"Ezequiel no aceptaba un 'no'"
Lo dijo el director de la escuela Héroes de Malvinas, adonde iba el niño que fue asesinado en la masacre de Mendoza. Indicó que tenía reacciones emotivas fuertes y que le costaban los límites.

Miércoles 14 de Diciembre de 2011

“Ezequiel no aceptaba ni un ‘no’, ni un ‘ni’; no reconocías límites”. Así lo describió ayer Sergio Quevedo, director de la escuela Héroes de Malvinas, al recordar al niño de 10 años asesinado a puñaladas el jueves pasado en el barrio 8 de Mayo, de Las Heras, junto a su madre, Mónica Miguel, y sus abuelos Alí y Sara.

A pesar de su muerte a manos de su vecino de 13 años, Ezequiel ha sido señalado por el sobreviviente como el autor de la masacre. Allegados a su familia incluso han dado por creíble esa versión, debido a los trastornos de conducta que padecía.

Sin embargo, el directivo no entró en especulaciones sobre si el pequeño de 10 años que había pasado por su escuela podía ser capaz de ejecutar semejante matanza.

Todavía asombrado por lo sucedido, recordó que Ezequiel Miguel asistió a la escuela Héroes de Malvinas en los últimos dos años, adonde llegó con reportes de problemas de conducta desde el colegio Mariano Moreno.

Esos problemas de comportamiento se confirmaron en el establecimiento, a tal punto que en los últimos días se estaba tramitando el ingreso de Ezequiel a un programa de educación domiciliaria.

Quevedo, quien fue maestro de Ezequiel y ahora es director de la escuela, que tiene 240 estudiantes, tuvo que dedicar un lapso de la jornada de ayer a hablar con los alumnos y también con los padres.

“Hablamos con los chicos y les dijimos que lo único que nos quedaba era elevar una oración para él, por el descanso de su alma. Y después se habló con los papás; se les sugirió que no pierdan la atención sobre ellos, que no los pierdan de vista”.

Le costaban los límites

Al referirse a la conducta del niño, Quevedo detalló: “Lo de Ezequiel no eran problemas de conductas comunes. Acá, los límites no los respetaba. Le costaba el ‘no’. El ‘no’, para él, era algo que no podía aceptar”.

Explicó: “Él tenía explosiones emotivas fuertes, que nosotros tratábamos de contener lo mejor posible con el asesoramiento del gabinete psicopedagógico”.

Precisó además que “sufría trastornos de déficit atencional. Era muy poco lo que se lo podía llegar a tener concentrado en el aula”.

“Se le hacía una evaluación de proceso permanente. Se lo hacía trabajar en la pizarra para que se sintiera más importante y respondía muy bien. Es decir tenía rapidez en muchas cosas y, por otra parte, su atención era muy dispersa”, graficó.

No obstante, Quevedo respondió que no era un caso especial y que estaba “dentro del rango de chicos que acusan algún inconveniente dentro de cualquier escuela”.

El director recordó la preocupación permanente de la madre, Mónica, quien lo llevaba dos veces a la semana a una psicóloga, y del padrino del menor, Rubén Molina, quien siempre iba a la escuela. “Era al único al que respetaba”, respondió.

El directivo confirmó: “Nunca se nos informó que padeciera de esquizofrenia”.

Alejandro Gamero - de Mendoza

agamero@diariouno.net.ar