Para curarse de un cáncer, buscó en sueños a su tatarabuela indígena
Mani Pizandawatac para curarse un cáncer de garganta y de ese viaje da cuenta en un unipersonal que acaba de presentar en Buenos Aires.

Sábado 29 de Abril de 2017

Emilie Monnet, actriz, activista por los derechos de los indígenas y descendiente por línea materna de los nativos algonquinos de Canadá, buscó en sueños a su tatarabuela Mani Pizandawatac para curarse un cáncer de garganta y de ese viaje da cuenta en un unipersonal que acaba de presentar en Buenos Aires.

Invitada por la Embajada de Canadá para celebrar la francofonía, la también directora escénica representó en la Alianza Francesa porteña "Okinum" -"dique", en idioma originario-, un manifiesto que desde lo personal encarna lo colectivo y trata la herencia psíquica que pasa de madres a hijas, con una profunda reflexión sobre los muros interiores y la memoria ancestral.

En una entrevista con Télam, la actriz canadienses que reside en Montreal declaró su entusiasmo por discursos y acciones respecto de los indígenas del primer ministro de su país, Justin Trudeau, abogó por que se abran muchos espacios para que los pueblos originarios sean escuchados, y se manifestó en contra del "mito de la princesa buena" de Pocahontas, al considerar que se trata de una niña "violentada igual que la Madre Tierra".

¿Qué significó para los indígenas canadienses la llegada de Justin Trudeau al gobierno en noviembre del 2015?

Fue muy emocionante porque tiene un discurso de equidad para las mujeres, reconoció que los indígenas nunca cedimos las tierras a los blancos y nombró a una mujer indígena como ministra de Justicia (por Jody Wilson-Raybould). Empezó una comisión de mujeres indígenas asesinadas, cuando su antecesor Stephen Harper decía "eso no...". Nos dio esperanzas y ahora esperamos acciones.

¿Cómo se desarrolla tu identidad?¿qué es ser indígena?

Mi mamá es de la nación anishnaabe. Cuando yo era niña siempre íbamos a la comunidad a visitar a los parientes, para las bodas, entierros o a comer comidas, pero yo no crecí con abuelos que me enseñaran las plantas ni el idioma, eso lo estoy aprendiendo. Mi mamá tampoco lo habla pero para mis abuelos era su primer idioma. Lo que pasa es que en Canadá por ley estaba prohibido hablar en idioma originario.

La obra teatral Okinum trata sobre cómo una joven cura el cáncer con medicina natural al reencontrar su identidad indígena.

Cuando me diagnosticaron con cáncer hice una ceremonia y me dijeron "lo podemos disminuir", y yo confié en esa posibilidad. La gente de la comunidad me mandaba medicina y me llevaba a ver médicos tradicionales. Yo tuve mucha suerte. Una curandera me dijo: "Tienes que mirar a tu familia, tus lazos familiares, tienes que amarte a tí misma si te quieres sanar".

Y fue así porque pasa que mi papá es francés y yo siempre sentí que no era bastante algo, siempre sentí como un vacío, el de no ser. Con mi papá nos mudamos a Francia, y cuando volvía no podía hablar con mi familia indígena porque yo no hablaba inglés y me decían "tu eres diferente porque tu papá se llevó a tu mamá" y yo decía "¡no, mi papá es genial, es una buena persona!". Siempre sentía que tenía que defender.

¿Y en Francia cómo era?

En Francia era Pocahontas, me decían "squaw". Algo muy triste y doloroso para mí porque "squaw" -que se usa mucho en Francia- significa "vagina" en algonquino. Es una palabra muy fuerte, muchos creen que es un piropo pero se refiere a una mujer fácil, sucia, algo sexual en la palabra. Para mi es importante que la gente sepa qué significa.

Me decías que las mujeres indígenas del norte de Canadá rechazan el mito de "princesa buena" de Pocahontas.

Pocahontas existió de verdad, tenía 12 años, pero nosotras creemos que ella no eligió sino que fue esclava sexual de John Smith. Después fue secuestrada y murió en Inglaterra, lejos de su familia.

Nosotros enlazamos la historia de la violación de los cuerpos de mujeres indígenas y la violación de la Madre Tierra, la violación de lo femenino, esa puesta individualista de pensar que se puede explotar a la tierra y a los cuerpos femeninos. La Malinche es una historia similar.

En la obra hablás del castor ¿qué representa en el relato oral de los anishnaabe?

El sueño del castor lo tuve cuatro veces y un hombre medicina me contó que la medicina del castor "es la medicina del corazón, la medicina de la familia". El remedio que yo tomaba todos los días crece en los árboles que los castores comen. Después lo vi como una metáfora de la colonización porque los masacraron casi a todos y, por otra parte, la economía de Canadá fue hecha sobre la comercialización de sus pieles.

La tecnología tiene una gran presencia en Okinum.

Yo trabajo mucho con tecnología y aunque uso el tambor no utilizo ropa tradicional. Me gusta la potencia de la tecnología para visibilizar el mundo invisible que es la otra cara de la moneda. Desde la cosmovisión indígena coexisten en una misma realidad. Mis sueños siempre son mi inspiración primera y siento que la tecnología puede visibilizar lo que no se ve con el desafío de permanecer (la tecnología) invisible, que no se sienta. Te permite estar en la casa de un castor o producir ruidos, sonidos, vibraciones que te llevan a otra percepción de la realidad.

¿El proceso de sanación incluyó quimioterapia?

No hice quimio, fue mucho trabajo personal, muchas plantas, médicos tradicionales. Pero eso es un poco secreto.

Decías que por un tiempo sentías que no tenías pertenencia ¿y ahora?

Mi casa está en Montreal, una ciudad donde hay muchos indígenas. Mi trabajo fue reconciliar todas mis partes y es lo que ahora soy. La identidad es la cultura pero también soy mujer, soy artista, soy hermana, soy hija, esas también son mis identidades. Soy indígena por mi mamá pero puedo elegir cómo quiero vivir eso. La cultura no es estática, está en movimiento y en redefinición constante.

¿Qué significa ser activista indígena?

Tenemos una lucha universal que es el medio ambiente. Como mujeres anaashnabe somos cuidadoras del agua, caminamos alrededor de los lagos y hacemos oraciones para purificar las aguas del mundo. Es una enseñanza que tenemos, los hombres son el fuego y las mujeres somos el agua y tiene sentido porque damos vida. Por supuesto me preocupa el estado del mundo porque tenemos profecías que ya se cumplieron. Hay una que se llama "de los 7 fuegos" y ahora estamos en el 7°. Todo lo que dijeron, pasó; entonces, cuando hablan de lo que viene da preocupación.

¿Qué cosas te gustaría que pasen?¿cómo deberían seguir avanzando los indígenas?

Me gustarían más espacios para que se escuchen más voces de indígenas, en las universidades, en la medicina, en el arte. Sus voces son importantes porque pueden dar luz para establecer un equilibrio en este mundo y pienso que pueden ser guías para el futuro. Es cierto que estamos en el peor momento por el medio ambiente, pero hay mucho optimismo por los que van llegando. Es bonito ver la generación de mi madre y la que viene, el orgullo de ser indígena es algo muy fuerte, las voces están más fuertes, tomando más y más poder, eso da esperanza.