Sábado 06 de Agosto de 2022
En Neuquén, José Alberto Aramberri en Plottier y su esposa, Cristina Di Francesco, crearon Biot, un sustituto de la leña. Nacidos y criados en el campo, al sur de la provincia de Buenos Aires, hoy se encuentran al frente de la pyme donde se elabora un combustible sustentable, ecológico y natural.
La gente al principio no entendía cuando lo quisieron dar a conocer como "pan de combustible sólido", ya que en realidad es eso. El problema era que asociaban el biocombustible con el biodiésel y es por eso que lo presentaron como un sustituto de la leña.
"No matás un árbol y obtenés fuego". Esa fue la frase que una persona usó para describirlo y que ahora ellos tomaron para definir el gran beneficio de esta creación denominada Biot. "Estamos usando un desecho de la industria de la fruta que siempre se tiró, nunca se utilizó. Mi marido José tuvo la brillante idea de transformarlo en un pan de combustible para fuego", manifestó Di Francesco orgullosa.
Este increíble proyecto comenzó hace 12 años. Cristina y su marido, conocido como el Vasco, son del sur de la provincia de Buenos Aires y criados en el campo "en donde lo atamos con alambre", por lo que el ingenio y el hecho de rebuscárselas lo palparon desde chicos.
El Vasco, quien es agricultor y veterinario, iba a la barda (colinas alrededor del valle de Neuquén) a atender animales y veía las montañas de orujo (descarte de la producción de jugos de manzana y peras) tirado y que tras un año de ser desechado se ponía durísimo. Intrigado le preguntó a los lugareños qué era y ellos le contaron que lo usaban siempre, cuando lo podían cortar por lo duro que estaba, para la estufa de hogar o la cocina económica. "Ahí se le disparó la chispa de curiosidad y lo primero que hizo fue mandar una muestra al Inti para comprobar si era tan así que tenía alto poder calórico y realmente resultó que sí, es 4.254 kilocalorías", señaló la emprendedora.
Para tomar dimensión del poder de combustión del biot, explicó que el eucalipto tiene 2.500 kilocalorías mientras que el quebracho más de 5.000. "Excelente para hacer fuego", sentenció.
Ahí comenzaron a pensar cómo utilizar ese residuo que cuando lo reciben en la chacra es una "sopa". "Porque todo lo que queda de la prensa de la manzana o pera; pulpa, cascara, el palito, la hojita y la semilla interna; para poder sacarlo de esa prensa lo tienen que lavar con mucha agua y eso se tira así, 80% de agua tiene", dio a conocer Cristina. Es decir que cuando llega el camión la mayor parte es agua mientras que el 20% corresponde al orujo, lo seco.
Este desecho la sidrera se los da de forma gratuita y ellos se encargan de pagar los fletes, los cuales recorren alrededor de 30 km desde la fábrica más cercana hasta la chacra donde pasa a ser biot.
"El gran desafío era cómo sacarle ese agua, cómo hacer para que eso se transforme rápidamente en seco y no un año o dos como el que estaba en la barda", sostuvo Di Francesco.
Pero a su vez el Vasco se encargó de crear la máquina que elabora el biot en sí. Homogeneiza esa pasta en un grado de humedad que solo él conoce y luego moldea, corta y lo pone en el piso, al sol, para que se seque. Una vez secado se almacena bajo techo ya que no puede mojarse.
En este novedoso invento solo trabajan ellos dos y un hombre que los ayuda en la chacra. "Yo me dedico más que nada de la parte numérica y comercial, vender y manejar las redes sociales y él está en la parte solo de producción, pero digamos que somos una pyme", señaló Di Francesco, quien es además analista en sistemas y profesora jubilada. Y añadió que tal vez no le dieron la importancia que ahora ven que tiene, ya que José encaró esto como un hobby y un desafío propio. "Nosotros ya estamos hechos, somos jubilados los dos", contó.
El producto solo se puede conseguir en Neuquén, ya que para ellos lo difícil es la comercialización, tienen que competir con "algo cultural y ancestral como es la leña". Mientras que el biot tiene su costo de mano obra y consumo de combustible y maquinaria.
Luego de que su invento alcanzó mayor conocimiento, varios se pusieron en comunicación con ellos para comercializarlo pero no dan los números. "Porque no es un producto para despachar como despachas una bolsa de leña que todo el mundo lo conoce. Es un producto para venderlo, lo tiene que conocer la gente", explicó la profesora jubilada.
Sus dos bocas de expendios son su casa y la chacra, donde lo hacen, debido a que no le es rentable la distribución.
Para Cristina, el hecho del que el cuidado del medio ambiente y el reciclaje cada día tome más relevancia los ayuda: "Pienso que puede despegar ahora".