Reconversión laboral en Santa Fe: reducción, fraccionamiento y precarización

Aunque el desempleo no se dispara, el deterioro del mercado laboral se profundiza: crecen la subocupación y la informalidad, y el empleo pierde calidad en los principales aglomerados en Santa Fe, configurando un escenario más frágil y desigual

13:42 hs - Martes 24 de Marzo de 2026

El cierre de empresas y comercios ha impactado -y lo seguirá haciendo- a la opinión pública. Empresas pequeñas y grandes parecen colapsar ante un vendaval invisible que se lleva puesto todo a su paso y, por ende, las estadísticas laborales adquieren especial interés habida cuenta que son un termómetro de cómo la sociedad sobrevive este proceso.

En efecto, la Encuesta Permanente de Hogares -EPH- que lleva el sistema estadístico argentino alumbró hace unas pocas horas qué aconteció en el mercado laboral entre los meses de octubre y diciembre de 2025, en plena contienda electoral, en los principales centros urbanos del país. Al respecto, es preciso aclarar que las estadísticas relevan lo que acontece en los centros urbanos de más de 100,000 habitantes y capitales de provincia. Por ende, las pequeñas localidades del interior están fuera del radar de estos operativos. Ergo, las cifras reales pueden ser muy superiores a los números que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informa y esto no es una trapisonda estadística sino la forma en que se relevan los datos desde hace muchos años en Argentina.

Segunda advertencia al lector interesado: el mapa laboral ya no se explica con una sola variable. No alcanza con mirar el desempleo abierto o tradicional porque el problema no es solo cuántos quedan afuera del sistema -que lo es-, sino cuántos logran entrar… y en qué condiciones se encuentran. Así los datos del último trimestre de 2025 dejan una escena incómoda: el trabajo no colapsa, pero tampoco crece. Se transforma. Y en esa transformación, pierde densidad, estabilidad y calidad.

En Gran Santa Fe, el cuadro es distinto, aunque no necesariamente mejor. El desempleo baja al 4,8% y la subocupación se ubica en 9,1%. Es un mercado más estable, menos tensionado En Gran Santa Fe, el cuadro es distinto, aunque no necesariamente mejor. El desempleo baja al 4,8% y la subocupación se ubica en 9,1%. Es un mercado más estable, menos tensionado

Precarización

Gran Rosario es el mejor ejemplo de esta mutación silenciosa. Con un desempleo del 6,5%, podría parecer que la situación está bajo control. Pero debajo de esa superficie aparece otro fenómeno: la subocupación trepa al 12,9%. Es decir, el problema no es quedarse sin trabajo, sino tener uno que no alcanza. Jornadas recortadas, ingresos insuficientes, ocupaciones que no terminan de consolidarse. El empleo está, pero el ingreso no es suficiente para vivir.

En Gran Santa Fe, el cuadro es distinto, aunque no necesariamente mejor. El desempleo baja al 4,8% y la subocupación se ubica en 9,1%. Es un mercado más estable, menos tensionado. Pero también más estático. No cae, pero tampoco despega. Funciona como una economía que administra lo que tiene, sin capacidad de expandirse.

El caso más crítico aparece en el corredor industrial de San Nicolás–Villa Constitución. Allí el desempleo salta al 9,4%, el más alto de los tres aglomerados en territorio provincial. Aquí no es solo precarización: es pérdida directa de empleo. La industria, históricamente el motor de esa zona, ya no absorbe como antes y cuando se retrae, lo que queda no alcanza para compensar.

El resultado es una región que se fragmenta. Rosario no expulsa trabajadores, pero los precariza. Santa Fe los contiene, pero no los dinamiza. Villa Constitución directamente los pierde. Tres realidades distintas, un mismo problema de fondo.

Mercado laboral bajo presión

El verdadero dato no está en una tasa aislada, sino en la combinación. Cuando el desempleo convive con altos niveles de subocupación, lo que emerge es un mercado laboral bajo presión. Más gente buscando completar ingresos, más competencia por menos oportunidades reales.

En este contexto, el trabajo formal deja de ser garantía de estabilidad. Se vuelve apenas un punto de partida. Y la frontera entre empleo e informalidad empieza a desdibujarse. Para ello basta recordar que Argentina en el 2024 superó el récord de empleo informal llegando a superar el 51% del total de trabajadores.

La economía regional, según los registros de desocupación no llega a magnificar cabalmente los ajustes del mercado. Por eso no está en crisis abierta. Pero tampoco está sana. Se sostiene a costa de deteriorar la calidad del empleo. Y ese es un ajuste menos visible, pero más profundo: el que no se mide solo en puestos perdidos, sino en trabajos que ya no alcanzan.

Ahí es donde se juega la verdadera discusión y cuando el empleo se fragmenta, la sociedad también. Y lo que queda no es solo un mercado laboral más débil, sino un entramado social mucho más frágil.