A esta altura nadie puede discutir que Eduardo Domínguez se convirtió en uno de los entrenadores más importantes de la historia de Colón y los resultados lo respaldan de manera contundente. En un año medio clasificó al equipo para jugar dos Copas Sudamericanas, en la actual pasó la primera fase ante el Zamora y en el cotejo de ida le ganó al San Pablo en el Morumbí para escribir una página dorada del fútbol argentino, ya que es el primer equipo en derrotar al conjunto paulista en el mítico estadio.

Lo que manda en el fútbol como en cualquier deporte son los resultados y en ese aspecto lo del técnico es incuestionable. Hasta aquí cumplió con todos los objetivos propuestos, en los dos torneos locales metió al Sabalero en la Sudamericana, ganó un Clásico después de 19 años como visitante y empató los otros dos. Y por primera vez en la historia del club ganó siete partidos consecutivos en Primera División.

La única frustración pudo ser aquella eliminación en Copa Argentina ante Huracán en el 2017, pero no se asemeja de ninguna manera a los logros anteriormente mencionados. Además en la actual sigue con vida luego de la definición desde los 12 pasos ante el Deportivo Morón. Por lo cual la balanza se inclina de manera muy clara para el lado del haber.

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Sin embargo, una vez que baje la espuma por los festejos y la euforia justificada por un triunfo impactante que quedará grabado a fuego en la historia del club, se podrá analizar el rendimiento de Colón y la manera en que obtiene los resultados.

Y es allí donde se pueden visibilizar algunas falencias, siempre sacando de lado los resultados, porque sino es muy difícil abstraerse de eso. Si el que gana siempre tiene razón, entonces sería imposible debatir sobre el juego y las circunstancias.

Se suele hacer un análisis con el resultado puesto y es lógico, pero a veces es bueno abstraerse un poco, tomar distancia de los números y desmenuzar el desarrollo de las acciones. Y en ese ítem es donde conviven por un lado la tremenda eficacia y por el otro las deficiencias del juego.

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Es difícil explicar que un equipo que en 180' pateó cuatro remates al arco, avanzó en Copa Argentina y ganó el primer partido por los 16avos de la Sudamericana en el Morumbí. En ambos encuentros nunca superó al rival, pero se impuso en el resultado.

Se podrá hablar de un plan brillante de Domínguez y que los jugadores ejecutaron a la perfección, pero siempre a partir del resultado. Porque si nos referimos puramente al juego, Colón se dispuso para defender con 10 hombres detrás de la línea del balón resignando cualquier posibilidad de atacar y apostando exclusivamente a la pelota quieta.

Casi nunca pudo dar tres o cuatro pases seguidos en ataque, Alan Ruiz por momentos se plantó como un volante central y Javier Correa hizo las veces de Lucas Alario en el equipo de Diego Osella. Y antes del gol, el único remate al arco fue el de Erik Godoy a los 44' de la primera etapa.

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Terminó saliendo bien e incluso en gran parte del juego no sufrió, pero también dispuso de la lógica fortuna como por ejemplo en el gol de Matías Fritzler cuyo remate se desvió en Hudson. Y antes el cabezazo de Alves que se estrelló en el travesaño del arco defendido por Burián.

Y ante Deportivo Morón generó dos chances de gol, el tanto conseguido por Javier Correa y un remate a la carrera de Braian Galván. Mientras que su rival acumuló mayores méritos como para merecer algo más. Pero Burián se vistió de héroe en la definición desde los 12 pasos y Colón avanzó.

Así las cosas, en 180' de fútbol el Sabalero fue totalmente exitoso, prescindió de los merecimientos y de la justicia e hizo historia. Por ahora con lo que muestra le alcanza para acumular éxitos deportivos y darle alegría a los hinchas que disfrutaron como nunca la noche gloriosa del Morumbí.

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Colón ya entró en la historia y eso nadie puede discutir, puso por primera vez de rodillas a un gigante como el San Pablo jugando en su casa. Lo que no se pudieron hacer en los 30 partidos anteriores los equipos argentinos, lo terminó haciendo el Sabalero.

En resumen este Colón se podría dividir en dos: incuestionable e implacable desde los resultados y cuestionable respecto a los métodos para obtenerlos. Por ahora, el primero le gana ampliamente al segundo y por el bien del equipo rojinegro sería bueno que esa ecuación se mantenga inalterable.