Economía
Domingo 17 de Diciembre de 2017

Claudio Scaletta: "El modelo económico es insustentable"

La ola amarilla toma fuerza del agotamiento del ciclo kirchnerista y su incapacidad para sortear la restricción externa

Ante la revalidación electoral del macrismo, el economista Claudio Scaletta esquiva las interpretaciones simplistas que abundan en el vasto campo que va del centro a la izquierda del arco político. En su opinión, la ola amarilla toma fuerza del agotamiento del ciclo kirchnerista y su incapacidad para sortear la restricción externa, aunque también de lo que llama la "construcción de una agenda falsa" _basada en la negación del ajuste_ y la demonización de las principales referencias del kirchnerismo.

Scaletta sostiene que el macrismo "hace neoliberalismo sin gritarlo, y eso le sirve para la construcción de consenso social" y plantea que Cambiemos construyó una hegemonía, ya que representa a un bloque integrado por todos los factores de poder real de la sociedad argentina y logró apoyo popular.

No obstante, aseguró que esa hegemonía no necesariamente se desplegará en el largo plazo.

Scaletta subrayó que el modelo económico es insustentable en dos frentes: en el externo, porque no genera las divisas necesarias para el repago de la deuda; y en el interno, ya que los sectores dinámicos de la nueva etapa no crean empleo.

A pesar de esto, remarcó, estas tensiones no llevan inexorablemente a un nuevo 2001. El macrismo, evalúa el economista, ausculta permanentemente el impacto de sus políticas y se permite márgenes más flexibles de acción para desplegar lo que llama "una heterodoxia de derecha".

—¿Por qué, con la experiencia histórica argentina, se atraviesa una recaída neoliberal?, ¿Cuáles son los factores que intervienen en este proceso?

—Los factores de la recaída son el cambio de las relaciones de poder y el agotamiento del ciclo anterior en función de la reaparición de la restricción externa. Si vos estudiás la historia argentina normalmente los períodos de restricción externa son períodos de cambio de gobierno. La manera de evitar eso hubiese sido impulsar en el trayecto un proceso de desarrollo que la evite. Pero lo que ocurrió fue que por la reacción política los sectores populares no fueron capaces de contrarrestar ese embate. Hubo también una construcción de agenda falsa: a la población no se le ofreció en las elecciones un ajuste neoliberal. Se planteaba "no vas a perder nada de lo que tenés", "vamos a conservar lo bueno y mejorar lo malo". Era esta idea vaga del cambio; después de tres períodos hay agotamientos naturales. Esto se acompañó además de un proceso de demonización de la clase política que representaba a los sectores populares, con el caso paradigmático de Aníbal Fernández, a quien no se le pudo demostrar nada y se lo vendió como un narcotraficante. Esta agenda que se le opuso a un gobierno popular no es una creación argentina: el mismo modelo de oposición y de contenido de discurso se reprodujo en otros paíes de América latina. Pasó en el Ecuador de Correa, pasó con Evo y con el hijo que le inventaron, pasó con Dilma; ahí es más complejo porque el giro a la derecha lo hizo el mismo gobierno popular en una cosa bastante insólita. Más difícil es pensar lo que pasó en estas últimas elecciones: la estafa electoral no existió, porque ya todo el mundo politizado sabía lo que estaba sucediendo. Hay que ver si los sectores populares que no están tan politizados sabían cómo sigue esto.

—De todas maneras, parece que ganaron consenso social las ideas de desregulación, de primacía del mercado sobre el Estado.

—Sí, son ciclos históricos; es un ciclo de reflujo.

—¿Y cuáles son las similitudes y diferencias del macrismo como proyecto con las anteriores experiencias neoliberales?

—Primero las diferencias: este gobierno hace neoliberalismo sin gritarlo, y eso le sirve para la construcción de legitimación social. El neoliberalismo tiene medidas muy concretas que son la apertura, la desregulación y la privatización y alto endeudamiento, para decirlo de modo muy general. Este gobierno no privatiza abiertamente empresas públicas, pero les destruye los mercados; no hace una apertura de indiscriminada, pero hace una apertura constante; lo mismo pasa con la desregulación. Agregale que desde siempre existen los gurkas, que te corren por derecha y te permiten decir que este gobierno que implementó un verdadero shock económico está avanzando por la vía del gradualismo, lo cual no es cierto. Por supuesto que se podría avanzar más violentamente, pero eso no quiere decir que este shock económico sea gradual. Después están las continuidades: un intelectual orgánico del macrismo como Pablo Gerchunoff dice que es el tercer intento de modernización, después de la dictadura y los '90. Ellos mismos te están marcando la continuidad. Las medidas son las mismas, existe la misma voluntad de reconfiguración del aparato productivo argentino y de las relaciones de poder de manera permanente que existió en los otros dos momentos.

