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Domingo 12 de Julio de 2015

VIDEO: dramático testimonio de joven conmovió al Papa y a miles en Paraguay

En su encuentro con los jóvenes de Paraguay, el Papa Francisco conoció y quedó conmovido por el testimonio de la joven Liz Pretes, que a sus 25 años cuida de su madre con Alzheimer y de su abuela.
En su mensaje al Santo Padre, frente a los cientos de miles de jóvenes que colmaron la Costanera de Asunción, Liz recordó que sus padres “se encuentran distanciados” y ella es hija única.
“Hace dos años, Dios tocó mi vida cuando mi mamá enfermó gravemente. Se le diagnosticó Alzheimer. Se volvió como una niña, piensa que yo soy su madre y ella es mi hija”, indicó.
En ese momento, recordó, “mi mundo se hizo pedazos”, pues su madre “era mi sostén, juntas luchábamos para salir adelante”.
Al señalar las dificultades que afrontó para sostener a su familia, con su abuela también en cama, Liz aseguró que “me suelo preguntar por qué será que no me mandó un hermano. Y el Señor me respondió que sí tengo hermanos, son mis amigos que me siguen apoyando”.
Además, indicó, “tengo un ángel, una tía, que me acompaña, muchas familias generosas que me ayudaron a que hoy sea una enfermera”.
“Yo no estaba preparada cuando comenzaron los problemas de salud de mi mamá, hasta que entendí que Dios me pidió que le devuelva a ella todo el bien que me hizo, que es cuidarle, amarle, protegerle, y tenerle mucha paciencia”.
Liz le dijo al Santo Padre que “mi mamá es un milagro en mi vida, pero me hace mucha falta. Juego con ella como con un niño. Le regalo golosinas, le cambio los pañales, le baño”,
La joven quiso ir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013, pero no pudo. Estaba ahorrando para ir a la JMJ de Cracovia, en 2016, “pero cuando vino la noticia de que (el Papa) vendría a Paraguay llorando le agradecí a Dios porque sé que se acordó de mí”.
La joven le aseguró a Francisco que con su visita a Paraguay “sanarán muchos corazones. El Paraguay necesita un amor sincero que solo se encuentra en Cristo, para seguir caminando, construyendo un nuevo país”.
El Santo Padre abrazó a Liz, y en el discurso que improvisó después –dejando de lado el que tenía preparado– aseguró que “con su vida nos enseña que no hay que ser como Poncio Pilato, lavarse las manos”.
“Liz podría haber tranquilamente puesto a su mamá en un asilo y a su abuela en otro asilo y vivir su vida de joven divirtiéndose, estudiando lo que quería. Y  Liz dijo no. La abuela, la mamá, y Liz se convirtió en sierva, en servidora, y si quieren más fuerte todavía, en sirvienta de la mamá y de la abuela, y lo hizo con cariño”.
Francisco destacó que “Liz no estaba sola. Ella dijo dos cosas que nos tienen que ayudar. Habló de un ángel, de  una tía que fue como un ángel y habló del encuentro con los amigos los fines de semana, con  la comunidad juvenil de evangelización,  del grupo juvenil que alimentaba su fe”.
“Y esos dos ángeles, esa tía que la custodiaba y ese grupo juvenil le daba más fuerza para seguir adelante. Y eso se llama solidaridad”.
El Papa subrayó que Liz “no dijo ‘bueno, hago estoy y nada más’. Ella estudió y es enfermera y para hacer todo eso la ayuda la solidaridad que recibió de ustedes del grupo de ustedes,  que recibió  de esa tía que era como un ángel, la ayudó a seguir adelante”.
“Liz cumple el cuarto mandamiento: ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’. Liz muestra su vida, su vida, la quema en el servicio a su madre. Es un grado altísimo de solidaridad, es un grado altísimo de amor, un  testimonio”, aseguró.

Fuente: ACIprensa

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