Lunes 07 de Noviembre de 2011
Los residentes argumentan razones ecológicas y de seguridad y afirman que buena parte de la culpa la tienen los GPS de los autos de alquiler.
El camino de subida al Monte Lee, una de las colinas que rodean la ciudad de Los Ángeles, está plagado de signos: "Por aquí al cartel de Hollywood", dicen algunos, con una flecha pintada a mano que apunta en dirección ascendente. "Prohibido pasar, calle sin salida, no siga", señalan otros.
Los carteles son una buena analogía de la disputa que se libra entre dos "bandos": el de algunos vecinos de Beachwood, el barrio caro y tradicionalmente residencial que ocupa las laderas del monte, y el de los turistas que quieren a toda costa conseguir su foto de viaje junto al monumento más emblemático de la ciudad californiana.
El signo de letras metálicas, protagonista de reparto en decenas de películas de los estudios del cine que han hecho de Hollywood su casa, es un dolor de cabeza para muchos de los residentes de la zona, testigos diarios de un desfile incesante de visitantes.
Suben en autos particulares o bien en excursiones en camionetas que apenas caben por las calles angostas y serpenteantes de la colina y se estacionan en los lugares de paso.
"En los últimos dos o tres años se ha hecho mucho más complicado. Estas calles son el único acceso para los vehículos como ambulancias y coches de bomberos y se puede ver que aquí no hay mucho lugar para maniobrar si hay turistas parados o autos estacionados", señaló Steve Grant, vecino de la zona desde hace dos décadas, durante una visita de BBC Mundo al lugar.
Sin embargo, el cartel está ubicado en un parque municipal de acceso libre y gratuito, lo que impide a los vecinos tomar medidas drásticas.
Discordia vecinal
Los residentes están divididos: los más radicales pretenden restringir el acceso a las calles tanto como sea posible y limitar las visitas turísticas a los puntos panorámicos en la parte más baja de la colina; los más moderados dicen que es imposible ir contra la marea de centenares de recién llegados, de quienes la industria turística obtiene sus dividendos.
¿Qué hacer? Hace poco, los habitantes de la zona se reunieron para discutir opciones en un centro comunitario de West Hollywood.
Hubo mucho enojo y pocos acuerdos para lidiar con las hordas de visitantes que, incluso contra lo que indican las señales, se aventuran por caminos de tierra e ignoran las alertas de serpientes, que proliferan sobre todo en verano.
Aunque el tramo final de acceso está vallado, no falta quien se atreve a pasar por encima de las barreras e intenta el ascenso caminando, desafiando a los detectores de movimiento y las cámaras de vigilancia instalados por las autoridades.
Como la zona es desértica, el peligro de incendios está siempre latente. En general menos cuidadosos que los residentes permanentes, los turistas presumiblemente ignoran las alertas de prohibido fumar y, según relataron las autoridades del parque a BBC Mundo, son en su mayoría responsables por los centenares de colillas de cigarrillos que se recogen allí a diario.
"La gente no se da cuenta de que ésta es una zona de alto riesgo de incendios, técnicamente es un desierto. Fuman y tiran sus colillas y aquí tenemos incendios todos los años", señaló el residente Michael Verbenicke.
Culpa de la tecnología
El cartel lleva aquí desde 1923 y los intentos por alcanzarlo son tan viejos como sus letras.
Pero algo ha cambiado en los últimos años: mientras que antes los locales se jactaban de ser los únicos capaces de transitar las laberínticas calles de Beachwood, el GPS ofrece ahora la misma aventura con un simple menú de destinos turísticos previamente programados.
"Los sistemas de navegación satelital se han hecho cada vez más populares y eso ha congestionado notoriamente la zona", dijo a BBC Mundo el concejero municipal Tom Labonge, encargado del distrito y embarcado en una campaña de mediación entre vecinos sobre el asunto del cartel.
No sólo los dispositivos de navegación son responsables, sino también los sitios web que dan instrucciones de cómo conseguir la mejor foto y, en términos más amplios, los operadores turísticos que ofrecen el viaje colina arriba por una veintena de dólares.
Los vecinos más tolerantes han optado por hacerles el camino fácil a los visitantes y muchos aprecian, según dijeron a BBC Mundo, la "multiculturalidad que trae el turismo".
A comienzos de este año, un grupo se organizó para dirigir a los turistas a una sección de vistas panorámicas, donde se puede obtener una buena foto sin necesidad de trepar hasta lo más alto. Pero no todo el barrio celebró la iniciativa.
Otros impulsan, en cambio, la vista desde un centro comercial en la parte baja de la ciudad, desde donde el cartel se divisa completo pero lejano, o bien desde el observatorio astronómico Griffith, situado en una colina aledaña, donde se lo puede observar de costado.
"Necesitamos tener más ayuda aquí arriba. Lo que queremos es poner custodios que controlen e indiquen a los turistas los lugares donde está permitido subir, pero tenemos que conseguir dinero para poder financiar ese plan o algún otro. Es un hecho que esto es un parque, la gente quiere venir y tenemos que buscar alternativas. Estamos trabajando con la comunidad y los organismos de gobierno para encontrar esas soluciones que dejen a todos contentos", expresó Labonge.