Martes 15 de Julio de 2025
Recibir pagos desde Europa ya no depende solo de una transferencia bancaria
Para muchos profesionales argentinos, trabajar con clientes del exterior dejó de ser una excepción. Programadores, diseñadores, consultores, traductores, especialistas en marketing y otros prestadores de servicios facturan a empresas de España, Alemania, Italia, Francia o Países Bajos. El acuerdo comercial puede cerrarse en euros, pero el verdadero problema suele aparecer después: cómo recibir ese dinero, cuánto se pierde en comisiones y conversiones, y cuánto tarda en estar disponible.
La importancia de este tema crece junto con el peso de los servicios en la economía argentina. Según datos oficiales publicados por la Cancillería argentina, el comercio de servicios del país alcanzó los USD 47.300 millones en 2025, un 18 % más que el año anterior. Las exportaciones de servicios llegaron a un récord de USD 18.000 millones, con una suba interanual del 5,1 %. Detrás de esa cifra hay empresas, freelancers y profesionales que venden conocimiento, software, asesoramiento, diseño, marketing o soporte técnico al exterior.
En ese escenario, la transferencia bancaria internacional sigue siendo una opción habitual, pero no siempre es la más eficiente. Una operación puede incluir cargos del banco emisor, bancos corresponsales, comisiones de recepción, conversión de divisas y diferencias entre el tipo de cambio publicado y el efectivamente aplicado. Además, la acreditación puede demorar varios días hábiles, especialmente cuando intervienen más de una entidad o moneda.
El problema no es exclusivo de Argentina. El Banco Mundial calcula que enviar dinero al exterior cuesta, en promedio global, el 6,36 % del monto transferido. Esa cifra no se traslada de manera automática a todos los casos, pero muestra que los pagos internacionales todavía arrastran fricciones relevantes incluso en un mercado cada vez más digitalizado.
Por eso, algunos usuarios empezaron a comparar los canales tradicionales con alternativas basadas en activos digitales. Entre ellas, las stablecoins ocupan un lugar cada vez más visible.
Qué son las stablecoins y por qué aparecen en esta conversación
Las stablecoins son activos digitales creados para mantener un valor relativamente estable frente a una moneda de referencia. En el caso de USDT, esa referencia es el dólar estadounidense. Por eso se diferencian de criptomonedas como Bitcoin o Ether, cuyos precios pueden moverse con mucha más fuerza en poco tiempo.
USDT es emitido por Tether, una empresa privada que afirma respaldar sus tokens con reservas. Aun así, no es un depósito bancario, no lo emite un banco central y no tiene las mismas protecciones que una cuenta tradicional.
El peso de este mercado muestra por qué dejó de ser un tema de nicho. Según datos de DefiLlama consultados en julio de 2026, las stablecoins rondan los USD 310.000 millones a nivel global, y USDT concentra cerca del 59 % del total. En Argentina, el interés por activos ligados al dólar tiene además un contexto propio: aunque la inflación se desaceleró, el INDEC informó que en mayo de 2026 el IPC acumulaba 14,7 % en el año y 33,2 % interanual. Para quienes cobran desde el exterior, conservar parte del valor en instrumentos vinculados al dólar sigue siendo una decisión práctica.
Del euro al USDT: cómo puede funcionar la operación
El uso de USDT no implica que una factura emitida en euros se pague automáticamente en dólares digitales. El recorrido puede variar según el proveedor, el país de origen, la plataforma utilizada y las necesidades del destinatario.
Un caso frecuente puede desarrollarse así: una empresa europea paga una factura en euros; esos euros ingresan a una plataforma de pagos, exchange o proveedor especializado; luego se convierten a USDT; finalmente, el profesional argentino decide si conserva ese saldo, lo transfiere a otra billetera, lo vende por pesos o lo utiliza para realizar otro pago internacional.
En la práctica, este recorrido puede incluir operaciones como comprar USDT con euros dentro de plataformas que permiten convertir una moneda fiduciaria en una stablecoin antes de mover los fondos a otra billetera, conservarlos temporalmente o venderlos más adelante.
