de mayo de 2014 le descubrieron un neuroblastoma alojado en la glándula suprarrenal de su riñón izquierdo. Desde entonces luchó incesantemente, y dos años y tres meses después el pequeño está curado. Ahora deberá hacerse controles durante cinco años, pero su vida es totalmente normal. Retomó la escuela y empezó a practicar fútbol en el club de sus amores: Colón. Su familia toma el caso como "un milagro" y agradecen a muchos santafesinos por las palabras de aliento que los ayudaron a transitar ese difícil momento.

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"Los últimos estudios dieron que no tiene la enfermedad, no hay registro de células cancerígenas y eso es un «golazo», pero no tiene el alta definitiva del médico sino que durante cinco años deberá hacer controles. El neuroblastoma es una enfermedad que va dejando residuos en el cuerpo y gracias a Dios en Uriel no pasó, estuvo arriba del riñón izquierdo y solo ahí se encontró el tumor", contó muy emocionada y feliz, María José Tochi, su mamá y anticipó que ahora deberán viajar en noviembre a Buenos Aires para hacer el próximo control.

Mientras tanto, Uriel "hace la vida de un nene normal", empezó la escuela –va a primer grado en la Nº 2 General Manuel Belgrano– y a practicar fútbol en el club del cual es hincha fanático desde que nació: Colón. "Por supuesto que siempre cuidándolo, es decir hace una vida normal pero siempre con la protección que se necesita. Anímicamente está fantástico", manifestó y esto lo fundamentó al contar que "cuando empezó a jugar a la pelota tenía unos nervios, una ansiedad, una emoción que se levantó para ir a la escuela feliz y cuando volvió se cambió y esperó desde el mediodía hasta las 4 de la tarde vestido, con los botines y la camiseta puestos, no aguantaba más".

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En la escuela es un ejemplo, no solo lo dice su familia sino su maestra. "Nos dijeron que es muy buen alumno, ya nos entregaron un boletín que es soñado, no solo está muy bien en cuanto a conocimientos porque siempre tuvo una maestra en casa, sino porque es buen compañero y se porta como corresponde, no es revoltoso", dijo Tochi.


De lo malo, lo bueno
Atrás quedaron las noches enteras sin dormir, las horas interminables de rezos y suplicas para enfrentar cada tratamiento, estudio, análisis o ingreso a quirófano de Uriel. Hoy todo es alegría, vivir intensamente cada momento y disfrutar las pequeñas cosas. Tal vez son frases hechas, pero es lo que asegura estar atravesando la familia Cheyle-Tochi. "Nuestras vidas dieron un vuelco, somos una familia muy unida y llena de amor. Hablando con Luis (papá de Uriel) le decía que me sentía feliz, plena, alegre y me daba miedo ese estado porque hacía mucho tiempo que no me sentía así porque siempre había un problema, algo que hacer, que terminar o empezar, siempre sucedía alguna cosa y ahora está todo tan bien, todo tan acomodado en la casa, en la familia, con los chicos, en la salud, en el trabajo, que nos cuesta creer. Es un momento muy hermoso, donde estamos disfrutando cada cosa", expresó emocionada María José.

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En este reacomodamiento de la familia, Luis retomó su trabajo –es empleado de una reconocida vidriería– y además junto con su hermano alquilaron una canchita de fútbol que luego arrendarán para torneos o amistosos. María José se ocupa de la casa y de los chicos –Ulises de 11, Uriel y Benjamín de casi 3–, además de la abuela de Luis que vive con ellos. "Ahora miramos la vida desde otro lado. No nos hacemos problema por nada o mejor dicho nos hacemos problema por lo que realmente vale la pena. Un ejemplo es que Benjamín el otro día estaba con un poco de fiebre y era porque tenía mocos y no era nada, tal vez antes hacíamos un mundo. Ahora sabemos cómo reaccionar, soy medio enfermera", dijo esta mamá con un tono jocoso.


Guiados por la fe
Hay un dicho que dice que "la fe mueve montañas" y para la familia Cheyle-Tochi es así. Eran creyentes, pero a partir de lo que le pasó a Uriel se aferraron más a la religión. "Hoy es un nene sano y por la fe que tenemos te puedo asegurar que va a seguir así por lo menos los cinco años que le restan de controles", expresó María José y en esta línea agregó: "La enfermedad se diagnosticó el 25 de mayo de 2014 y en dos años y algunos meses se hizo todo. Y esto también es gracias a Dios porque hay nenes que tenían lo mismo que Uri y todavía están haciendo tratamientos y peor aún, muchos no lo soportaron. Uriel es un milagro de Dios". Y luego aseveró: "Además como él enfrentó todo, como salió adelante, con la madurez que lo hizo y cómo respondió su cuerpo a una enfermedad tan dura, es un milagro, no hay otra explicación".

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En este camino transitado, tal vez no tan largo pero sí muy intenso, cosecharon muchos amigos, sobre todo en Buenos Aires. "Somos una gran familia. Muchos nos apoyaron en los momentos más difíciles y todavía hay nenes que la siguen luchando y ahora los apoyamos nosotros desde acá, dando fuerzas, acompañando, poniéndolos en oración", dijo María José y para finalizar envió un mensaje esperanzador: "Lo primordial es no caerse y que ellos (los niños) nos se caigan, si están contentos y sobre todo hay mucho amor todo es posible, porque el amor es la medicina más fuerte y potente".

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