El miércoles de la semana pasada luego del amistoso que Colón jugó ante Newell's en el predio de Bella Vista (Rosario) se encendieron las alarmas. Y no era para menos, ya que el goleador Javier Correa había salido del partido con una molestia en el aductor derecho. Sintió un tirón y por eso decidió abandonar el campo de juego para no agravar la molestia.

Por la noche el delantero cordobés se sometió a una resonancia magnética y allí se conoció el diagnóstico que generó preocupación en todo el mundo sabalero. El mismo indicaba una lesión de grado 1 del aductor largo del muslo derecho. En consecuencia se trataba de una pequeña ruptura fibrilar.

Desde ese momento el goleador comenzó a realizar fisiokinesioterapia y trabajos diferenciados confiado en que sería de la partida. Habitualmente ese tipo de lesiones tiene un plazo de recuperación entre siete y 10 días. Pero también depende de la evolución que vaya experimentando el jugador.

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Y Correa siempre confió en que sería de la partida y así parece que será. En los últimos días el cordobés se movió con soltura y desde el cuerpo médico son optimistas en que pueda jugar. De todos modos, este miércoles cuando el plantel entrene en el predio del Palmeiras será exigido a fondo para saber como responde.

En ese momento Eduardo Domínguez tomará la decisión y en Colón todos esperan que desde Brasil lleguen las buenas señales y que el máximo artillero esté presente. Está claro que en este equipo Correa es irreemplazable y por eso lo van a esperar. El futbolista es optimista y por eso sería el único punta en el Morumbí.