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Jueves 15 de Febrero de 2018

Diseñadores top revelan sus secretos de la alta costura

Este particular negocio también ha sido afectado por el aumento del dólar. Sus creaciones demandan entre 3 y 6 meses.

Son artesanos, verdaderos artífices de creaciones que requieren entre tres y seis meses de trabajo para estar finalizadas. Ninguna es igual a la otra, cada una tiene su propia personalidad y se ajusta al detalle a la persona que lo usará. La alta costura tiene varios representantes que se destacan en el mundo de la moda, aunque entre ellos afirman que son pocos los que hacen este tipo de prendas en el país. Los altos costos por la suba del dólar, el mercado superpremium y la coyuntura económica son algunas de las barreras que los diseñadores de haute couture mencionan cómo las más difíciles de sobrellevar en una época en la que todos buscan ponerse creativos para sortear los problemas.

El diario El Cronista dialogó con las figuras del sector para conocer cómo está el negocio, la rentabilidad de montar un desfile-show y qué cartas tienen bajo la manga para poder mantenerse en pie.

"La alta costura está muerta, no existe", aseguró recientemente la reconocida diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada. En cambio, los argentinos, aunque tienen ciertas críticas para hacerle a la industria, no se animan todavía a firmar el acta de defunción. "Siempre va a haber mercado, aunque obviamente cada vez se va achicando porque la gente que puede adquirir vestidos de este costo, con la crisis de nuestro país, es menor. Sigue siendo rentable, el día que deje de serlo busco otra cosa", afirma Claudio Cosano. Hoy, adquirir un vestido de alta costura de un diseñador top en el país tiene un costo aproximado de $35.000.

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En Europa, un diseño original de una de las casas top tiene un precio mínimo de 9.000 euros, según Vogue. Para Gabriel Lage, el sector nacional "va tomando un vuelo fuerte", ya que, de acuerdo a su visión, en la Argentina se pueden lograr productos con la misma calidad europea a un costo menor.

De la vereda de enfrente se encuentra el diseñador Roberto Piazza. "Con la situación actual podés vender pero no podés vivir y crecer sólo de la alta costura. Esta es la locomotora para luego tener muchas cosas detrás", señala.

Los negocios paralelos a la alta moda se convirtieron en una bocanada de aire fresco para muchos que veían que la industria argentina se encontraba en un cuello de botella. En 1992, Piazza creó su propia escuela de diseño, que actualmente cuenta con 26 sedes, y se adentró en el mundo de las licencias – accesorios, lentes, zapatos.

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El prêt-à-porter (listo para llevar, en francés) se transformó en un comodín con garantía de ventas, aunque no por eso significaba una inversión barata. Estas son prendas producidas en serie, en las antípodas del haute couture. "Hace seis u ocho años me di cuenta que la alta costura no estaba representando a la mujer de hoy, me parecía que lo más urbano era lo que se necesitaba. Las marcas de alta costura con lo que más facturan es con los perfumes, cosméticos, prêt-à-porter", expresa Benito Fernández, desde su boutique en Palermo. El diseñador tiene tres locales de su marca Benito, además de una veintena de multimarcas en el interior del país.

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Lage, que abrazó la profesión gracias a las enseñanzas de su padre, que era un sastre español, afirma que tiene entre sus planes un desembarco en el prêt-à-porter, aunque mantiene sus reservas. "Tenemos ganas pero necesitamos importar y deberíamos ampliarnos mucho para poder hacerlo", menciona. Hoy, la prioridad número uno del encargado de vestir a Juliana Awada durante la primera visita de Barack Obama al país es su expansión a España.

"En la Argentina no tenemos muchas red carpets ni muchos cócteles importantes. ¿A dónde va una mujer con uno de estos vestidos? ¿A tomar el té con amigas? En Madrid vestimos a seis o siete estrellas para diferentes festivales en solo tres meses", explica.

Europa es el epicentro de la moda a nivel mundial, siendo París su capital por excelencia. La ciudad francesa es muy celosa con respecto a la alta costura y estableció en 1945, a través de la Cámara Sindical de la Alta Costura, los parámetros para identificar, sin lugar para las equivocaciones, a la casas que representan este tipo de producciones. En nuestro país, eso no existe.

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Moda de alto nivel en la pasarela de Silkey.<br>
Moda de alto nivel en la pasarela de Silkey.

El cambio de concepto en los desfiles
Los desfiles resultan una parte innegable del negocio. No solo son el elemento que le aporta show al business sino que aún resulta una de las vidrieras más importantes para las colecciones. Sin embargo, organizar uno con todo el lujo y pompa también acarrea grandes costos.

Organizar un desfile en un hotel de categoría representa un gasto mínimo de $1 millón. Esto incluye la parte técnica –luz, pasarela, sillas, folletería, etc. – y el cachet de las mannequin –se necesitan mínimo 20 por desfile y cobran un promedio de $5.000 cada una. A esto hay que agregarle unos $500.000 de la colección de vestidos, más los gastos de peluquería, maquillaje y accesorios.

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Azul y rojo. Colores insignia de la colección de Prabal Gurung.
Azul y rojo. Colores insignia de la colección de Prabal Gurung.

"Hacer un desfile es muy caro, aunque salís ganando a largo plazo. En el momento es fuerte hacerlo, pero a lo largo del año se recupera", afirma Gabriel Lage. Los auspiciantes se vuelven un jugador fundamental para poder sostener estos eventos. Las marcas ligadas al mundo de la belleza se convierten en sponsors y asumen una gran parte del peso económico.

"Antes eran redituables porque era la manera de ganar espacios publicitarios que si no eran muy difíciles de lograr", recuerda Benito Fernández. Mientras que Roberto Piazza los ve como una obligación para los que están en el negocio, Claudio Cosano los define como "una inversión que cuesta mucho recuperar". ¿La razón? Los talles. "Al ser vestidos de alta costura, si no lo hacés perfecto para la modelo en la pasarela no se luce, entonces los vestidos para desfile son para un espárrago. Es más pérdida que ganancia", afirma.

Exclusividad
Requisitos del término. El diseñador Claudio Cosano enumeró las características necesarias para poder llevar la bandera de la alta costura. "Hay que tener un taller propio donde se hace todo totalmente a mano, donde cada clienta prueba hasta cuatro veces su vestido porque se le hace en el propio cuerpo y cada prenda es única", aclaró.

Fuente: El Cronista