La ventaja potencial está en la flexibilidad. Una vez convertido a USDT, el dinero puede moverse entre plataformas compatibles sin depender del horario bancario tradicional. También puede enviarse a otra persona o empresa en otra jurisdicción, siempre que ambas partes sepan operar con activos digitales y acepten ese mecanismo.
Pero esa flexibilidad no significa que el proceso sea gratuito ni necesariamente más barato. La comparación real debe incluir todos los costos: conversión de euros a USDT, comisión de la plataforma, spread entre precio de compra y venta, costo de red blockchain, comisión de retiro y, si corresponde, conversión final a pesos argentinos o a otra moneda.
Por eso, no alcanza con comparar “banco versus cripto” en abstracto. Hay que comparar recorridos completos. Una transferencia bancaria puede ser más conveniente si el banco ofrece buenas condiciones, si el monto es alto o si el destinatario necesita recibir fondos directamente en una cuenta formal. Una operación con stablecoins puede resultar más práctica cuando el usuario prioriza velocidad, disponibilidad 24/7 o movimientos entre distintas plataformas y países.
El costo real no está en una sola comisión
Uno de los errores más comunes al evaluar una operación internacional es mirar solo la comisión visible. En la práctica, el costo puede estar distribuido en varias capas.
En una transferencia bancaria, además de la tarifa declarada, puede haber bancos intermediarios, cargos SWIFT, comisiones de recepción y diferencias cambiarias. En una operación con USDT, el costo puede aparecer en la cotización usada por la plataforma, en el spread, en la red seleccionada o en la venta posterior del activo.
También importa la escala. Para montos pequeños, una comisión fija puede encarecer mucho la operación. Para montos más altos, una pequeña diferencia de tipo de cambio puede representar una pérdida mayor que la comisión inicial. Por ejemplo, en una operación de EUR 2.000, una diferencia del 1,5 % en la conversión equivale a EUR 30. Si además se suman retiros, spreads y costos de red, el resultado final puede cambiar de manera significativa.
La conclusión práctica es simple: antes de elegir un canal, conviene calcular cuánto llega al final del recorrido, no cuánto cuesta solo el primer paso.
Más que una inversión, una herramienta de liquidez
Durante años, las criptomonedas se asociaron sobre todo con inversión, trading y especulación. Las stablecoins introdujeron otro uso: mantener liquidez digital vinculada a una moneda fuerte y mover valor entre plataformas, países o usuarios.
El Fondo Monetario Internacional reconoce que las stablecoins pueden aumentar la eficiencia de algunos pagos al sumar competencia y reducir fricciones operativas. Al mismo tiempo, advierte que su crecimiento plantea riesgos vinculados con estabilidad financiera, integridad del sistema, seguridad operativa, sustitución de moneda y certeza legal.
Esa doble lectura es importante. Las stablecoins pueden ser útiles para ciertos pagos transfronterizos, pero no eliminan los riesgos del emisor, de la plataforma, de la regulación ni del usuario. Funcionan mejor como una herramienta concreta para resolver determinados problemas de liquidez y transferencia, no como una solución universal para cualquier operación financiera.
Viajes y compras en el exterior: cuándo pueden servir y cuándo no
El uso de USDT no se limita a quienes cobran desde el exterior. Algunos argentinos también lo consideran al organizar viajes, reservar servicios internacionales o preparar compras fuera del país.
La relación entre dinero, turismo y tecnología ya no se limita al cambio de efectivo antes de viajar. La expansión de los pagos digitales en los viajes internacionales muestra cómo tarjetas, billeteras móviles, códigos QR y plataformas de conversión pasaron a formar parte de la experiencia cotidiana de muchos turistas.
En esos casos, USDT puede funcionar como una forma temporal de mantener valor vinculado al dólar antes de convertirlo a otra moneda o usarlo mediante servicios compatibles. Por ejemplo, un usuario puede conservar saldo en USDT y luego venderlo para obtener moneda local, transferirlo a una plataforma de pagos o usar una tarjeta vinculada a activos digitales, si el proveedor ofrece ese servicio.
