Lunes 21 de Octubre de 2019
"Si hay un sector que sufrió las políticas económicas y las medidas que tomó el gobierno de Mauricio Macri fuimos los jóvenes. En términos de conseguir un laburo, precarización si tenés un laburo y en no llegar a fin de mes, todo eso se ve muchísimo en los jóvenes. Los más perjudicados por este modelo fueron los jóvenes", aseguró Ignacio Rico en su visita a la redacción de UNO Santa Fe.
El joven, de 29 años, es referente del Movimiento Evita en la provincia y de la CTEP, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Integra la lista de diputados nacionales del Frente de Todos y dijo que la economía popular debería ser una política de Estado en la Argentina.
—¿Cuál es el trabajo que vienen haciendo desde el Movimiento Evita y la CTEP?
—Desde el Movimiento Evita y la CTEP, que es una especie de entidad gremial que supimos conformar, en este contexto de crisis hacemos cosas que antes no hacíamos. Desde la CTEP, esta especie de sindicato de los excluidos, lo que hacemos es representar a la mayoría de los argentinos que viven en un país sin derechos. La mayoría de los trabajadores están dentro de un convenio colectivo que implica vacaciones pagas, aguinaldo, un salario que se puede discutir en una paritaria, que tiene aportes jubilatorios y una obra social. Nosotros trabajamos con vecinos de barrios populares que no tienen ninguno de estos derechos que fueron consagrados desde mediados del siglo XX. Por eso decimos que nuestros compañeros viven en una Argentina preperonista. En ese sentido entendemos que el mundo cambió mucho, sobre todo el mundo del trabajo, y que hoy en la Argentina, en cualquier rubro de la economía, se produce el doble con la mitad de los trabajadores que hace 50 años. Eso pasa por dos elementos: primero porque se acentúa un un perfil agroexportador en la Argentina que genera dólares pero no puestos de trabajo. El segundo elemento lo simboliza el teléfono celular que todos tenemos en el bolsillo, que es la tecnología que hizo que hoy en la producción se reemplacen muchísimos trabajadores. Toda esa masa de argentinos son los que fueron relegados a partir de la exclusión del trabajo formal, la expulsión de las fábricas y que tuvieron que inventarse su propio trabajo y vivir día a día.
—¿A dónde apuntan con ese trabajo que vienen haciendo?
—Nosotros representamos a lo que le llamamos la Argentina sin derechos. Nuestro trabajo apunta a resolver lo que creemos que es neurálgico y que es prioritario para construir un país digno y sustentable en el tiempo. Si no incorporamos y le devolvemos los derechos a los argentinos va a ser muy difícil vivir en un país donde todos podamos vivir dignamente. En tiempos del macrismo donde la capacidad instalada está como mucho en el 50%, desde la economía popular queremos demostrar que este es un sector que puede generar muchísimos puestos de trabajo y que en la adversidad de vivir en la Argentina de Macri generamos más puestos de trabajo que la General Motors. En los últimos dos años, a través de capacitaciones, hicimos una especie de programa de unidades productivas. Lo que hacemos es tomar los oficios tradicionales que van desde la herrería, la carpintería, fraccionamiento de alimentos, huerta comunitaria, panificación, textil, serigrafía, entre otros, y conformar con los vecinos las unidades productivas y salir a buscar un mercado.
—¿Se van moviendo en el territorio?
—En la ciudad de Rosario tenemos unas 30 unidades productivas que implican 12 puestos de trabajo cada una. Son unos 300 vecinos que trabajan en el marco de la economía popular en Rosario. Mientras que en la provincia hemos creado unos 700 puestos de trabajo. No es mucho, pero si lo pudimos hacer en momentos de crisis, en una Argentina que avanza, que crece, que se reconstruye sabemos que la economía popular es un elemento esencial para poner de pie al país.
—¿La idea es que si Alberto Fernández llega a la presidencia la economía popular sea una política de Estado?
—Exactamente. Por eso desde los movimientos sociales queremos ser parte de la reconstrucción de la Argentina. Para nosotros, como para millones de argentinos, eso viene de la mano de Alberto Fernández. Creo que eso nos va a permitir a todos salir de un lugar muy feo en el que estuvimos en los últimos años y que es la famosa grieta, que es el negocio de unos pocos y que le sale muy caro al pueblo argentino. Nos quieren hacer creer que la discusión política es como la de un partido de fútbol entre Boca y River. Nosotros creemos que la única grieta real que existe es la que está entre los que tenemos la posibilidad de poner dos platos de comida arriba de la mesa y los que no tienen para comer. Salvada esa grieta, creo que cuando decimos que queremos trabajo digno y un salario que alcance no hay grieta entre los argentinos; cuando queremos poner a las economías regionales, no hay grieta; cuando queremos bajar la inflación, cuando queremos defender la industria, no hay grieta. Creemos que Alberto Fernández encarna la salida de la grieta.
