El País
Martes 31 de Octubre de 2017

Sara, la tucumana de 80 años que vendió todo y se fue a viajar en motorhome por América latina

Tiene tres hijos, tres nietos y un bisnieto; fue profesora de inglés y una de sus grandes pasiones es viajar sin una ruta trazada ni límites de tiempo

Sara Vallejo vivió casi toda su vida en Tucumán, pero su espíritu viajero la consagra como una ciudadana del mundo, o de ningún lugar en particular. Se define como viajera y no como turista, aunque se empeña en aclarar que "no sabe si hay una diferencia" de significados, pero para ella "viajar es más que conocer un lugar, es conocer su gente, vivenciarlo a fondo", dice, y enumera: "sus comidas, sus olores, sus paisajes, sus amaneceres, sus puestas de sol, en fin, todo lo que te brinda un lugar que te enamora de otra manera".

"Voy a vender mi casa y me voy a comprar un motorhome", les dijo a sus tres hijos hace un año y medio, que al principio le respondieron que estaba loca y no le dieron importancia. Lejos de desechar la idea, la chispita se encendió y desató un incendio difícil de controlar. Vendió su casa, subastó casi todas sus pertenencias, se compró un motorhome y se lanzó a la ruta con una seguridad arrolladora. Una metáfora de su vasta vida.

Sara está jubilada de profesora de inglés, aunque asegura que a lo largo de su vida "se dedicó a mil cosas". La clave, para ella, está en no quedarse quieta y en vivir el presente. "A donde me lleve el viento, encaro para donde tengo ganas en el momento", reafirma.

Esta historia, aunque recién está dando sus primeros pasos, se empezó a gestar años atrás. Su pasión por los viajes la llevó a recorrer varios países del mundo y en múltiples medios de transporte: pasó por casas de familia, por hoteles, por hostels y por cabañas. Se subió a barcos, aviones y micros. Además, es parte de una comunidad de couchsurfers, una modalidad que permite a los viajeros alojarse en casas de residentes locales a un precio accesible. Ser nómade le permitió abordar los viajes de una manera alternativa: "No me gusta estar atada a lo que otra persona pensó por mí ni tener un recorrido fijo, siempre trato de hacerlo con la mayor libertad posible", dice.

El viaje en motorhome surgió en una charla con un amigo, que le sugirió que era lo único que le faltaba hacer. La curiosidad pudo más y despertó una oportunidad que no había considerado jamás. ¿Cómo conseguiría el motorhome? ¿Lo manejaría ella? ¿Adónde iría? ¿Con quién? Los interrogantes no fueron un impedimento para Sara, que siempre intenta concretar lo que se propone, y "si no va, no va, doy vuelta la página y a otra cosa", dice.

Su primera barrera fue la económica, pero derribarla, para Sara, no costó más esfuerzo que una decisión: vender su casa, su auto y "todas sus cosas menos algunas que quedaron en once cajas".

"Paseaba por mi casa, miraba todas mis cosas y pensaba qué iba a hacer con todo eso, hasta que un día empecé: hice unos cartelitos en unos afiches de papel creppe, los puse en la puerta de mi casa y decidí que el sábado siguiente iba a hacer una feria de garage", cuenta Sara, que desplegó afiches en los postes del barrio para que los vecinos se enteraran. "El sábado abrí las puertas, me puse unas mesas en la galería y fui acumulando todas las cosas de las que me podía desprender porque no me iban a servir en esta aventura, y así fue que con papelitos y cartelitos pinchados por alfileres puse precios: $ 20, $ 40, $ 100 era lo máximo, y rematé todo a amigos y vecinos que se llevaron lo que a ellos les gustaba", detalla.

Fuente: La Nación