Que el resultado se supiera días atrás no impidió que cerca de dos millones de personas se acercaran a la Plaza del Congreso en Capital Federal a lo largo de una jornada helada para una vigilia histórica. Más de mil santafesinas de la capital provincial partieron en colectivos la madrugada del miércoles, y otras tantas emprendieron su viaje en autos particulares repletos hasta con desconocidas. Porque el pañuelo verde une: es el color de la alianza, de saber que la que lo porta no juzgará las decisiones particulares ni dejará morir sola a nadie en la clandestinidad. Todo eso que significa es suficiente para habilitar un asiento en la parte de atrás y compartir la militancia con charla y mate.

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El frío comenzó a calar los tobillos minutos antes del mediodía con los pasos en manada, al ritmo de los bombos, que avanzaron por avenida Callao para llegar a la esquina con Rivadavia. "Alerta, alerta que camina, la lucha feminista por América latina", se escuchaba el canto descoordinado en simultáneo desde distintos puntos cardinales. La alegría por el encuentro tuvo forma de glitter y mandarinas. Entre abrazos y selfies, los maquillajes de colores y gemas decoraron las caras de mujeres de todas las edades. Cooperativas de trabajadores y emprendedores se desplegaron por las calles concurridas para vender comidas o productos y regalar frutas. Además, hubo espacios de información sobre violencia de género, asistencia a la víctima y socorrismo.

Del lado verde, el poroteo se leyó minuto a minuto a través de las cuatro carpas y tres escenarios habilitados, todos a varias cuadras de distancia del Congreso, según la disposición del gobierno local. Entre bandas de música y personalidades políticas, del periodismo o del espectáculo, la información de lo que iba pasando dentro del Senado nacional se comentaba y proyectaba por las pantallas gigantes. Envuelta en una bandera LGTB, un cartel lleno de brillantina blanco y verde dice: "Hagamos percha el patriarcado". Varias paredes fueron intervenidas con pinturas, carteles y hasta con cientos de toallitas higiénicas que contaban historias de mujeres que abortaron en secreto con la ayuda de socorristas en red: "Tuve todos los síntomas juntos, pero por suerte ya estoy bien", leía una adolescente a su amiga sobre el testimonio de otra de 16.

La presencia de chicas de la secundaria fue la que duplicó la multitud de la vigilia del debate en Diputados y la postal de una nueva era política en el país. "Bánquensela porque se la van a tener que bancar", le decía a los senadores la dirigente estudiantil Ofelia Fernández desde el escenario Lohana Berkins y agregaba: "No jueguen con nosotras. ¿Te imaginás a alguna de las que estamos acá dejando al pañuelo verde morir en un cajón? Mejor ni lo pienses porque no somos nosotras las que juegan con hipótesis de cosas que vienen pasando o van a pasar. Lo decimos siempre: el aborto existió, existe y existirá. El patriarcado se va a caer porque si todavía raramente no lo viste, aprendimos a levantarnos. Preparate".

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No faltó el feto gigante de papel maché con el pañuelo celeste de bebé varón con el eslogan "Salvemos las 2 vidas" que ganó popularidad meses atrás en La Plata. La avenida Hipólito Yrigoyen tuvo más concurrencia que el pasado 13 y 14 de junio, pero no fue comparable con las cuadras ocupadas del otro lado de la plaza. A medida que la multitud se acercaba a Callao entrando desde la 9 de Julio, se expusieron tanques de guerra de excombatientes de Malvinas, mientras que distintas carpas católicas y evangelistas brindaron misas para las familias que se acercaban a participar de la concentración.

Los ritmos de las típicas canciones de marchas se podían escuchar en esa vigilia pero sin cantos ni rimas. Los rosarios colgados y fotos de bebés de meses en carteles acompañaban las frases: "No lo mates, dámelo a mí" o "Dios ama a las dos vidas". Desde el escenario principal se escucharon rezos, bandas cristianas, líderes religiosos y diputados nacionales que votaron en contra del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo meses atrás. El operativo policial en esta zona fue mayor a toda hora, con una fuerte custodia de los paneles separadores.

Pasadas las 17, la llovizna, que hasta ese momento se había mantenido intermitente, llegó para quedarse hasta el final de la votación. El viento no corrió a nadie de la calle que con los pies helados, entre paraguas y con las pinturas ya corridas, un grupo de amigas con trenzas cocidas con cintas verdes y violetas se amontonaba en una esquina para indignarse con los comentarios que hizo el senador Urtubey sobre las violaciones: "No nos pueden gobernar estos dinosaurios, se tiene que caer, ¡lo vamos a tirar!", decían con los ojos llenos de bronca al ver los videos en las redes sociales. El conteo seguía 38 a 31 para esa altura. La fiesta siguió igual, de un momento a otro guardaron los celulares, se armó una ronda y comenzaron a cantar: "Abajo el patriarcado. Se va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer".

En la carpa que llevaba el nombre de Ana María Acevedo hubo varias charlas y actividades que brindaron profesionales de la salud por el derecho a decidir. Se contaron experiencias de trabajo y las dificultades en las distintas provincias para la aplicación del protocolo de interrupción legal del embarazo. La presencia de Norma Cuevas se hizo sentir en la marea verde que conquistó las calles porteñas para esperar lo que había anunciado tanto en su exposición en Diputados como en un "pañuelazo" frente al Hospital Iturraspe semanas atrás: "Que nunca más nadie tenga que pasar por lo que pasó mi hija, ni una muerta más". Sobre la madrugada supo que deberá esperar, una vez más.

El clima empeoró sobre las 21, cuando -a pesar de que no quedaba una prenda seca sobre todo para aquellos que habían llegado desde el interior- el horario de votación se definía para pasadas las 2 de la mañana. Esquivando charcos y barro para llegar a la avenida más ancha del mundo de cara al Obelisco, desde los escenarios verdes se anunciaba que a pesar de los resultados, lo que no iba a cambiar era que la contundente concentración en al menos 21 cuadras que rodean al Congreso Nacional del lado norte indicaba un cambio de época. En un contexto donde sin ir más lejos en enero de este mismo año no se pensaba en que se encuentren habilitados los espacios políticos y parlamentarios para discutir la legalización del aborto, el feminismo ganó en territorio, abrió el debate, y enseñó a las estructuras verticales de los partidos tradicionales a hacer y pensar en una nueva política.

La temperatura bajó de manera brutal. Del lado celeste se veían fuegos artificiales y los festejos. La celebración por dejar todo como está hoy duró unos minutos después de que se dieran a conocer los resultados y debieron desconcentrar rápidamente por indicaciones de la policía. Al mismo momento, sobre avenida Rivadavia detuvieron a seis hombres y una mujer que, según fuentes policiales, participó de intentos de agresión a la policía. Antes de todo eso, las manifestantes verdes hicieron fogatas para pasar la helada, otras armaron carpas. También se amontonaron debajo de balcones o techos de edificios vacíos.

Compartieron lo que tenían para tomar, volvieron a comer mandarinas -estaban por todos lados- y contaron lo que les costó llegar hasta acá. Sobre amistades, sus familias, sus parejas, sus historias. Lo que antes no se decía por temor a la muerte, a la discriminación social o a la cárcel, el miércoles se contó todo. El feminismo construyó espacios de lucha, organización y también de contención. Esa batalla se ganó en la calle, con las pibas. "No estás sola", dice un cartel colgado en la carpa de Ana María. Todo lo demás es esperar.