El financiamiento total del sistema casi se duplicó entre diciembre de 2024 y marzo de 2026, según un informe del Centro de Estudios DEMOS. Pero ese crecimiento coincidió con una caída del salario real: el crédito funciona cada vez más como sustituto del ingreso y no como herramienta de desarrollo.
Viernes 14 de Agosto de 2026
La bancarización de los argentinos avanzó a un ritmo inédito en los últimos años, de la mano de las billeteras virtuales y las plataformas fintech. Pero ese proceso de inclusión financiera tiene una cara menos celebrada: el crédito creció más rápido que el ingreso de las familias, y ahora esa brecha empieza a pasar factura de la mano del endeudamiento.
Según el informe "Endeudamiento ciudadano: la otra cara de la inclusión financiera", elaborado por el Centro de Estudios DEMOS en base a datos oficiales del Banco Central, los créditos con atrasos en los pagos se quintuplicaron en apenas 16 meses.
Un sistema que se duplicó en poco más de un año
De acuerdo al reporte, firmado por la economista Florencia Camusso, entre diciembre de 2024 y marzo de 2026 el financiamiento total del sistema casi se duplicó: pasó de 83 billones a 156 billones de pesos corrientes, un incremento del 88%. Ese envión no vino acompañado de mejores condiciones de pago: en el mismo período, la cartera en situación normal —deudores que pagan en término o con atrasos de hasta 31 días— cayó de 97,3% a 90,5%, mientras que la cartera irregular del sector privado —los créditos con atrasos— subió de 1,5% a 6,8%.
"Este deterioro no tiene precedentes. No por la magnitud absoluta de la mora, sino por su velocidad: la cartera irregular del sector privado se multiplicó casi por cinco en solo 16 meses. Y la tendencia no muestra señales de reversión: cada mes, desde octubre de 2024, registra un nivel de irregularidad más alto que el anterior", explicó Camusso.
La inclusión financiera avanzó más rápido que los ingresos
El fenómeno tiene una base estructural: la cantidad de personas con acceso exclusivo a financiamiento a través de proveedores no bancarios (fintech y billeteras virtuales) pasó de 3,2 millones a 4,7 millones entre diciembre de 2020 y diciembre de 2025. La tenencia de cuentas de pago, por su parte, saltó de 3,5% en 2019 a 73,7% en 2025.
El acceso al crédito, sin embargo, creció todavía más rápido que el acceso a las cuentas. En junio de 2025, el 62,7% de los adultos santafesinos tenía algún financiamiento activo en el sistema ampliado, frente al 45,2% de 2017. Y la aceleración más marcada se dio en el último tramo de la serie: entre junio de 2024 y junio de 2025, la proporción de adultos con deuda creció 7,2 puntos porcentuales, la suba interanual más pronunciada de toda la serie histórica. Para dimensionarlo: ese salto equivale a casi la mitad de toda la expansión acumulada en los ocho años anteriores.
El crédito como sustituto del salario
El informe advierte que ese crecimiento acelerado no es una buena noticia en sí misma, porque coincide con un fuerte deterioro del poder adquisitivo. Entre diciembre de 2023 y principios de 2026, el salario real del sector privado registrado acumuló una caída de 3,5%, mientras que el del sector público retrocedió 18,3%. Para DEMOS, esto sugiere que buena parte de la expansión crediticia no refleja mayor capacidad de inversión, sino mayor necesidad de financiar el consumo cotidiano: "el crédito como sustituto del salario, no como herramienta de desarrollo".
La composición de la deuda confirma esa lectura. En junio de 2025, el 42,9% de los adultos santafesinos tenía deuda en tarjeta de crédito y el 38,2% en préstamos personales; entre ambos instrumentos explican más del 80% del financiamiento de las personas físicas. En el otro extremo, los créditos prendarios apenas alcanzaban al 1,3% de la población y los hipotecarios a un magro 0,4%.
El instrumento que más creció no fue la tarjeta —que ya era el más extendido— sino el préstamo personal, que pasó de 23% en 2017 a 38,2% en 2025, un salto de más de 15 puntos. Se trata de créditos rápidos, de bajo monto y tasas altas, otorgados en gran parte por canales digitales y sin garantía: el instrumento típico de quien necesita liquidez inmediata, no de quien planifica una inversión.
Una crisis que ya no es solo bancaria
Otros relevamientos privados, citados en el informe, profundizan el diagnóstico. Según estimaciones sobre la Central de Deudores (CENDEU), la mora en créditos de familias llegó al 12,7% en mayo de 2026, en un incremento sostenido mes a mes desde octubre de 2024, cuando era de apenas 2,5%. El deterioro es todavía más agudo fuera de la banca tradicional: en las entidades no financieras —fintech, billeteras, tarjetas de supermercados, cooperativas y mutuales—, que concentran cerca del 17% del mercado de préstamos, la irregularidad trepó al 32,2% en mayo de 2026, frente a menos del 10% a fines de 2024.
La Fundación Éforo aporta una mirada de más largo plazo: según su relevamiento, la deuda promedio por persona se triplicó entre diciembre de 2023 y enero de 2026, mientras que la cantidad de personas endeudadas con proveedores no financieros pasó de 9,5 a 11,3 millones. El CEPA, por su parte, calculó que 5,8 millones de personas registran algún nivel de mora, lo que representa el 27,9% de los 20,9 millones de deudores del sistema.
La otra cara: pymes que cierran sin aparecer en la mora bancaria
El crédito a empresas muestra un panorama distinto —aunque no necesariamente mejor—. La mora comercial bancaria es baja y estable, en torno al 3%, pero esa cifra convive con una ola de cierres que no siempre queda capturada en los indicadores financieros regulados. El Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA) relevó que entre noviembre de 2023 y los primeros meses de 2026 cerraron 24.437 pymes a nivel nacional, dejando a 327.813 trabajadores sin cobertura de riesgos del trabajo.
La explicación, según el informe, pasa por la ruptura de la cadena de pagos entre empresas —cheques, facturas, proveedores— antes que por el incumplimiento de préstamos bancarios. A eso se suma un problema estructural: el crédito a empresas, cuando existe, se concentra en instrumentos de corto plazo y prácticamente no financia inversión productiva ni ampliación de capacidad, algo que golpea especialmente a una provincia con un entramado intensivo en capital como Santa Fe.
Las conclusiones del informe
Para DEMOS, los datos oficiales y los relevamientos privados cuentan, desde distintos ángulos, la misma historia: Argentina y Santa Fe resolvieron el problema del acceso al sistema financiero, pero ese logro convive con un crédito que financia mayoritariamente consumo de corto plazo, una morosidad de los hogares que crece a ritmo acelerado, y un entramado pyme donde la baja mora bancaria convive con una cantidad creciente de concursos, quiebras y pérdida de empleo.
"El endeudamiento de los hogares es el resultado de un sistema que expandió el acceso al crédito sin expandir el ingreso, que incorporó a millones de personas al financiamiento formal sin ofrecerles instrumentos de largo plazo y que dejó que las tasas activas reales permanecieran muy por encima de la capacidad de repago de la mayor parte de la sociedad", sintetizó Camusso.
El informe cierra con una pregunta que queda flotando sobre el sistema financiero argentino: si estos actores serán capaces, en algún momento, de financiar desarrollo, vivienda e inversión productiva, o si seguirán sosteniendo, sobre todo, el consumo del día a día.