“Cuando sientan que su corazón empieza a llorar, van a estar más cerca de Dios”
La visita de Francisco a Brasil. Un joven entrerriano fue uno de los elegidos ayer para almorzar con el Papa. Contó a UNO Medios los entretelones de la emotiva reunión.

Sábado 27 de Julio de 2013

Marcelo Galeano tiene 23 años y fue el único argentino elegido entre 12 jóvenes para almorzar con el Papa Francisco ayer.

Marcelo es oriundo de La Paz, Entre Ríos y está trabajando como voluntario en Río de Janeiro. En la reunión estuvieron, además, jóvenes representantes de Portugal, Rusia, Sri Lanka, Nueva Zelanda, Francia y Colombia.

"Fue un encuentro maravilloso, estábamos muy distendidos, aunque reconozco que mudos de la emoción. El Papa nos preguntó: «¿Porqué están tan callados?», y así rompió el hielo y el almuerzo fue como una comida en familia", recordó Marcelo en diálogo con La Capital, todavía conmovido por lo que le tocó vivir.

Al joven le impactó que el Papa se esforzara por hablar lentamente para que todos le pudieran entender. Y también cómo los escuchó. Quiso saber cómo estaban en sus países, y luego los interpeló con preguntas directas, y pidió que respondieran de cara a Dios: "¿Por qué ustedes están aquí? ¿Por qué hay pobres en la calle que mueren de hambre? ¿Por qué hay gente injustamente sin trabajo? Cuando tengan una respuesta a esto y sientan que su corazón empieza a llorar, ahí van a estar más cerca de Dios", les aseguró, y los interpeló a trabajar más por la dignidad de las personas.

En ese diálogo intercambiaron inquietudes, se rieron y también lloraron. "Fue fuerte conocer la situación que viven los católicos en otras partes del mundo", señaló Marcelo.

Dijo que el Papa también les preguntó qué hacía cada uno por la Iglesia y les habló de la importancia de la esperanza. También destacó la figura de los abuelos en la familia, aludiendo a la santa del día, santa Ana, madre de la Virgen María.

También los animó a buscar un director espiritual en la vida, alguien que los acompañe en el camino hacia Dios. "El Papa también tiene un confesor y una persona que lo acompaña en su encuentro espiritual", manifestó Francisco en este encuentro.

Marcelo aún no sabe por qué lo eligieron a él para asistir al almuerzo con el pontífice. Está desde abril trabajando como voluntario en la JMJ, haciendo las traducciones de los textos del portugués al español. Un viernes, antes de que empezara el encuentro mundial, fue a una vigilia a la catedral y un sacerdote, que también está trabajando en la Jornada, le pidió que se quedara un rato rezando. "Le dije que como no, y en ese momento me abrazó fuerte y me dijo: rezá porque vas a almorzar con el Papa". Marcelo estalló en un grito de felicidad. No lo podía creer que le estuviera pasando aquello. No se considera especial, sólo un hijo más de la Iglesia que compartió una comida con su padre común.

Este joven, que ayer almorzó en una comida distendida con el Pontífice nació La Paz, Entre Ríos. Fue a una escuela pública y terminó los últimos años del secundario en un colegio católico. En el 2007, al terminar realizó una formación con el movimiento católico llamado Puntos Corazón, cuyo carisma es la compasión y estar cerca del que sufre. Más tarde estudió ayudante terapéutico.

Con el movimiento realizó misiones en todo el país y en el 2009 viajó a Bahía (Brasil) para hacer un trabajo social en una favela. La experiencia fue fuerte y le sirvió para conocer otras realidades y "abrir la mente", explica porque "uno cree que solo en su parroquia o en su país hay problemas o pasan cosas, y en realidad no es así", asegura.

Al terminar su misión en Brasil pasó por Río de Janeiro cuando justo se hacía la presentación oficial de esta ciudad como candidata para ser sede de la JMJ. Ahí se prometió que si la Jornada se hacía en Río, viajaría para trabajar como voluntario. Y así lo hizo.

—¿Qué te llevás de la JMJ y de este encuentro en particular?

—Vuelvo a mi casa, a La Paz, con muchas inquietudes y también expectativas.

—¿Pensás en ser sacerdote?

—Todos en algún momento piensan en consagrarse de forma permanente, pero creo que primero la fe pasa por vivirla en lo de todos los días, en lo cotidiano y para esto no hace falta tener una consagración especial. Yo la vivo como laico, como un fiel más. No solo deben comprometerse en el trabajo por la Iglesia los consagrados, creo que debemos hacerlo todos y vivir nuestra fe en la vida diaria, desde que te levantás hasta que te acostás.

—¿Qué impresión te dejó el Papa?

—Es un padre. Un hombre que a pesar de ser el Papa sigue siendo un pastor, sigue cultivando las amistades, se sigue riendo como siempre y rompiendo estructuras que a veces hasta hacen daño.

—¿Debería cambiar algo en la Iglesia?

—Creo que sí. Lo dijo el Papa, la historia avanza, no podemos vivir hacia el pasado sino hacia el futuro. Creo que la Iglesia no es la misma que en el siglo III. El Papa nos está mostrando que hay que dejar de ser patriarcas para ser más pastores y padres que acompañen a sus ovejas, y esto no sólo es para obispos y sacerdotes, sino para todos los laicos porque también en las parroquias a veces hay "mucho cacique" y creo que el Papa nos está invitando a ser "indios", ovejas que vayan al encuentro con Dios.

Al finalizar el almuerzo, el Papa les regaló un rosario a cada uno y una medalla representativa de su pontificado. Y no faltó el fuerte abrazo paternal que Marcelo definió como un gesto propio de un papá.