Por Ana Falco (*)

El enviado del papa Francisco, cardenal Ángelo Amato, declaró oficialmente beata a la Madre Catalina de María Rodríguez, fundadora de la congregación de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón. Fue este sábado 25 de noviembre en una ceremonia en Córdoba con una multitudinaria participación de fieles.

Muchas son las gracias concedidas por la Madre Catalina. Pero el milagro que hoy la lleva al altar y que fue aprobado por la Congregación para las Causas de los Santos tiene que ver con la tucumana Eugenia Valdez. Ella es la señora que obtuvo la gracia invocando a Madre Catalina: su propia madre, Sofía Acosta, volvió a la vida, luego que el médico le certificó la muerte.

El milagro

La noche del 22 de abril de 1997 Eugenia se encontró con su madre tirada en el suelo del patio de su casa en barrio Modelo, de Tucumán. Junto a su padre y un vecino, la llevaron a una clínica donde llegaron luego de más de quince minutos.

Cinco minutos después y tras varios intentos de reanimación, el médico informó a los familiares que Sofía había fallecido. "El doctor, que es uno de los testigos de la causa, había salido y nos había dicho que mamá había muerto. Yo le dije que vuelva haga lo que tiene que hacer, que la Madre Catalina la iba a salvar y le iba a devolver la vida", recordó Eugenia.

Mientras la familia continuaba invocando la intercesión de la religiosa, el médico intentó nuevamente las técnicas de reanimación y comprobó que, aunque había decretado la muerte biológica, la mujer comenzaba a tener actividad cardíaca. Sofía volvió a la vida y sin ninguna secuela.

"El doctor fue a verla, la reanimó y ella volvió a la vida. Después la llevaron a la unidad coronaria y el médico nos dijo que era muy difícil que ella viva; y que si vivía iba a ser una plantita por la cantidad de tiempo que estuvo muerta, que fueron unos 20 minutos. La verdad que no nos daban ninguna probabilidad de vida. Gracias a Dios, al otro día nos dejaron entrar a verla y yo le llevé una reliquia de la Madre Catalina que es una estampita con un pedacito de su hábito. Lo puse en su corazón, en su cabeza y lo dejé abajo de su almohada. Mamá comenzó a evolucionar muy rápido. A la semana había vuelto a su habitación y a los diez días ya estábamos en casa. Hoy ella está feliz, no tuvo secuelas y nunca tuvo que hacer rehabilitación de ningún tipo", asegura su hija a 20 años de ese día.

¿Qué vio y sintió Sofía?

Luego del episodio, Sofía contó a su familia lo que recuerda de esos largos minutos en los que no estuvo con ellos. "Mamá nos contó que iba por un camino lleno de flores, con un color maravilloso. Se acuerda de un color amarillo y de otro que nunca pudo encontrar en ninguna flor. Dice que había una paz, una tranquilidad muy grande y mucha felicidad en ese lugar y que cuando iba caminando ve a lo lejos a mi abuela que había fallecido un año antes; un primo mío, que había fallecido unos días antes; y un tío, que cuando la vieron fueron corriendo a decirle que no era su hora. Ella dice que todavía siente en el codo el apretón de su mamá que la agarraba para que se vaya; pero no se quería ir porque era un hermoso lugar, cuenta que se quería quedar porque había mucha paz. Después de eso ella despertó", contó Eugenia, con la dulzura que la caracteriza.

Ellas no dudaron de que recibieron la gracia de Dios por mediación de Madre Catalina. Era una felicidad y también un misterio guardado secretamente en la familia; hasta que se dieron cuenta de que era una gracia que debían comunicar y así comenzaron con los trámites que llevaron hoy a Catalina a su beatificación.

¿Por qué Sofía no estuvo presente en la beatificación?

En mayo de 2017, llegó la aprobación del milagro y ese mismo día la hija mayor de Sofía, hermana de Eugenia, fallecía súbitamente. Hoy, seis meses después, en la fiesta de beatificación que se vivió este sábado, Sofía no estuvo presente. La muerte de su hija fue un gran golpe que hoy continúa atravesando aferrada a su fe.

Sofía y su hija encuentran en el milagro ocurrido hace 20 años, la respuesta para la gran ausente de esta beatificación, su queridísima hija bioquímica.

"Hace cuatro meses, en mayo, con toda nuestra alegría por el milagro porque el Papa ya había decretado que Madre Catalina iba a ser beata, muere mi hermana mayor y por supuesto que también sentimos una tristeza muy profunda; pero la alegría que Dios nos ha dado nos ayuda a sobrellevarla. Porque Madre Catalina nos ha mostrado el lugar donde iba a estar mi hermana y nos da mucho consuelo el saber que ella está bien", reflexionó Eugenia.

A pesar de su bienestar y fortaleza, hoy Sofía no se sintió con ánimos para asistir a la celebración en Córdoba, pero sí la siguió desde su casa en Tucumán.

El mismo milagro ocurrido hace 20 años y que le devolvió la vida a Sofía, es el que hoy conforta y llena de esperanza a toda su familia porque saben que Dios no solo le devolvió la vida, sino que desde ese día los viene preparando para despedir a su hija. Otro milagro más, que Dios les dio. Les mostró que la muerte no es tristeza, la muerte no es llanto, la muerte es otra forma de vida. La muerte es estar total y enteramente junto a Dios y hoy en el dolor, Madre Catalina las sigue guiando.

(*) Colaboración especial para UNO Santa Fe