— Durante el proceso electoral se discutió en ámbitos académicos, políticos y mediáticos sobre si Cambiemos construyó una hegemonía, ¿Cuál es su posición al respecto?

—Sin ninguna duda Cambiemos construyó una hegemonía, porque representa un bloque histórico poderosísimo. Pocas veces se vio en la historia argentina una acumulación de poder que incluya a la embajada de Estados Unidos, al poder sindical, los medios de comunicación, a las entidades empresarias. Es un fenómeno que va a dar para años de estudio, porque además consiguieron apoyo popular. Esto no quiere decir que esa hegemonía sea necesariamente de largo plazo. El modelo es insustentable, por dos razones: por su frente financiero externo, en cuanto a la generación de un endeudamiento que es explosivo en términos de que no genera las condiciones de repago; en el frente interno, desarrolla sectores que no son generadores de mano de obra. Hasta ahora el gobierno logró construir consenso social a través de ganar la discusión por el sentido de quién es el responsable de los malos efectos de este ajuste: el gobierno anterior. Pero a partir de ahora va a tener que dar respuestas concretas a un montón de sectores medios reales o aspiracionalmente medios, que ni siquiera lo son, y el conjunto de medidas con las que van a avanzar no van a dar respuesta de mayor bienestar a estos sectores. Esto va a poner en crisis esa hegemonía construida.

—En algunos sectores críticos del gobierno predomina cierta lectura catastrófica alrededor de la sustentabilidad: se plantea que esto se encamina hacia un nuevo 2001, con Macri eyectado en helicóptero y en una crisis económica, social y política terminal. ¿Cree que el proceso va en ese sentido o el gobierno puede administrar las tensiones de insustentabilidad dentro del modelo?

—La idea del helicóptero es una pavada. No es una idea que esté en la dirigencia, puede estar en algunos sectores más exaltados de la militancia. Tiene mucho que ver con la incredulidad inicial de que esto esté sucediendo. Así como el gobierno hace neoliberalismo sin gritarlo ausculta científicamente los resultados de sus políticas. A partir de fines del año pasado después del shock recesivo más fuerte se empezó a hablar de hacer "kirchnerismo con buenos modales". Esto quería decir impulsar la demanda, y de hecho el gobierno lo consiguió vía descongelar la obra pública y sobre todo lo que llamo el déficit privado, que es el endeudamiento de las familias. Los créditos Argenta para los titulares de la AUH que se dieron muchísimo antes de las elecciones explican buena parte del voto de los sectores populares.

—Es lo que el periodista Alejandro Bercovich llamó "el chori financiero"...

—Es totalmente acertada la definición. El gobierno hizo una heterodoxia de derecha, frente a las elecciones generó una falsa sensación de bonanza a través de estos mecanismos. Efectivamente, puede ir administrando el conflicto social que generan sus medidas y legitimando sus políticas. No es un neoliberalismo tan zonzo como el que vimos en el pasado, como el de la Alianza. Es un neoliberalismo mucho más hábil en lo político que en lo económico.

—En este marco, ¿Cómo ve el estado de situación de las clases subalternas y su capacidad de resistencia frente a las reformas que pretende implementar el macrismo?

—Los sectores populares están todavía en shock, no sólo por el cambio de modelo económico sino por el comportamiento de sus dirigencias. Creo que hay mucho movimiento en las bases sindicales y que la resistencia va a aparecer desde ese lado. La Corriente Federal es un ejemplo. A la población no le cayó la ficha de la transformación que se está produciendo. Hay una explicación que no quiero introducir que es la del rol del aparato mediático, porque la realidad es que estuvo siempre. Pero también es cierto que estamos asistiendo a una reconfiguración del espectro de los medios de comunicación nunca vista y en el cual se acallan las voces opositoras de una manera escandalosa. Además, la demonización del adversario provocada a partir de la criminalización de la política es algo que debilita muchísimo la democracia, porque cuando vos transformás tu adversario político no sólo en un enemigo sino en un delincuente el costo de eso lo paga la democracia. No vamos a caer en la estupidez de decir que esto es una dictadura, pero tiene rasgos fuertemente autoritarios que no esperábamos, si bien es cierto que las derechas nunca vienen solas. Ser de derecha no es sólo ser neoliberal: viene acompañado de un paquete completo que incluye la represión, determinados valores morales, determinados retrocesos en muchos ámbitos.