“Ahora todo me chupa un hue...”

Julieta Diaz: cine, TV, pero sobre todo, embarazo. En el cine es una mujer golpeada, mientras que en la pantalla chica interpreta a una psicóloga. Los entretelones de la filmación y cómo la relajó el embarazo.

Martes 04 de Noviembre de 2014

Batallar contra el cansancio debe ser difícil, más a los ocho meses de embarazo, en un año en el que no se ha parado de trabajar. Allí, sentada en la cocina de su casa, Julieta Díaz parece poseedora del secreto para lograr la alquimia entre ese agotamiento –que se le ve clarito en los ojos, o en los pasitos que da hacia la heladera– y la felicidad.

“Es un año muy movido, es como que hice todo junto y hasta de más por los meses que voy a estar fuera del ruedo”, admite en diálogo con Veintitrés la actriz que esta semana estrena Refugiado, un thriller dirigido por Diego Lerman en el que cuenta la historia de una mujer embarazada víctima de violencia de género, que escapa de casa con su hijo de ocho años.

“En la vida todo tiene solución, excepto la muerte”, le enseña Laura –su personaje– al niño interpretado por Sebastián Molinero, que difícilmente comprende la razón de fugarse abandonando sus juguetes y la rutina. “Volver a ver la película, ahora que estoy embarazada, es muy fuerte. Supongo que estoy mucho más conectada con la intuición, con las sensaciones y el instinto materno”, comenta.

–¿Hay un sentimiento de “responsabilidad social” al aceptar personajes como este?

–Lo que sentí fue una responsabilidad. Primero artística, porque respeto mucho el trabajo de Diego, pero también una responsabilidad social, moral, emocional y de género con estas mujeres. La que cuento con mi personaje es una de tantas historias de mujeres víctimas y sobrevivientes de hechos de violencia doméstica. Esa responsabilidad se vio reflejada en el trabajo previo, en cómo nos preparamos para eso.

–¿Hacer un drama exige más al actor que una comedia?

–El drama requiere mucha entrega emocional. Hacer esta película demandó mucho trabajo personal, primero con Diego, después con el nene que compone a mi hijo para que el vinculo sea creíble. Además hablé en grupos e individualmente con muchas mujeres que fueron víctimas de violencia de género. Fue muy fuerte, pero me sirvió un montón.

–¿Es un riesgo apostar a un thriller cuando las más elegidas son las comedias?

–No lo veo así. La película fue bien recibida en Cannes, San Sebastián, Biarritz, en el Festival de Chicago. Ganamos algunos premios y eso vale mucho. Creo que el éxito lo acompaña el boca en boca, y eso se verá el jueves.

–¿La película puede servir para abrir los ojos sobre este tema?

–Nunca acepto trabajos con los que no concuerde ideológicamente, aunque los proyectos los elijo por lo artístico. En este caso, el hecho artístico se conjugó con la denuncia social. Sentí una responsabilidad social al hacer esta película. Siempre uno espera que lo que se ve en pantalla aporte a la sociedad.

–Hitchcock decía: “Nunca se te ocurra hacer una película con animales, ni con niños”. ¿Cómo fue tu experiencia con Sebastián?

–Fue muy buena, aunque es verdad que no se puede hacer un plan de filmación rígido. Soy una persona que empatiza con el otro y eso me lleva a querer cuidarlo, soy muy maricona en eso. Por eso con Sebas la relación que tuvimos nos salió bastante naturalmente. Toda la cosa física de tocarle el pelo, acariciarlo, o sus caricias, fueron surgiendo sobre la marcha.

–Entonces, ¿esta ingobernabilidad infantil sirvió?

–Fue un desafío, porque hubo días en los que repetimos la escena catorce veces, y si yo me cansaba, imaginate él. Uno no le podía decir: “No te desconcentres porque estoy haciendo una escena que me cuesta un huevo y medio”, es un nene de 8 años. Por momentos era muy complicado porque el compromiso emocional tenía que sostenerse pero cuando yo filmaba una escena y él sabía que no estaba en plano me hacía caras. Para mí era terrible, pero son las travesuras normales de un nene, que a la vez era muy maduro.

Desde que está en la panza, su hija –a la que todavía no le definió un nombre– la acompañó en un largo derrotero laboral. Además de viajar a los principales festivales del mundo presentando la película de Lerman, Díaz grabó dos programas para la TV Pública y presentó otro en 360TV, donde entrevista a grandes actores argentinos. “Algunos amigos me cargan y dicen que ahora soy periodista”, dice a carcajadas.

–¿Estás probando ese rol?

–¡No! Detrás del personaje lo grabamos hace dos años, era una suerte de registro de SAGAI (Sociedad Argentina de Gestión e Intérpretes). Fue un rol circunstancial y me sentí muy cómoda, pero no me siento periodista. La idea era mostrar a esos actores, una suerte de búsqueda en el ADN que nos identifica como artistas. Son charlas muy ricas.

–Has hecho personajes muy diferentes. ¿Para trabajar mucho hay que ser versátil?

–Creo que soy una sobreadaptada. Me acomodo fácil, es muy complicado que me sienta mal en un lugar. Artísticamente, estéticamente, personalmente, agradezco la versatilidad que no tiene que ver sólo con mi capacidad de adaptación, sino además con que se me dieron proyectos diferentes. Hoy soy una psicóloga, mañana una mujer golpeada, ayer fui Morticia o Tita Merello. Me gusta todo, soy voraz para elegir proyectos.

–Sos vocal de SAGAI hace tiempo. ¿Creés que ahora hay más conciencia sobre la noción de colectivo artístico?

–La ley del intérprete existe hace décadas, la creó Roberto Noble, y muchos compañeros desde el sindicato pelearon por que alguien la hiciera valer. Nunca ningún gobierno había aceptado respaldarnos en esa lucha. Yo me sumé a esa pelea y en el transcurso el gobierno de Néstor Kirchner nos respaldó. Ahora los mayores y las actrices embarazadas reciben subsidios, hay programas para generar teatro. En ese sentido es difícil que no seamos cada vez más los que creemos en formar un colectivo.

–¿Cómo fue sentarte en el sillón de Norma Aleandro en la tercera temporada de En terapia?

–¡Fue otro desafío! Más que emocional, intelectual. Es un programa muy probado al que se le pide siempre un poco más. Tuve que meterme en un personaje muy intelectual, una psicóloga que lo intelectualiza todo. Encima estaba de cinco meses cuando grabamos, y aunque tengo muy buena memoria, me costaba mucho la letra. Igual, cuando estábamos en Cannes, estaba de tres meses y me pasó lo mismo, era el sueño del pibe estar ahí, pero lo único que quería era dormir.

–¿Te relajó mucho el embarazo?

–El otro día unos amigos me decían que en el programa de Mirtha Legrand me vieron muy relajada, comía como si estuviera en el living de mi casa. Yo soy un poco así, pero desde que estoy embarazada todo me chupa un huevo.

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