El "espíritu grande" tira de sisa

Mendoza fue noticia nacional esta semana. Pero no por ninguna grandeza de sus habitantes o funcionarios, sino por un sonado caso de acoso escolar.

Domingo 04 de Agosto de 2013

Por Manuel de Paz

Permítanme, por favor, comenzar con una pregunta diplomática: ¿qué cornos está pasando para que haya tanta crispación, tanto animus injuriandi –como llaman los abogados a la intención de ofender, desacreditar o deshonrar a una víctima–, y para que eso se haya trasladado con fuerza a las relaciones cotidianas, incluso la de nuestros hijos con sus pares?

¿Lo tenemos grande?

Mendoza ha sido noticia nacional esta semana. Y no por el supuesto “Espíritu grande” que, según el eslogan oficial, caracteriza a sus habitantes y, claro, a sus gobernantes.

Hemos sido noticia, en cambio, por un suceso de hostigamiento y de discriminación cotidiana sufrido desde hace años por una alumna de 10 años a manos de varias de sus amables compañeritas que la consideraban “negra”, “adoptada”, “puta”, “burra” y “extranjera”, entre otras cálidas expresiones que le enrostraban a diario y que, harta de tanto maltrato, la obligó a rogarle a su madre que la cambiara de escuela porque, si no, se mataba.

Sin vacuna

La noticia no sólo explotó en los medios de todo el país –a partir de la publicación en Diario UNO– por ser un caso más de bullying o acoso escolar, una peste social que se acrecienta en las escuelas.

Tuvo una enorme repercusión porque la directora de la escuela Patricias Mendocinas, colegio que otrora se consideraba como una institución de referencia y de calidad educativa por encima de la media, se “pisó” y terminó justificando las burlas y los maltratos que sufría la niña por su color de piel (es hija de un marroquí y su madre es argentina).

El quid de la cuestión

La Patricias, como esas familias venidas a menos que siguen viviendo de un prestigio que ya no es tal, ha visto dinamitado parte de aquel pasado con las increíbles declaraciones que hizo la directora del colegio, María Luz Cerdá para quien “esa nena tiene un gran problema”.

Y cuál es ese “gran problema”, se preguntará usted.

La directora lo explica de la siguiente manera. “Su mamá es rubia, su papá de sangre es de raza oscura y ella es morochita”.

Una persona mayor, de tierra adentro, le preguntaría a la docente: “¿Y de ahi?” (con el acento pronunciado en la “a” y no en la “i”, como si en realidad dijera “ay”), y que en concreto quiere decir: “¿Y con eso qué, doña?”.

Usted o yo quizás lo plantearíamos así: “¿Pero cuál es, señora directora, y perdóneme mi ignorancia, el gran problema que usted ve en eso, porque yo no alcanzo a divisarlo”.

Y en mi caso particular le agregaría: “Yo no veo problemas. Es más, sólo veo posibilidades”.

Al borde

Leer y luego escuchar esas afirmaciones de la directora de la escuela Patricias

Mendocinas me hizo acordar de inmediato de uno de los personajes de Mujeres al borde un ataque de nervios, aquella película de Pedro Almodóvar.

En ese filme, la actriz Chus Lampreave hace el papel de una portera de edificio que es tentada por otro personaje para que mienta sobre uno de los habitantes del inmueble.

Entonces, la portera, compungida porque en el fondo tiene dudas, se sincera así: “¡Ya quisiera yo poder mentir! Pero ése es el problema que tenemos los testigos de Jehová, que no podemos mentir”.

Flor de merengue

Lo del filme de Almodovar es una magnífica boutade acerca de las gambetas que deben hacer los fieles con los dogmas.

Lo de la directora aludiendo al “gran problema” de la niña hostigada (ser morocha, tener una madre rubia y “un padre de sangre oscura”) es simplemente una soberbia tontera, propia de alguien que no ha tenido la posibilidad de instruirse y no de una docente que no sólo ha estudiado, sino que para llegar a tal cargo directivo ha tenido que complejizar su mente con las experiencias vividas en las escuelas y en la vida.

En tratamiento

Según lo que ha contado la niña en la terapia que le permitió desahogarse, el hostigamiento no sólo se daba con palabras hirientes sino también con acciones, como cobrarle peaje de $2 para dejarla entrar al baño (algo que hacían las más grandes), no invitarla a los cumpleaños, robarle la merienda, no dejar que se sentara en los asientos de adelante porque esos son para “las inteligentes” o decirle que a izar la Bandera pasan sólo las argentinas y no las hijas de marroquíes.

La madre de la agredida aseguró que su hija se cansó de pedirles a las docentes que la defendieran de los ataques.

“A mi hija la desprotegieron y yo me siento culpable por haber confiado en la institución escolar”, le dijo la madre a Diario UNO, algo que tendría que hacer reflexionar del gobernador de la Provincia hacia abajo.

Lo viejo, lo nuevo

Pongamos el asunto en contexto. Siempre ha habido niños y jóvenes que se mofaron unos de otros. No es una novedad que los chicos se pongan apodos.

Siempre ha habido cierto nivel de crueldad en las relaciones.

¿Qué es lo nuevo entonces?

1) Lo nuevo es el desmadre. Antes, en el grupo había redes de contención, o uno o varios líderes que ponían coto a la situación cuando las cosas se salían de cauce. La intención era más de divertirse. Hoy, el objetivo es buscar la agresión, la degradación.

2) Lo nuevo es el nivel de violencia que eso ha alcanzado –sobre todo en las chicas– y la satisfacción inocultable que parece producir en el grupo.

3) Lo nuevo es una creciente desesperación por vivir en la confrontación (el uso bastardo de Facebook y Twitter para abochornar gente ya supera cualquier asombro).

4) Lo nuevo es la necesidad no sólo de caer en la violencia, sino de mostrar, de exhibir esa violencia. Baste citar los videos donde chicos y chicas se golpean mientras el resto de los alumnos lo festejan y varios los filman para luego inmortalizar el momento subiéndolos a internet.

5) Lo nuevo son las extrañas reacciones de los mayores, que no dudan en “fajar” a una maestra si eso les cuadra, ejemplo que siguen los niños y adolescentes faltándoles el respeto sin asco a los docentes, los que no tienen quién los defienda porque ni siquiera los gremios del sector se han mostrado realmente afectados por estos temas.

6) Lo nuevo es esa especie de cansancio brutal que muestra el sistema, que ya ni siquiera puede escuchar o traducir el pedido de ayuda de una niña “puta” y

“negra” de 10 años.

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