Colón

Eduardo Domínguez, el verdadero hacedor de la gloria eterna

En un año, Eduardo Domínguez transformó a Colón, asumió en medio de una crisis profunda y acechado por el descenso y lo condujo sin escalas a la gloria eterna

Sábado 05 de Junio de 2021

Habitualmente se menciona que el fútbol es de los jugadores y parece lógico, dado que son los protagonistas que terminan resolviendo dentro del campo de juego. Pero con el correr de los años el rol de los entrenadores fue influyendo cada vez más en los equipos. Y en muchos casos, terminaron siendo tan o más importante que los jugadores. Y el claro ejemplo de ello, es lo sucedido con Eduardo Domínguez y Colón.

El técnico volvió al Sabalero con el objetivo primario de salvarlo del descenso. Tomó un plantel desahuciado, que venía de perder una final de la Copa Sudamericana y que estaba en caída libre. En ese inicio del 2020, el Rojinegro había empatado un solo partido y había perdido todos los demás, entrando en zona de descenso.

Un equipo sin respuestas anímicas ni futbolísticas, jugadores que se querían ir no soportando la frustración de lo sucedido en Paraguay. Pero Domínguez le dio paz al club y al vestuario, resultó ser un bálsamo en medio de la tormenta que presagiaba el naufragio.

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De a poco fue acomodando las piezas, a mediados del año pasado se fueron 10 futbolistas y apenas llegaron dos como Gonzalo Piovi y Yeiler Góez. Se adaptó a las reglas del mercado en pandemia, achicando el plantel. Pese a eso hizo una muy buena primera fase de la Copa Diego Maradona. Y clasificó a la Fase Campeonato.

Allí tuvo un comienzo errático y eso lo privó de pelear por el título. Sin embargo, el equipo comenzaba a evidenciar una recuperación futbolística y a entregar buenos indicios. Y en este inicio del 2021, pidió reforzar el plantel con pocos, pero nombres puntuales, acertando con todos ellos.

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Pidió por Paolo Goltz y Alexis Castro quienes fueron figuras. Hizo debutar a Facundo Garcés, de notable rendimiento y también a Eric Meza. Vino Facundo Mura que jugó poco, pero que hizo un partidazo en la final y otro buen partido ante Independiente. Y Ferreyra sumó pocos minutos pero cuando lo hizo demostró todas sus condiciones.

Además solicitó la vuelta de Nicolás Leguizamón, quien fue muy importante en las primeras fechas del torneo y que en la final después de dos meses sin jugar, metió una asistencia genial para el gol de Christian Bernardi. Jugó 14 partidos con un esquema y en las semifinal y en la final lo modificó.

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Mostró un enorme pragmatismo para adaptarse a lo que tenía. A lo largo del torneo sufrió muchas bajas por distintas circunstancias, pero siempre supo resolver las adversidades que se le planteaban. En un momento el equipo sufrió un bajón como era lógico, pero rápidamente lo acomodó.

Colón tuvo lo más importante que se le pide a un equipo: identidad, ganando o perdiendo, las formas no se alteraron. Y es allí donde el jugador termina creyendo en el entrenador. Precisamente cuando el DT le brinda las herramientas necesarias para jugar de una manera determinada y arropar al futbolista para que desarrolle de la mejor forma sus prestaciones.

Las cosas claras, el profesionalismo, el respeto, la autoridad y otras tantas cosas que se pudieron observar por parte de Domínguez hacia el resto del plantel a lo largo de este proceso que culmina con un título. No hay dudas, que nada de esto se hubiese conseguido, sin la mano del entrenador.

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De hecho, con muchos de estos jugadores, Colón peleaba el descenso y en poco tiempo fue campeón. Y eso se explica a través de la vuelta de Domínguez. El técnico transformó un equipo perdedor en otro ganador. El cambio fue notable y más allá de las virtudes de los muy buenos jugadores que tiene Colón, el primer responsable de la metamorfosis fue el DT.

Colón comenzó a creer a partir de la vuelta de Domínguez. La mayoría de los hinchas pensaba que nunca más tendrían la chance de jugar una final. Pero el primero que creyó en esa posibilidad fue el técnico. Le cambió la cabeza a Colón, se hizo cargo de muchas cosas, que en el primer ciclo no pudo.

Retornó fortalecido y con otro poder de decisiones. El presidente José Vignatti lo empezó a escuchar mucho más y eso generó una relación más fluida. Sin un secretario técnico, Domínguez tuvo mayor preponderancia en las decisiones deportivas. Tomó el control del fútbol y la apuesta fue un éxito.

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Eduardo Domínguez le cambió la cabeza al plantel que pasó de pelear para no descender a ser campeón por primera vez en su historia.

Eduardo Domínguez le cambió la cabeza al plantel que pasó de pelear para no descender a ser campeón por primera vez en su historia.

Y en la semifinal y final, impuso las condiciones. Lo hizo jugar a Colón como un equipo grande, sin complejos. Le ganó la batalla táctica a Julio César Falcioni y a Juan Antonio Pizzi. Los dos partidos se jugaron como lo pensó Domínguez y los resultados están a la vista.

Fue el verdadero estratega de esta gesta histórica y en consecuencia se convirtió en el DT más importante en la historia de Colón. Les propuso a sus jugadores el sueño de creer y lo acompañaron. Con sabiduría y paciencia armó las piezas de un rompecabezas que nadie podía resolver y después de 116 años de vida fue el hacedor del Colón campéon y de la gloria eterna.

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