Lunes 01 de Diciembre de 2014
Tenemos dos modelos que hemos visto en nuestra infancia de discusión. El primer modelo es cuando alguien discutía en casa, no se hablaba del asunto pero todo el mundo estaba con cara de perro. Te sentabas a la mesa y todo el mundo en silencio. Nadie pronunciaba una palabra, no se hablaba de lo que había pasado, pero todos andaban con cara de enojados.
El segundo modelo es el de atacar, donde todos se pelean con todos, gritaban y la familia era una guerra campal.
Tenemos lamentablemente el concepto de que discutir es algo negativo, algo malo, que a veces es preferible tapar, es preferible no seguir hablando del asunto. Esto es lo que pasa en las relaciones de pareja y también en las familias, porque les enseñamos a nuestros hijos cómo discutir, nos ven a nosotros discutir y les enseñamos cómo afrontar una discusión.
El problema en una pareja, en una familia, no es discutir por temas porque pensamos diferentes; el problema en casa no es que pensamos diferente, porque desde que nos conocimos pensamos diferentes. El gran conflicto no es eso, porque uno puede pensar diferente y enriquecerse con lo que el otro piensa o puede decir, bueno, te respeto lo que pensás. El problema no es discutir por temas en los que pensamos diferente sino en la manera en que los discutimos.
Te voy a dar un ejemplo: la famosa pelea en casa. ¿Por qué dejaste la pasta de dientes abierta? ¿Por qué no le pusiste la tapita? Y cuando el dentífrico se empieza a endurecer y el que agarra el cepillo de dientes no sabe cómo sacar eso primero para que salga la pasta, es la gran discusión.
Comienzan a aparecer sentimientos. Por ejemplo, ella se enoja porque él dejó la tapa del dentífrico abierta en el baño. Se empieza a enojar y si no entendemos que el otro tiene un mundo interior distinto al mío, no voy a poder enfrentar o afrontar esta discusión.
¿Qué le pasa a ella? Le dijo tantas veces que tapara la pasta de dientes y como él no le hace caso, como sigue haciendo lo que le parece, ella siente que no la escucha, que no la tiene en cuenta, que no le parece importante lo que ella habla. Se siente ninguneada por él.
El problema básico no es el dentífrico abierto sino lo que ella siente, la explicación que le da a ese hecho que él hace. Siempre tenés que pensar que cuando alguien se enoja por algo, necesitamos pensar ¿por qué en realidad se está enojando? ¿Qué es lo que está pensando? ¿De qué manera lo está pensando? Ella dice: si él no cierra la pasta de dientes es porque no me escucha y si me escuchó no le interesa y sigue haciendo lo que le parece. Él siente que lo que ella le está diciendo no es tan importante. ¿Cuál es el problema si dejo la pasta de dientes abierta? ¿Es muy grave? Para él eso no es un problema, se lava los dientes y deja la pasta abierta porque para él eso no es importante.
Entonces… ¿Qué hacer? ¿Cómo podemos poner pautas para llevarnos mejor? Porque si a esta mujer le preocupa tanto la pasta de dientes y el problema es ese, sabe que puede ir a comprar otra más sencilla cuya tapa no se sale, a lo sumo no la cerrarás, pero es más fácil que la otra. Hay manera de resolver un conflicto si no querés pelear, si no querés discutir, podés no hacerlo, tenés que buscar otras estrategias.
Veamos algunas pautas
—Primero: Tengo que ver que no siempre el conflicto es negativo. Si empiezo a entender que a veces el conflicto puede ser algo positivo, si no le tengo miedo al conflicto, a la discusión. No estoy hablando de pelea, de violencia, estoy hablando de discutir ideas. Si no le tengo miedo, lo veo como algo positivo, entiendo que el conflicto en una familia, en una pareja es normal. Porque hay personas que creen que van a formar una pareja y no se van a pelear nunca y a la primera pelea ya no saben más qué hacer, porque pensaron que una pareja que se llevaba bien no discutía nunca.
Si te das cuenta de que discutir en un conflicto es normal y que ese conflicto si querés puede terminar bien, no le vas a tener tanto miedo y vas a enfrentar la discusión bajando el nivel de ansiedad. Porque de esta situación puedo aprender algo, el otro puede aprender algo, podemos salir ganando algo. Tal vez discutamos una sola vez y ya arreglamos el tema y no tenemos que discutir nunca más.
Otro de los puntos importantes es que aceptes la responsabilidad. ¿Qué significa? Que las peleas ocurren porque hay dos que alimentan la pelea. Si no quiero pelear, no hay pelea. Hay dos que alimentan la pelea. ¿Qué podría hacer diferente cuando discutimos? No qué podría hacer el otro sino qué podría hacer diferente yo cuando discuto con mis hijos o cuando discuto con mi pareja.
Esta es una pregunta muy importante porque tenés que encontrar nuevas maneras de resolver situaciones, porque si no siempre te vas a pelear por lo mismo y vas a discutir por las mismas situaciones. ¿Podría yo actuar en esta pelea que no quiero y que no quiero que vuelva a ocurrir de una manera diferente?
—En segundo lugar: preguntarte ¿qué clase de persona querés ser y qué tipo de relación querés tener? Otro de los puntos es tratar de entender el mundo interno de la otra persona. Todos tenemos reglas internas que tal vez el otro no las entienda. Son nuestras reglas porque son las que aprendimos en nuestra infancia, las que tenemos incorporadas por las experiencias que hemos vivido en la infancia. Son reglas de oro que para nosotros son importantes. Si para mí es importante que la pasta de dientes esté cerrada, es una regla que yo tengo, vaya a saber por qué me vino pero está ahí. Tengo que entender que el otro tiene un mundo y en su mundo hay reglas que no son las mías, pero que son las de él.
Entender no quiere decir justificar. Entender significa “te entiendo”, nada más.
Y tenemos que saber respetar las reglas del otro que para el otro son importantes. Si a ella le gusta poner la taza así con la manija afuera, no le digas: eso es una tontería, no, porque son las reglas y los parámetros del otro. Para el otro no es una tontería y lo peor que podrías hacer es no validar lo que el otro piensa o siente.
—Otro de los puntos es comunicar sentimientos y no juicios. Me estoy refiriendo a una familia donde supuestamente hay un vínculo afectivo de amor. Lo más importante es preservar la relación a largo plazo porque vamos a seguir juntos, porque tal vez nos vamos a seguir peleando por otros problemas, tenemos que preservar la relación antes que tener la razón.
El vínculo es más importante que ganar una pelea. No quiero destruir al otro. No es que quiero salirme con la mía sino que quiero seguir conservando la relación.
Un escritor muy famoso dice que “en las peleas y discusiones está yo, tú y nosotros y en la pelea, si no la sabemos manejar, lo que se destruye es el nosotros justamente”. Entonces, lo que tenemos que preservar es ese vínculo de amor.
Tengamos presente que en una relación de amor y de afecto, el vínculo es lo más importante.
Alejandra Satamateas / Especial para Suplemento Ser UN@