Fingió estar embarazada para casarse y la justicia lo anuló

La Sala II de la Cámara Civil y Comercial de San Isidro declaró la nulidad de un matrimonio donde la mujer simuló estar embarazada para evitar la ruptura de su noviazgo y convencer a su pareja de casarse. 

Miércoles 19 de Noviembre de 2014

La Sala II de la Cámara Civil y Comercial de San Isidro declaró la nulidad de un matrimonio donde la mujer simuló estar embarazada para evitar la ruptura de su noviazgo y convencer a su pareja de casarse. No solo falsificó estudios médicos, también modificó su apariencia para simular un estado de embarazo. Los camaristas determinaron que hubo “vicio de consentimiento”.

El 21 de octubre pasado, la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de San Isidro  declaró la nulidad de un matrimonio celebrado en 2006 por considerar  que la decisión de la pareja de contraer matrimonio fue producto de un consenso que estaba viciado desde el origen. La mujer  había fingido estar embarazada para evitar la ruptura del noviazgo.

Todo por el casamiento

En enero del 2006, a sus 25 años, él habla con  su pareja  y le comunica su decisión de romper finalmente el noviazgo, momento en el cual ella le avisa que está embarazada. Como consecuencia de ello, habiéndose conocido en la iglesia y siendo de firmes convicciones religiosas, apenas un mes después, contraen matrimonio y se van a vivir juntos, cumpliendo con todos los deberes conyugales del caso. 

Desde que ella le dio la noticia de su falso embarazo, hasta la llegada del presunto parto, estipulado para agosto del 2006, ella fue mostrándole a su marido estudios médicos fraguados que rebelaban su supuesto estado de embarazada. Desde estudios clínicos que daban fe de su embarazo,  hasta ecografías ginecológicas con imágenes del feto. La mujer, en el correr de los meses, procuró tratar de ajustar su apariencia a las de una mujer embarazada, motivo por el cual se preocupó por comer bastante más de lo habitual, con lo que consiguió engordar lo suficiente para simular el embarazo ante los ojos de su marido. El problema, apareció cuando llegada la fecha del parto programado, ella se negaba a asistir al hospital, lo que derivó en una fuerte pelea en la pareja, hasta que ella finalmente admitió que el embarazo era un engaño inventado con la finalidad de no romper el noviazgo. Él, lógicamente enojado, se fue del hogar y la denunció ese mismo mes.

No obstante, el juez de primera instancia, teniendo conocimiento de lo anteriormente señalado, dijo que la nulidad del matrimonio solo puede hacerse “frente a hechos objetivamente comprobados” y que “pese al engaño que la demandada había admitido desplegar para forzar el casamiento, la prueba producida por el actor no era contundente, ni bastaba con el mentado reconocimiento de la accionada para acceder a la nulidad pretendida”.  También  valoró que el demandante no pudo “durante 9 meses albergar la idea del embarazo, sobre todo en orden a la apariencia física de la demandada (que se limitó a comer)” y  además  “que a los padres no les constaba el embarazo de su hija”. En consecuencia, pese a todo, desestimó la demanda porque consideró que el engaño no estaba probado.

Cuando el consentimiento está viciado

Los camaristas, por su parte, consideraron que existía prueba suficiente para afirmar que el demandante se casó porque la accionada le transmitió que estaba embarazada. En el expediente constaban los documentos que aquélla confeccionó y entregó para hacerle creer que estaba embarazada, las fotografías que demostraron un cambio físico en la mujer tendiente a engañarlo con la idea del embarazo, y declaraciones de testigos.

En su voto, la jueza Nuevo dijo que  “el consentimiento para la existencia del matrimonio debe ser pleno y libre”, es decir que “la expresión libre y formal  refleje la voluntad real” de la pareja. En virtud de eso, entendió que el vicio del consentimiento se produce cuando existe un error por parte de un miembro de la pareja, por falta de conocimiento respecto de las cualidades personales o de las intenciones del otro integrante, siempre que quede demostrado que quien lo sufrió no habría aprobado el matrimonio si hubiese conocido el estado de cosas y apreciado razonablemente la unión que contraía, dice el fallo.

Sostuvo además que en el caso el vicio de consentimiento se daba  como consecuencia del “error por dolo”, inducido por el otro miembro de la pareja.

También señaló que  el hombre “al enterarse de su posible paternidad, era soltero, no tenía hijos y quien le daba la noticia de la paternidad no era para él una persona extraña sino alguien con quien había mantenido un determinado soporte de relación y que aparte había conocido en la iglesia” que también actuó “con razonabilidad propia de una persona de 25 años de edad que sería nada menos padre por primera vez” y  que no puede reprochársele haber actuado con ligereza  “ya que la demandada era su novia y mantenía con ella relaciones sexuales; y frente a los instrumentos que la misma elaboró, no era razonable que el actor, por su cuenta, fuera a los lugares donde supuestamente se atendía la accionada e indagara a los médicos o recabara o cotejara los análisis que su pareja le enseñaba, conducta que hasta podría agraviar la sensibilidad de una embarazada primeriza”, dice el fallo.

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