Martes 20 de Diciembre de 2011
A días de la Navidad, muchos suelen estresarse, preocuparse durante la cuenta regresiva que los apura a comprar el o los clásicos regalitos para la fecha. Aunque visto desde afuera pareciera un mero trámite, una tradición que forma parte más del esquema navideño, el acto de regalar no está considerado por el ser humano como un simple ítem. Los regalos “llevan el sello personal de quienes los realizan y pueden mantener latente el deseo de querer perdurar en el recuerdo del otro", señalan especialistas ante la proximidad de las fiestas navideñas.
"El que regala habla de sí mismo en su regalo, está el sello personal cuando uno elige algo, porque está descartando todo lo demás", y además en el regalo está o no el deseo de "querer perdurar en el recuerdo del otro", apuntan los entendidos.
El acto de regalar está pensado, en términos generales como un acto de amor, de dar y recibir, en el que hay una búsqueda y una significación que adquiere características particulares, que tiene que ver con el tipo de vínculo, con las circunstancias por las que atraviesa esa relación, y con el contexto general.
A la vez el objeto, que por sí mismo no significa nada, cobra un sentido en el momento de la elección por parte del regalador, y vuelve a resinificarse en manos del obsequiado, aunque hay ocasiones en que el proceso es inverso y el regalo termina siendo una simple mercancía despegada de los afectos.
"¿Qué buscamos al hacer un regalo?", pregunta la psicóloga Nora Londeix especialista en Orientación Vocacional en diálogo con Télam, tras señalar que "detrás de un regalo siempre hay una intención" más allá de que hay fechas que predisponen.
Describió las distintas situaciones: "Y acá hombres y mujeres actúan igual, están quienes compran pensando en lo que a uno mismo le gusta independientemente de la persona que lo va a recibir, y quienes regalan pensando en lo que al otro le gusta". Esta última situación "cae mejor, porque en ese regalo no sólo está el mensaje de `me acordé de vos y te regalo algo` sino además `sé lo que te gusta` o `recuerdo lo que dijiste que te gustaba`", precisó la psicóloga.
Pero en el primer caso, el obsequiado "muchas veces cambia el regalo o lo deja olvidado porque siente que no fue tenido en cuenta, que no se pensó en él al momento de elegir", añadió.
También está la persona que tiene en cuenta los gustos en común y busca por ejemplo un libro o una música que cree que le va a gustar, y "ahí hay una cuestión de buscar la máxima calidad en aquello compartido", acotó la psicóloga. En este marco, destacó que "se juegan muchas cosas en la elección del regalo y en el recibir el regalo, es dar algo a cambio de, tiene que ver con la capacidad de poder dar y de poder recibir".
Habló de gente que "busca dar más que lo que puede tener porque es generosa o entiende que el otro así lo merece", y de ocasiones en las que se regala por tradición, por formalidad u obligación.
"Pero siempre -puntualizó- todo tiene que ver con la coherencia de la persona, con el sentirse bien al dar, o con ser egoísta o amarrete, o indiferente, o con la dificultad de dar y recibir; en todos los casos se va a expresar esa característica al hacer un regalo".
En este sentido, dijo que "hasta una `pavadita` habla, porque expresa si se tomó su tiempo, si pensó o no en el otro, si hizo o no un esfuerzo para ver qué y finalmente encontrarla".
Por su parte, el psicoanalista Néstor Medvuidenur, del Centro Dos de asistencia e investigación, destacó que "cuando regalamos se trata de localizar en ese regalo algo del amor, de dar y recibir, y eso es un poco distinto a pensar el regalo como un objeto compulsivo o estar inmerso en la ferocidad del consumo".
Precisó que "en estos momentos de las fiestas, es importante alejarnos del apuro por regalar, y pensar en la posibilidad de dar algo al otro, en que el regalo sea también la posibilidad de reunión con el otro". El psicoanalista señaló que, "alejados del consumismo de la época, lo central es ver qué queremos dar y no los objetos que queremos comprar".