Domingo 12 de Diciembre de 2021
Colón terminó rifando el Clásico. El equipo en ningún momento estuvo en partido, en nada se pareció al que fue campeón hace seis meses y que juega esta clase de partidos con un plus. Si algo distinguió al Sabalero bajo la conducción de Eduardo Domínguez, fue la personalidad y el temperamento en los encuentros determinantes.
Y está claro que un Clásico siempre es un partido importantísimo más allá del contexto. Si bien es cierto que Colón en una semana juega una final ante River, tampoco podía darse el lujo de regalar el partido ante Unión. Sin embargo, fue lo que terminó haciendo a lo largo de los 90'.
Fue llamativa la falta de actitud y de amor propio para intentar revertir una historia que de arranque asomaba muy complicada. Colón disputó el Clásico como un amistoso de pretemporada y en algunos pasajes como si fuera una práctica. De ninguna manera, puede existir tamaña diferencia entre un equipo y otro.
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Por otra parte, Colón llegaba a este Clásico luego de golear a Atlético Tucumán y sin ninguna responsabilidad. Hasta tenía el plus de ganar o empatar y dejar afuera a Unión de la Copa Sudamericana. Lo que podía significar un estímulo a la hora de pisar el campo de juego.
Pero no hay dudas de que Colón estuvo físicamente en el 15 de Abril, pero no mentalmente ni tampoco espiritualmente. La cabeza y el corazón del Sabalero estuvo en otro lado. No pudo sacarse de encima el partido con River y jugó todo el tiempo condicionado por eso.
Era evidente que los jugadores no querían arriesgar, por ello perdieron todas las divididas. Unión se impuso en todos los sectores de la cancha y Colón fue dominado psicológicamente. Ni siquiera afloró la rebeldía para meter al rival adentro de un arco.
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Colón perdió el Clásico 3-0 casi sin patear al arco y tan solo cometió 10 infracciones. Fue tal la apatía que salvo Burián, que mostró su enojo, no hubo reproches dentro del partido, como para intentar dar vuelta la historia. Daba la sensación de que apenas comenzó el partido, Colón ya quería que termine.
Lo jugó de compromiso y se notó mucho. Y así le fue, porque enfrente tuvo un rival que salió con los dientes apretados como se debe hacer en esta clase de partidos. Hasta el propio Eduardo Domínguez asomó confundido y falto de reacción a lo largo de todo el encuentro. Metió el tercer y cuarto cambio recién a los 29' del segundo tiempo.
Sin dudas que para Colón el gran objetivo de este semestre es la final ante River y es obvio que así sea. El Sabalero en un año histórico tiene la chance de lograr su segundo título y era lógico que se desviara un poco la atención. Pero no de la forma tan evidente que lo hizo, siendo goleado y por momentos vapuleado por su histórico rival.
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Seguramente que si Colón le gana a River, este Clásico para los hinchas terminará siendo una anécdota. Caso contrario se terminará potenciando. Pero más allá de lo que suceda en Santiago del Estero, el Sabalero no puede permitirse dejar esa imagen en un partido tan importante.
Obviamente que se puede perder un Clásico, pero lo cuestionable son las formas. Con una actitud distinta, el análisis hubiese sido otro. A estos jugadores que entraron en la historia de Colón no se les podrá reprochar nada, pero por 90' estuvieron en deuda con los hinchas.