Miércoles 08 de Octubre de 2014
El término “colecho” se refiere a "sueño compartido", es decir, que un bebé o niño pequeño duerma en la misma habitación que sus padres o en la misma cama que ellos.
“Cuando hablamos de colecho tenemos que tener en cuenta que el mismo sea de una manera segura”, advierte la doctora Edith Veiga, psicóloga de la Fundación Hospitalaria.
En ese sentido, la experta enumeró las condiciones para una práctica segura del colecho:
-que los padres no tengan sueño pesado,
-que no fumen en la habitación o tomen medicación,
-que tengan equilibro personal y sensibilidad interpersonal.
-en cuanto a las condiciones de la cuna, no debe haber espacio entre ambas camas.
La especialista comentó que el colecho “es beneficioso para la madre si está amamantando y para el bebé al sentirla cerca, calentita, disponible, amorosa”.
Veiga también apuntó que el bebé necesita estar cerca de su madre los primeros meses de vida, para poder alimentarse, por el contacto piel a piel y por la regulación de los patrones de respiración del bebé con los de su madre.
“Según las recomendaciones de UNICEF, esta cercanía es un factor protector de la muerte súbita del lactante y es por esto que se recomienda que los bebés duerman en la misma habitación los primeros seis meses de vida”, remarcó la psicóloga.
En cuanto a los “aspectos negativos” del colecho, Veiga argumentó que todo depende de los acuerdos o desacuerdos en la pareja y con las personas convivientes (otros niños, por ejemplo). “Si la pareja no está de acuerdo, esto puede traer dificultades, al igual que si la situación de practicar el colecho se impone, sin tener en cuenta la comodidad de la familia o la intimidad que requiere la pareja”, enfatizó.
“Es importante que el cómo y cuándo sea una decisión meditada por la pareja, y hay que ser lo más consistentes y consecuentes posibles, aunque flexibles o sensibles a las características y necesidades del niño”, añadió.
En esa línea, la especialista de la Fundación Hospitalaria aclaró que a veces, lo mismo que es un aspecto positivo, en exceso, puede favorecer inseguridad o sobrestimulación, según el temperamento de cada niño y de los adultos que lo cuidan.
“Si esta situación llega a consulta psicológica, el psicólogo es quien puede evaluar y asesorar sobre la situación de riesgo, ponderar las variables en juego y la búsqueda que tiene la familia y el niño. La familia se verá beneficiada si trabaja un equipo interdisciplinario en el asesoramiento integrado”, opinó.
Momento clave
Respecto del momento de realizar el cambio, es decir el paso del niño de la cama o habitación de los padres a su propia cama o habitación, Veiga hizo hincapié en que la clave es que la pareja esté muy decidida.
“Deben considerar las posibilidades de cada familia para que sea posible sostener la decisión en el tiempo de una manera saludable. Todo el trabajo es sobre la motivación versus la imposición. En ese momento, las normas claras versus la arbitrariedad (ahora yo quiero, ahora no quiero) facilita esta transición”, sugirió.
Otro de los consejos de la especialista para atravesar esta transición es considerar con atención aquellas situaciones que pueden ser abusivas del poder que tienen los adultos sobre el niño, diferenciando las necesidades de los adultos de las necesidades de los niños.
“Es decir, que el niño no ocupe el lugar de quien brinda caricias y cercanía por déficits del adulto, que no lo puede encontrar en otro vínculo recíproco y simétrico”, precisó.
Técnica
Hay niños que se duermen solos, otros que necesitan más contacto, otros que demoran más en conciliar el sueño, pero todos necesitan dormir una buena cantidad de horas.
“Es bueno acompañar este proceso de diferentes maneras y según las necesidades de cada bebé y familia: acunar, cantar, acariciar y comprender que este proceso de conciliar el sueño, en cada bebé o niño es diferente. Es importante que cada familia encuentre sus propios modos, no hay recetas mágicas, sino probar qué es lo funcional para cada familia”, señaló Veiga.
No obstante, la experta brindó algunas recomendaciones que pueden ayudar a concretar el cambio para que los niños de entre seis meses y dos años de edad duerman en su cama:
- El establecimiento de rutinas previas, como el baño, las canciones o los cuentos. La rutina es importante porque contiene y organiza.
-El armado del espacio con la temperatura, la iluminación y hasta la compañía necesaria para ir conciliando el sueño.
-Si el bebe o niño se despierta, acompañarlo en el mismo escenario y en las mismas condiciones conocidas por él, favorecerá el proceso de retomar el sueño.
-Utilización de “objetos transicionales” (peluches, almohadas, entre otros), canciones, relatos con cadencia, cuentos con redundancia.
Al elegir el cuento hay que tener en cuenta:
* Que el texto debe ser breve y claro para que el niño mantenga el interés en la historia.
* Una buena historia invita a la participación del niño, a que se identifique con los personajes o las situaciones planteadas.
* Un libro que juegue con el lenguaje, que tenga repeticiones sencillas, rimas, onomatopeyas o palabras sonoras, capta la atención del pequeño y ayuda al ensimismamiento necesario previo al dormir.
Para concluir, la experta subrayó: “El colecho es un proceso aconsejable y que debe finalizar con la adaptación del niño a su cama o cuarto”.