Viernes 04 de Diciembre de 2020
Tiene 24 años, es fotógrafo, artista, productor musical y se autopercibe como un ser “transespecie”. Manel de Aguas afirma que cambió su forma de conectarse con la naturaleza, gracias a la tecnología, implantándose dos aletas en las orejas.
El joven asegura que nunca se identificó como ser humano, lo que siempre le provocó "burlas", según denuncia en diferentes medios. Lejos de autocensurarse con la presión social, un día decidió visibilizar lo que considera su "lucha".
"No me considero cien por ciento humano. Mi persona no coincide con el concepto biológico que se conoce", explica Manel de Aguas en sus propias palabras, en entrevista concedidas a diferentes medios. Como su percepción de sí mismo fue cambiando, su cuerpo se tuvo que adaptar a esa transición mediante un llamativo implante.
Manel de Aguas se diseñó para él mismo dos aletas de silicona de medio kilo cada una a cada lado de su cabeza. Estos implantes contienen microchips que le permite percibir vibraciones de sonido, humedad y temperatura entre la piel y el hueso.
"Tengo la zona de la piel resentida. Y me quito las aletas para dormir y bañarme. Estoy acostumbrado a que la gente me mire por la calle, pero la verdad es que no me afecta", reconoce el joven en una entrevista publicada en Infobae.
"Al día de hoy el humano vive como en una burbuja antropocentrista, viendo a la naturaleza en una escalera jerárquica vertical en la que el humano está por encima de las otras especies, y para mí este proyecto también significa romper con eso", reconoce.
Manel admitió que su entorno se tomó muy bien estos cambios y que siempre apoyaron su transformación: "Fue un proceso gradual con muchas preguntas sin respuesta. Mi familia y amigos siempre me apoyaron, porque vivieron de cerca cada decisión. En la calle, pues me miran raro, aunque eso no me afecta".
A su vez, el artista Manel de Aguas se define como un cyborg: un ser formado por materia viva y materiales electrónicos, según la definición de la RAE. "Estaba estudiando fotografía, quería experimentar con una nueva práctica artística -que es el arte cyborg- y conocí a Cyborg Foundation, donde me guiaron en la creación del primer prototipo de mi ‘órgano', un chip en la nuca. Desde siempre he tenido una conexión espiritual con la naturaleza, desde que solíamos ir en familia a hacer camping", relata Manel de Aguas.