Martes 12 de Julio de 2022
La salida de Julio César Falcioni descomprimió el ambiente. El extécnico de Colón fue muy cuestionado a lo largo de su estadía en Santa Fe y el punto cúlmine fue la eliminación en la Copa Libertadores luego de perder con Talleres. Por ello la presencia de Adrián Marini en el banco generó mayor calma en la previa al choque con Vélez.
Los hinchas que fueron al Brigadier López, lo hicieron predispuestos a alentar y no cuestionar. Y en eso mucho tuvo que ver con que ya no estaba Falcioni. Pero además, colaboraron y mucho los jugadores, que sin dudas mostraron una actitud diferente a la que evidenciaron contra Talleres.
El fútbol es un estado de ánimo y lo psicológico juega un papel fundamental. Con un par de entrenamientos está claro que Chupete Marini no puede hacer magia y que en todo caso apeló a la lógica. Dispuso un esquema táctico con cuatro defensores y el tridente ofensivo compuesto por: Facundo Farías, Luis Rodríguez y Ramón Ábila.
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Habrá que mencionar que los tres futbolistas ya habían estado desde el arranque en el cotejo por Copa Argentina ante Patronato. Pero ese día, Colón jugó muy mal y quedó eliminado ante el Patrón, con el Pulga errando un penal, Farías saliendo enojado y con Wanchope (hizo el gol) errando el último penal en la definición desde los 12 pasos.
En ese partido, Falcioni puso el equipo de gala, lo mejor que tenía, sin embargo el rendimiento y la actitud del equipo no estuvo a la altura de las circunstancias. Es indudable que el plantel no estaba cómodo con la propuesta del Emperador y eso se notaba dentro del campo de juego.
Los futbolistas estaban acostumbrados a otra forma de conducción con Eduardo Domínguez y obviamente que también una propuesta de juego muy distinta. Y se sabe que cuando el futbolista está comprometido con un DT, siempre entrega un plus y el compromiso es mayor.
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Lo cierto es que ante Vélez, Colón salió a jugar una final, con dientes apretados, luchando todas las divididas y con el cuchillo entre los dientes. Se observó una entrega total por parte de los jugadores que se bancaron además casi 40' con un hombre menos por la expulsión de Farías.
Superaron a un rival que venía de eliminar a River en la Copa Libertadores y más allá del resultado, se impusieron en la actitud. No quedan dudas que los jugadores siempre salen a ganar, pero a veces cuando no están cómodos o no se sienten identificados con el técnico o la propuesta de juego, de manera inconsciente la predisposición es distinta.
Y eso es lo que se observó en el partido contra Vélez. Porque la actitud fue muy diferente al partido contra Talleres, que era una verdadera final. Ese día, Colón no jugó como si fuera una final, siendo superado en todos los aspectos por un rival que sí entendió cómo debía jugarse esa instancia.
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Muchos se habrán ido del Brigadier López pensando en el tiempo perdido. Y también en que si el equipo hubiese jugado como lo hizo ante Vélez, seguramente contra Talleres el resultado hubiese sido otro. En buena parte por responsabilidad de Falcioni, pero también de los futbolistas.
La historia dirá que Colón jugó ante Vélez una final y que no lo hizo contra Talleres, que precisamente revestía carácter de final. Y eso seguramente se estarán lamentado los jugadores, que de haber jugado con la postura que lo hicieron ante el Fortín, quizás hoy estarían en cuartos de final de la Libertadores.
La sensación es la de haber dejado pasar una oportunidad inmejorable. Y más teniendo en cuenta que si Colón se metía en cuartos de final, justamente enfrentaría a Vélez. La respuesta futbolística llegó a destiempo y Colón jugó una final, cinco días después de lo que debía hacerlo, no obstante siempre es mejor tarde que nunca.