Fuertes quebró otra barrera

El delantero logró igualar la marca de presencias en la historia del club sabalero. Ante Rafaela quedará en soledad como el jugador que más veces se puso la Sangre y Luto.

Domingo 06 de Noviembre de 2011

Leandro Buttarazzi

ovacion@unosantafe.com.ar

Llegó en silencio y con ganas de triunfar. Venía de jugar poco y quería tener protagonismo en un equipo del interior, algo que no logró conseguir ni en Independiente ni tampoco en Racing. Tuvo que esperar pocos minutos para empezar a festejar goles. Fueron llegando emociones a diario y la gente comenzó un romance que será amor eterno. Esteban Oscar Fuertes se fue del estadio Monumental de Victoria con una sensación agridulce. Sabía que cuando encabezó la salida al campo de Tigre el partido se convertiría en el número 284, aquella cifra que desde hace 30 años conservaba Ernesto Bambi Araos. El goleador de Dorrego pasó por todas. Desde largas lesiones que impidieron su continuidad hasta pases al extranjero para siempre volver.

Si hasta después de ganar su único título con River Plate decidió pegar la vuelta al barrio Centenario.

Julio César Falcioni pareció retirarlo cuando no lo tenía en cuenta. Bichi cruzó la Cordillera, siguió haciendo goles con Universidad Católica y Colón volvió a cobijarlo después de otra dura lesión.

Fue el retorno para quebrar todas las marcas. Tal vez el tiempo no le alcance para empardar al Chengo Cantelli, pero si resuelve irse a fin de año como se rumorea, su marca quedará guardada por mucho tiempo en Colón. Hacer casi 150 goles y quedar al filo de 300 partidos con la misma camiseta en diversas etapas es muy ponderable. Tuvo el privilegio de romper redes en cantidad para ser el máximo artillero del certamen en el Torneo Clausura 2000.

Fuertes siente íntimamente que la cuenta pendiente será no salir campeón con el club al cual aprendió a querer. Las páginas serán amarillas, los videos volverán a emitirse, las fotos con el puño cerrado y el 20 en la espalda seguirán existiendo y se hablará en todo momento del olfato de un laburante, de un tipo que viniendo de una familia pobre y numerosa, encontró en el fútbol tantas alegrías para llenar su boca de gol en todas las canchas del mundo.

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