Ovación
Miércoles 29 de Julio de 2015

Vale más que mil palabras

Este miércoles fue despedido por una multitud Diego Barisone. El cortejo fúnebre se detuvo en el Club Unión y luego se dirigió al cementerio Lar de Paz. 

Después de lo que fue el trágico día del 28 de julio con la desaparición física del exjugador de Unión, Diego Barisone, este miércoles por la mañana los restos del santafesino fueron despedidos por más de 2.000 personas en su paso por la sede del Club Atlético Unión. Y aunque en menor número luego una caravana siguió el cortejo fúnebre, que tuvo su destino en el cementerio Lar de Paz, en donde descansa el querido Bari.
Seguramente que hay imágenes que siguen pasando en la retina de todos aquellos que conocimos a Diego, momentos vividos, circunstancias fuera y dentro de una cancha de fútbol.
Muchas serán las vivencias que por estas horas contarán sus más íntimos allegados, aunque no se puede comparar con el desgarrador momento por el que pasa y seguirá, lamentablemente, viviendo la familia del pibe que tuvo su sueño de llegar a Primera División y que lo cumplió con el equipo que siempre amó. Con él, con el símbolo de una bandera que abrazó su última morada, en donde ya permanecerán unidos por todos los tiempos.
Las horas se sucedieron, las personas dieron su muestra de afecto apenas el vehículo que cargó al féretro se detuvo en la Avenida López y Planes, la misma que lo vio mirar hacia el cielo y querer abrazarlo cuando se consumó el ascenso a Primera División y teniéndolo a él como uno de los pilares de ese equipo que armó Leonardo Madelón.
Hubo una mezcla de sentimientos en donde es más que lógica referencia, ya que el 29 de julio no quedará como la fecha en donde alguna vez un grupo de jugadores Tatengues derrotaron en una final de ascenso a su archirrival Colón, sino que también ahora  quedará marcado como el último día en donde Bari pasó por su segunda casa, pero esta vez para decirle adiós a todos aquellos que lo conocieron desde muy chiquito.
Momentos emotivos
Apenas el acompañamiento detuvo su marcha, se vivió un silencio que pareció abrazar a toda esa zona que se tiñe diariamente de rojo y blanco y luego todas las personas se fundieron en un aplauso incomparable sin dejar de lado los gritos de aliento para toda la familia Barisone y el único grito total del “Y Diego no se va, y Diego no se va...”. Pero todo eso luego volvió a desencadenar en llantos generalizados, como el que vivió de una manera que impactó profundamente Mario Buccollini.
¿Y quién es Mario Buccollini? Se preguntarán algunos. Es el máximo referente del grupo de trabajos que componen la tan orgullosa e histórica Escuelita de Fútbol de Unión, la que este año cumplirá 20 años; la misma que, como ya se mencionó en varias oportunidades, es la que lo cobijó desde los cuatro años. Qué mejor forma de despedirlo que tuvo la entidad o los que hacen que el Tate lata que colocándole una bandera que tape y mantenga fundido al pibe de barrio Roma con los colores que tanto amo y defendió, dentro y fuera del campo de juego.
Una vez dijo Diego: “Yo defiendo los colores como jugador, pero sobre todas las cosas como hincha”. Siendo esta una de las tantas frases que dejó picando cuando todavía usaba la camiseta número dos de su Tate querido.
Justamente, otro instante de congoja fue cuando un grupo también de pibes de las inferiores dejó dentro del móvil flores, una cada uno homenajeando al que seguramente para muchos era el fiel reflejo de sacrificio y voluntad para cumplir el sueño de llegar a lo más alto del fútbol profesional. Porque aunque suene repetitivo, no son muchos los jugadores que mamaron la redonda desde tan pequeños y que nacieron deportivamente en la vieja y querida Escuelita: Nicolás Bruna, Sebastián Caballero, ahora Agustín Sandona y algún otro que en este momento que se está escapando ya que la memoria no hace una buena jugada ante tanta emoción.
Y, por último, uno de los instantes más emotivos fue cuando pasó el micro que desde el martes por la noche trasladó al plantel de Lanús, primero al velorio y luego al sitio en donde ya está Dieguito. Ese lugar en donde todos pensamos que vamos a llegar ya viejos, abuelos y con muchos años encima, pero que a este muchacho lo sorprendió tan joven y con tantas ganas de vivir.
Claudio Caplan / D. UNO

 

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