Dios curó todo, y más
Leé el testimonio de Elsa, una vecina de barrio El Pozo.  

Domingo 08 de Diciembre de 2013

Vine buscando sanación emocional, espiritual y a interceder por un problema familiar. La primera noche escuché un mensaje que me decía “de a poco”, y me quedé conforme. Yo no pensaba en mí. Luego del momento de oración y sanación, el padre dijo:“¿Nadie sintió nada? ¿Nadie se curó de nada? Revísense”.

Y la verdad es que no venía buscando un alivio físico, aunque reparé en que traía dos problemas, no graves, aunque sí muy molestos: una inflamación en la articulación de la cadera que llevaba tres meses de tratamiento y tres infiltraciones porque sufría mucho dolor, que nunca había calmado. Inmediatamente me di cuenta ya no sentía nada.

También, desde hacía tres meses, estaba en tratamiento con medicamentos muy caros por un problema en la piel de las manos. Se me hacían como escamas. No podía tocar ni lavar, nada. De repente, comencé a tocarme las manos y no pude creerlo: Tenía la piel lisa, sin lesiones, y hasta el día de hoy la conservo así. Estoy lavando otra vez. No podía tocar el agua. Todo eso fue grandioso, me sentí llena del amor de Dios. Ahora bien, yo venía por otra cosa. El martes, el segundo día, un vecino me pidió que lo acompañara al sanatorio, porque internaron a su esposa. No sé bien qué le dije estando allí. La cuestión es que él era ateo. Y en el sanatorio terminó diciéndome que toda su vida había estado equivocado, que iba a ir al encuentro de Dios y que vendría a estas jornadas. Fue una conversión de impacto. Finalmente, hoy viernes, vine con toda mi familia aquí. ¿Por qué? Porque el problema familiar, por el que vine, se resolvió, gracias a Dios.