Cristina reasumió y dejó en claro que no aceptará "chantaje" sindical

Durante más de una hora trazó los ejes políticos de su administración. Frialdad con Cobos. Florencia, la hija de la mandataria, le colocó la banda presidencial. Emoción y fervor en el discurso.

Domingo 11 de Diciembre de 2011

Cuando Cristina Fernández bajó del auto que la trajo desde la Casa Rosada y encaró las escalinatas del Congreso, su rostro ya lo decía todo: llegó al borde del nocaut emocional. Y así ingresó al recinto, que estalló en una ovación interminable. Fue la marca sobresaliente de la Asamblea Legislativa, la emoción. Una marca de época, intrínseca del kirchnerismo, multiplicada tras la sorpresiva muerte del líder fundador. Luego Cristina se recompuso y resolvió con sencillez la incómoda presencia de Julio Cobos como actor de la escena de la asunción. Y no sucedió la tantas veces anunciada violencia verbal sobre el vice en retirada, presente en su último acto.

Cobos no fue desplazado del acto, aunque sí de la lectura del juramento de la presidenta y de su vice —Amado Boudou— como así también de la tarea de colocar la banda con los colores patrios a la presidenta. Florencia Kirchner se encargó de ese ritual. Durante una hora y quince minutos Cristina habló sin leer y sin ayuda memoria, excepto para dar algunas cifras, vinculadas a la deuda externa y a las reservas del Banco Central, entre otras. Usó todos los pliegues posibles del discurso, subió y bajó el tono, aceleró, y también susurró, íntima.

Los instantes más altos del mediodía en el Congreso fueron tres: cuando la presidenta sorprendió alterando la clásica fórmula de juramento "que Dios y la Patria me demanden", agregando "él" (Néstor Kirchner) a Dios y a la patria. El gesto, ocurrente y audaz, hizo explotar una ovación en el 70 por ciento del recinto y sus balcones, tomados en su totalidad por el militantes kirchneristas. Sin embargo, el tramo más celebrado por el kirchnerismo, con largos minutos de aplausos, fue cuando CFK dirigió la mirada al presidente de su bancada, Agustín Rossi, y le agradeció a "los que resistieron en las calles y en las bancas, a los que no desmayaron, no decepcionaron, a los que creyeron que valía la pena este proyecto político".

Hacía referencia a un valor central en la cultura peronista, la lealtad. Se sabe, 18 diputados del bloque oficialista emigraron luego de la crisis de la 125, dejando al gobierno de Cristina, tempranamente, con gran fragilidad. En medio del discurso envió un duro mensaje a los sectores sindicales y a su conductor, Hugo Moyano, al afirmar que su gobierno no va a permitir "ni el chantaje ni la extorsión". Así, pone de manifiesto, una vez más, que la estrecha relación con el dirigente sindical durante los primeros años del kirchnerismo llegó a su fin. "Alguien me dijo que parece ser que en la Constitución peronista de Sampay no estaba el derecho de huelga. ¿Podrá ser posible? Ah, no había conflictos con Perón. O sea que cuando estaba Perón no había derecho a huelga, digo por los que lo reivindican a Perón y nos critican a nosotros", señaló Cristina.

El tercer momento emocionalmente demoledor que vivió el kirchnerismo ayer en el recinto de Diputados fue en el final del acto. Cristina, bastón de Mando en mano, ya había girado y comenzaba a retirarse del estrado donde se ubica la presidencia de la Cámara. Sin embargo, en ese instante, arrancó con fuerza, a voz en cuello, la Marcha Peronista desde el recinto. Cristina volvió sobre su paso y de cara a los legisladores y a los militantes, acompañó el canto de la marchita, que se cantó en su versión "extendida", incluyendo una mención a Néstor y a Cristina Kirchner.

A propósito de la 125, el momento político más dramático del mandato que ayer culminó, Cristina rozó el tema con un "si nos hubieran hecho caso estaríamos mejor". También la presidenta dejó frases como "no soy la presidenta de las corporaciones, soy de los 40 millones de argentinos". En otro tramo disparó: "Quisiera ser cualquier cosa, menos boba", en referencia al Estado "bobo", al que su gestión pretende dotar de habilidades. Finalizada la Asamblea Legislativa la multitud desalojó lentamente el Palacio, que volvió a quedar chico. El gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, le dijo a La Capital: "Vimos un discurso positivo al que sin embargo le faltó énfasis en el tema del federalismo, una causa que nos interesa y que necesitamos abordar". Tras sus pasos, la diputada Alicia Ciciliani ( PS) — vicepresidenta tercera de la Cámara de Diputados— caracterizó la Asamblea de ayer como "una fiesta del kirchnerismo, celebrando la recuperación de las mayorías en ambas Cámaras, y de un nuevo mandato".

  

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