Sin embargo, hay una limitación clave: USDT no es un medio de pago aceptado de manera generalizada en hoteles, restaurantes, aerolíneas o comercios. En la mayoría de los casos, el usuario necesita convertirlo a moneda fiduciaria o utilizar intermediarios que conecten el saldo cripto con redes de pago tradicionales.
Lo mismo ocurre con las compras internacionales. Pagar con una stablecoin no elimina impuestos, aranceles, costos de envío, percepciones, controles aduaneros ni obligaciones fiscales. La tecnología puede modificar el canal por el que circula el dinero, pero no cambia las reglas comerciales y tributarias aplicables a la operación.
Argentina: un marco regulatorio más claro para los proveedores
En 2025, la Comisión Nacional de Valores reguló a los Proveedores de Servicios de Activos Virtuales mediante la Resolución General 1058, basada en la Ley 27.739. La norma alcanza a plataformas que compran, venden, transfieren, intercambian o custodian activos virtuales.
Para los usuarios, operar con un proveedor registrado puede aportar más transparencia, pero no garantiza el valor de USDT ni elimina los riesgos, costos u obligaciones fiscales asociados al uso de stablecoins.
Riesgos que conviene revisar antes de operar
El primer riesgo está en el emisor. USDT depende de Tether, de la calidad de sus reservas, de su capacidad para sostener la paridad y de la confianza del mercado. Aunque el activo está diseñado para mantener una referencia con el dólar, esa estabilidad no debe entenderse como una garantía absoluta.
El segundo riesgo está en la plataforma. No es lo mismo operar con un proveedor registrado, con políticas de cumplimiento, soporte y medidas de seguridad, que hacerlo en un servicio poco transparente. Antes de mover fondos, conviene revisar reputación, condiciones, comisiones, límites, red de retiro y mecanismos de atención al usuario.
El tercer riesgo es operativo. Las transferencias en blockchain suelen ser irreversibles una vez confirmadas. Una dirección mal copiada, una red incompatible o un error al seleccionar el token puede derivar en la pérdida de fondos o en un proceso de recuperación complejo.
El cuarto riesgo está en el costo final. Una plataforma puede mostrar una comisión baja, pero aplicar un tipo de cambio menos favorable. Otra puede ofrecer buen precio de compra, pero cobrar más por retirar o vender. Por eso, la comparación debe hacerse con el monto final disponible, no con la comisión promocionada.
También existe un riesgo regulatorio y tributario. Cobrar, transferir o mantener fondos en USDT no exime de declarar ingresos, cumplir obligaciones fiscales o respetar normas cambiarias y comerciales aplicables. La herramienta puede ser digital, pero las responsabilidades siguen existiendo.
Una herramienta útil, no una respuesta automática
El crecimiento de las stablecoins refleja un cambio más amplio en la forma en que personas y empresas mueven dinero entre países. La expansión del trabajo remoto, el aumento de las exportaciones de servicios y la digitalización de los pagos internacionales hicieron que muchos usuarios buscaran alternativas más rápidas y flexibles que los canales tradicionales.
Para un profesional argentino que cobra desde Europa, USDT puede ser útil si necesita mover fondos con rapidez, conservar temporalmente valor vinculado al dólar o conectar distintas plataformas de pago. También puede servir para ciertos viajes o compras internacionales cuando existe una infraestructura compatible.
Pero su conveniencia depende del caso. El monto, las comisiones, el tipo de cambio, la plataforma, la red blockchain, el destino final de los fondos y las obligaciones fiscales pueden cambiar por completo el resultado.
Más que reemplazar al sistema bancario, las stablecoins amplían el conjunto de herramientas disponibles. Entender cómo funcionan, qué costos esconden y qué riesgos implican permite tomar decisiones con más información. En pagos internacionales, la mejor opción no siempre es la más nueva ni la más tradicional: es la que deja más valor disponible al final del recorrido y se ajusta mejor a las necesidades reales del usuario.