Lunes 07 de Julio de 2014
El pasado domingo 29 de junio se conmemoró el Día del Sueño Feliz, una iniciativa que nació con el objetivo de replantearse la presión que muchos adultos generan para la puesta en práctica del simple acto de dormir, muchas veces a través de métodos conductistas de adiestramiento que buscan que los niños aprendan a acostarse solos sin interrupciones ni llantos. Y es sobre estas últimas acciones, conocidas popularmente como métodos Ferber, Estivill o Duérmete Niño es que este año se generó la movida, que tuvo una importante repercusión en las redes sociales y abrió el debate.
¿Por qué los padres hoy se plantean cómo hacer dormir a sus niños?, ¿es este acto natural (para los adultos) un gran problema para los pequeños?, ¿qué consecuencias puede generar la aplicación de los mencionados métodos?, las preguntas que surgieron en torno a este tema son muchas. Para responderlas, Ser Un@ dialogó con la educadora para el nacimiento Claudia Barreyro y el pediatra Osvaldo González Carrillo, quienes aportaron sus conocimientos, en algunos aspectos opuestos, al respecto y develaron estas y otras dudas.
En primer lugar Claudia Barreyro explicó cuál es el significado del Día Mundial del Sueño Feliz y cómo nació la propuesta. “Esta iniciativa nació el año pasado de la mano de cien padres y pretende derrumbar con datos científicos los argumentos de esos expertos que defienden métodos conductistas que interfieren en el proceso natural del sueño de los niños, provocando sufrimiento y haciendo creer a los padres que el sueño se aprende y que si el niño no duerme solo en su cuna y sin pedir atención luego será un ser con problemas”, dijo y agregó, consultada sobre el motivo por el cual la idea se reflejó en las redes sociales con el hastag #desmontandoaEstivill, “Se reflejó en las redes con un mensaje de oposición al neurólogo E. Estivill, porque este profesional en su libro Duérmete Niño (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos) recomienda fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés, un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación”.
En esa línea Barreyro explicó que “no se trata de un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad”, y detalló: “Este método conductista está totalmente reñido con la lactancia materna, porque hay muchas madres que amamantan a sus hijos durante más tiempo, siguiendo las recomendaciones de organismos como la AEP, Unicef o la OMS, que recomiendan amamantar hasta los dos años como mínimo e incluso dormir cerca del niño para que el bebé mame cuando lo requiera. Dicho de otro modo, mientras por una parte se le decía a las madres que tuvieran a su hijo cerca para que hiciera varias tomas nocturnas (el Comité de Lactancia de la AEP ve el colecho como una opción tan válida como cualquier otra), por el otro lado, el método Estivill decía lo contrario, que el niño debía alejarse, trasladándose a otra habitación para dormir toda la noche seguida y solo, pues de lo contrario tendría un problema llamado insomnio infantil”.
En coincidencia con estos dichos, el pediatra Osvaldo González Carrillo afirmó que “cada chico es distinto y por tanto hay que respetarle su ritmo, y luego ir adaptándolo en la lactancia. Algunos bebés tienen que tomar en forma más frecuente y otros de manera más espaciada, hay que respetar esas necesidades y luego ir adaptándolas”, pero se opuso terminantemente al colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres): “Nosotros hemos tenido casos de colecho donde se produjeron lesiones severas e incluso aplastamiento de los chicos. No es algo para nada recomendable y generalmente muchas veces no es recomendable mantenerlo dentro de la misma habitación después de los tres meses, pero claro que uno no puede imponer algo habitacional”.
Al respecto, Claudia Barreyro dijo: “En culturas muy distintas y desde tiempos muy antiguos, los padres duermen con sus bebés normalmente. Esto nos indica que el colecho es un hábito que ha permitido a la especie humana perpetuarse, por lo tanto no es perjudicial. Simplemente, las tendencias culturales de cada sociedad van estipulando cómo deben hacerse determinadas cosas, pero esto no indica que lo que estipulen sea lo mejor. Y no es cierto que el colecho sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita, ya que según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna”.
Así, entre los puntos beneficiosos de dormir junto a sus padres, Claudia Barreyro mencionó, entre otros, a la disminución del llanto como característica de los bebés que duermen con sus padres, y aseguró que es justamente ese acto el que considera más grave y angustioso de los métodos conductistas. “Si dejamos llorar al niño estamos desoyendo a nuestras propias entrañas, ya que el bebé solo se puede comunicar a través del llanto, el gorjeo o el grito”, dijo y agregó: “Si el adulto no acude ante este llamado, este niño está experimentando la devastadora soledad y abandono de no ser asistido, amado, sostenido. Y de eso no se vuelve”.
En esa línea, el doctor González Carrillo completó: “Hay que pensar en que existen muchísimos motivos para que el bebé llore, por eso es importante ver qué le pasa. Personalmente me parece muy poco humano dejarlo que llore sin saber qué necesita, no estoy de acuerdo para nada. Existe un estudio que habían hecho los alemanes, que si bien fue muy macabro, demostró que existen diferencias entre los niños que duermen con contacto y los que no lo hacían. Hasta su inmunidad cambiaba”.
Desde esa perspectiva, el director del hospital Orlando Alassia, detalló: “Todo entre madre e hijo es una adaptación. Así como el adulto debe adaptarse al chico, el mismo niño también se adapta a la familia. Es frecuente que en el primer y segundo mes todos giren alrededor del chico, pero después hay un ritmo familiar y es el mismo chico quien se va adaptando. Eso de que el nene te toma el tiempo no es una historia muy real, la infancia es una adaptación total”.
Y en ese contexto Barreyro citó al doctor Michel Odent, quien dice que “cuando un recién nacido aprende en una cuna que es inútil gritar, está sufriendo su primera experiencia de sumisión” y aseguró: “Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos, o para molestarnos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal”.
Por último, la doula y directora de Tinkunaco, el primer Centro Santafesino de Preparación Multidisciplinaria para la Maternidad, Paternidad y Crianza expresó: “Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo. El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solucionarlo. Como dice la estadounidense Jean Liedloff, en su obra El Concepto del Continuum, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano”.