La columna para la tercera edad
Domingo 29 de Octubre de 2017

El acompañamiento en el final de la vida

Los cuidados paliativos en la vejez son una necesaria forma de intervención que se dirige a sostener y restaurar, en la medida de lo posible, la calidad de vida de los adultos mayores y su familia.

LAILA TOMAS.jpg

Según la Organización Mundial de la Salud, los cuidados paliativos son un modo de abordar la enfermedad avanzada e incurable que tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de los pacientes –padecientes- de una enfermedad, así como de su familia, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento a través de un diagnóstico precoz, una evaluación adecuada y el oportuno tratamiento del dolor y de otros problemas tantos físicos como psicosociales y espirituales.

Es ante la irreversibilidad de la enfermedad y la consecuente muerte venidera, que surge la administración de estos cuidados, tomando principios y valores de atención que buscan priorizar y respetar la identidad, la historia personal, la autodeterminación y la dignidad.

Lourdes Rexach, quien es la directora del grupo de trabajo de Cuidados Paliativos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, plantea sabiamente que los cuidados paliativos son una filosofía donde lo básico no es la curación sino el alivio sintomático y la prevención de posibles complicaciones de la enfermedad, el mantenimiento del confort y la atención a la familia en el proceso final del duelo. Con esto se quiere resaltar la intención de otorgar paz y tranquilidad, a un proceso que de por sí conlleva angustia y desesperanza, donde no sólo existe un ser humano que carga la espada de Damocles sobre sí, sino que lo rodea una familia que sufre a la par, además de sentir la impotencia que genera la situación y sus complicaciones.

La vejez, como última etapa de la vida, conlleva características propias respecto a los cuidados Paliativos, además aquellas comunes a otros momentos del ciclo vital, entre ellas, podemos nombrar: es un abordaje interdiciplinario y centrado en la persona, aplica técnicas y estrategias para el sostenimiento de la independencia funcional, proporciona alivio del dolor, control sintomático y medidas de confort, trabaja junto a la familia y a los cuidadores de los pacientes, e incluye medidas para prevenir complicaciones propias de la edad (rotación de caderas, úlceras, escaras, caídas, deformidades, síndrome de inmovilización, entre otros).

Para intentar y poder garantizar el bienestar psicológico y social del adulto mayor y su entorno, es de vital importancia que se incorpore a la familia y al cuidador en el tratamiento. Ellos mimos con su colaboración desempeñan numerosos desafíos en el proceso de acompañamiento, como son la mantención del funcionamiento del hogar con la mayor normalidad posible, el desarrollo de una buena comunicación con el enfermo, la aceptación de los síntomas del paciente y su creciente debilidad y dependencia, la satisfacción de las necesidades físicas y emocionales del paciente, la redistribución de las funciones del enfermo, la aceptación de apoyos para cuidarle. También, la facilitación de la actuación del equipo y del voluntariado profesional y la ayuda al enfermo a dejar las cosas en orden y a despedirse.

Desde el equipo médico, o profesional que acompaña a la familia y el paciente, en caso que se presienta que la muerte está cercana, desde los cuidados paliativos, se aconseja a la familia que esté presente en esos momentos. Seguramente todos recordamos con rabia y dolor no haber estado en esos momentos finales y no haber sido llamados a tiempo. Por esos motivos es importante facilitarle al círculo íntimo que permanezcan a su lado todo el tiempo que deseen. La familia sabe que es un tiempo precioso que tiene que aprovecharlo al máximo.

Asimismo, una vez dado el deceso, es importante dejar una ventana abierta para la comunicación posterior con la familia, debido a que en esta etapa, suelen ser necesarias, quizás más que nunca, unas manos amigas y un gran apoyo humano hasta poder reiniciar las actividades normales.

Como decía Miguel de Unamuno,"el mundo no necesita de más luz sino de cordialidad. No nos mata la obscuridad, sino la indiferencia". En la fase terminal y el duelo, la necesidad de cordialidad que tiene la familia es mayor que nunca, por lo que el afecto y preocupación que se les demuestre son dos de las formas más humanas que existen para contribuir a su autoestima y hacer más llevadera su aflicción, a través del acompañamiento, en la fase final de la vida.