Jueves 28 de Julio de 2022
Este 28 de julio se celebra el Día Mundial contra la Hepatitis con el fin de concientizar del flagelo mundial que significan las hepatitis virales e impulsar iniciativas para concertar una estrategia global en el sector de la salud. Si bien una hepatitis se puede deber al abuso de alcohol, a la obesidad o al consumo de algunos medicamentos, esta jornada está más enfocada en las hepatitis producidas por virus.
En la Argentina hay 200.000 personas que tienen alguna forma de hepatitis y el 50 por ciento lo ignora, que es una cosa equivalente a la que pasa en el mundo.
La designación de esta fecha data de 2010 por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en homenaje al natalicio del Dr. Baruch Samuel Blumberg, descubridor del virus de la hepatitis B.
Según la OMS, alrededor de 257 millones de personas tienen hepatitis B crónica y 71 millones de personas con hepatitis C crónica en todo el mundo. Esta enfermedad causa más de un millón de muertes cada año y la mortalidad anual mundial es comparable a la del VIH, la tuberculosis o el paludismo, y es probable que supere el número de víctimas de esas tres enfermedades combinadas para 2040, en el marco del statu quo actual.
Qué son las hepatitis virales y cuáles son sus tipos
Las hepatitis virales constituyen un grupo de enfermedades infecciosas conocidas como hepatitis A, B, C, D y E. Afectan a millones de personas en el mundo y causan enfermedad del hígado, tanto aguda como crónica.
La Hepatitis A por lo general se transmite cuando una persona ingiere el virus mediante el contacto con objetos, bebidas o alimentos contaminados con pequeñas e indetectables cantidades de materia fecal o heces de una persona infectada. No causa una infección crónica para toda la vida y raramente es mortal, pero puede producir síntomas graves. La vacunación es la mejor manera de prevenir la hepatitis A, pero también lo son la buena higiene de las manos y las mejores condiciones sanitarias, así como mayor seguridad de los alimentos.
La Hepatitis B se transmite con mayor frecuencia de una madre infectada a su bebé al momento del nacimiento y entre los niños que no se vacunaron. Aunque las personas también se pueden infectar a través del contacto con la sangre y otros líquidos corporales mediante el uso de drogas inyectables, equipo médico no esterilizado y el contacto sexual.
Este tipo puede variar desde una afección leve que dure pocas semanas hasta una enfermedad grave y crónica. Si una persona se infecta al nacer o durante la primera infancia, es más probable que presente una infección crónica, lo que puede causar cirrosis o incluso cáncer de hígado. En ese sentido, la vacuna contra la hepatitis B es la forma más eficaz de prevenir esta enfermedad. La OMS recomienda que todos los bebés reciban esta vacuna tan pronto como sea posible después del nacimiento, seguida de dos a tres dosis adicionales.
La Hepatitis C se transmite mediante el contacto con la sangre de una persona infectada. También se puede transmitir, aunque es muy raro que ocurra, de una mamá infectada a su bebé durante el parto. Puede causar tanto infecciones agudas como crónicas, pero en la mayoría de las personas infectadas se produce una infección crónica. Entre aquellos con infección crónica, una cantidad significativa presentará cirrosis o cáncer de hígado. Con nuevos tratamientos, más del 90% de las personas con hepatitis C pueden curarse en dos o tres meses, lo cual reduce el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis. En la actualidad, no existe una vacuna contra la hepatitis C, pero hay investigaciones en curso en esta área.
Con respecto a la hepatitis C, el 20 por ciento de los que tienen VIH, también tienen hepatitis C. Esa es la que más fácilmente se puede transformar en cáncer, si uno no hace el tratamiento apropiado.
La Hepatitis D se transmite mediante el contacto con sangre infectada, quienes no estén infectados con hepatitis B, pueden prevenir la hepatitis D vacunándose contra la hepatitis B.
Por último, la Hepatitis E se transmite principalmente a través de agua contaminada. Sin embargo, las mujeres embarazadas que tengan hepatitis E están en considerable riesgo de morir debido a esta infección. La mejor calidad del agua y de las condiciones sanitarias puede ayudar a prevenir nuevos casos de hepatitis E.