—¿Cómo estructuraron ese trabajo?
—Hicimos un relevamiento que dio origen al registro de barrios populares. A partir de ese trabajo, que hicimos junto al gobierno nacional y los provinciales, sabemos quiénes son los argentinos y dónde viven los que no tienen los servicios básicos esenciales para vivir dignamente. En la Argentina hay 4.000 barrios populares donde viven unos 4,5 millones de hermanos de los cuales el 90 por ciento no tiene acceso a agua potable, el 70 por ciento no tiene conexión regular a la red eléctrica, el 99 por ciento no tiene cloacas, muchas veces esos barrios son basurales a cielo abierto donde no entra el camión recolector de residuos, donde tampoco puede entrar una ambulancia cuando hay enfermos. Una de las cosas fundamentales que tenemos que resolver en la Argentina es la urbanización de esos barrios populares que va a generar puestos de trabajo desde la economía popular y también va a mejorar el hábitat.
—¿En esos barrios la mayor parte de los trabajadores son informales?
—Otro de los datos que obtuvimos de ese relevamiento fue que solo dos de cada 10 personas que viven en villas o barrios populares tienen trabajo en blanco. Las otras ocho personas laburan en lo que nosotros llamamos economía popular. Es un fenómeno que existe, lo que tenemos que hacer es dignificar eso. No me gusta cuando dicen que "muchos argentinos viven de los planes" porque el que no labura no puede vivir. Todos changuean, todos se inventan el trabajo. Lo que tenemos que hacer es encontrar la manera de generar un trabajo asociativo y dignificarlo. Desde la CTEP y el Movimiento Evita dimos sobrados ejemplos de cómo se puede hacer eso desde el Estado. Nosotros que somos jóvenes que empezamos a integrar una lista queremos hacer cosas nuevas, buscar nuevas soluciones a los problemas que la dirigencia política no pudo resolver en los últimos 35 años de democracia.
—¿Cómo analizan la aprobación de la emergencia alimentaria?
—Hay cosas que las venimos haciendo hace décadas y otras que las tenemos que hacer ahora. Una de esas que empezamos a hacer en los últimos años es la que tiene que ver con un problema que se tendría que haber resuelto hace uno o dos siglos. En la Argentina, un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas, que haya hambre es incomprensible. Desde nuestros comedores y merenderos y desde los distintos movimientos sociales que son los que alimentan a quienes no tienen para comer en las distintas barriadas populares lo venimos pidiendo desde hace tiempo. Por eso estamos satisfechos con que se haya aprobado por unanimidad la emergencia alimentaria, pero no es algo que vamos a festejar. Lo que queremos desde los movimientos sociales es tener que cerrar nuestros comedores y merenderos porque los argentinos recuperaron el trabajo, sus ingresos y los hijos vuelven a comer en sus casas, que es donde tienen que estar. Nos gustaría discutir la educación, cosas más importantes para la Argentina y no cosas tan urgentes como es el hambre.
—¿Por qué hay que votar al Frente de Todos el domingo?
—El Frente de Todos tiene una novedad que es que todos los que veníamos oponiéndonos al gobierno de Mauricio Macri veníamos caminando por calles y veredas separadas. Lo que la candidatura de Alberto Fernández permite es que nos podamos unir en un proceso por sobre las diferencias y construyendo puentes donde había muros. En eso, hoy los movimientos sociales son ineludibles. Así como en el Frente de Todos tenemos espacios que representan a las pymes, a distintos sectores del peronismo, del progresismo, a mí me toca representar los intereses y la voz de los movimientos sociales, de los más humildes.
—¿Qué se juega el 27 de octubre?
—La posibilidad de que salgamos del infierno; de que si la Argentina está al borde del precipicio no nos caigamos. Nos jugamos la posibilidad de que reconstruyamos el país desde sus cimientos y que peleemos para que en el futuro la dignidad no sea un privilegio sino un derecho de todos. Queremos devolverle la nobleza a la política que muchos políticos le robaron. Vemos que de la mano de Alberto Fernández la Argentina va a salir a flote, encendiendo la economía, volviendo a poner en marcha el mercado interno, fortaleciendo el salario y el ingreso de los jubilados.