Jueves 17 de Enero de 2019
Durante un viaje de regreso de Dubai a Buenos Aires en el 2013, Diego Maradona protagonizó un vuelo agitado. Las turbulencias se dieron dentro del Boeing 777 de Fly Emirates de un 14 de mayo que llegó con muy pocos pasajeros, casi todos ellos argentinos. Los presentes describieron que el trayecto consistió de lujo, furia, gritos e insultos las casi 20 horas que demandó el trayecto. Los involuntarios testigos de toda esta locura resultaron el ex gobernador Antonio Bonfatti (en ese momento en el cargo) y otros políticos de la provincia de Santa Fe, que regresaban de una misión comercial e institucional por China y Dubai.
Al conocer la noticia que Maradona estaba en el vuelo, una parte de la tripulación quiso sacarse una foto con él pero les resultó imposible. Diego viajó en esa oportunidad en una cabina súper premium. El primer estallido se produjo cerca de la escala en Río de Janeiro, más precisamente cuando la aerolínea confirmó que todo el pasaje debía bajar del avión. Los insultos de Diego retumbaron con claridad y fueron escuchados por quienes viajaban en primera clase.
Maradona bajó y pasos atrás lo seguía Rocío Oliva, en ese momento su novia de 22 años. "Dale bebé, ayudá con algo; llevá la raqueta al menos", dijo el ex jugador sin darse vuelta y lo suficientemente fuerte como para que todos los que estaban por allí lo escucharan.
Lo más tenso
Las reacciones iracundas del Diez se repitieron apenas la aeronave retomó vuelo, esta vez en contra de su novia. El momento más tenso se produjo cuando la joven irrumpió corriendo en primera clase y Maradona, que venía detrás, la tomó del cuello, descontrolado. Allí intervino Silvia Tróccoli, ( era la subsecretaria de Inclusión para personas con Discapacidad de la provincia de Santa Fe) y esposa del ex gobernador Antonio Bonfatti, y logró tranquilizarlo. "Diego tranquilo, cálmate", le dijo repetidamente
Tróccoli. Maradona, efectivamente, dejó de insultar y volvió a ocupar su lugar en el avión. Pero las amenazas de iniciarle una demanda a su novia quedaron flotando en el ambiente largo rato.
La paz duró pocos minutos y después otra vez comenzaron las agresiones. aunque el centro de su enojo pasaron a ser las azafatas: las acusó a los gritos de invadir su privacidad.