Sábado 28 de Julio de 2012
Los orígenes y el desarrollo de Gran Bretaña constituyeron la esencia de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres. El rock, la revolución industrial y el nacimiento de varios deportes en el Reino Unido fueron algunos de los temas abordados en la fiesta de apertura, ideada por el cineasta Danny Boyle (director de Transpotting), cuyo costo osciló en los 33,2 millones de euros y que tuvo la participación de 10 mil artistas.
El ciclista Bradley Wiggins, reciente ganador del Tour de France, marcó el comienzo cuando hizo sonar la campana del estadio, que precedió al rugido de la multitud.
Desde entonces, el relato se convirtió en un vertiginoso recorrido de la evolución sociocultural británica, transmitida para cerca de cuatro billones de televidentes.
La historia comenzó con referencias a la Gran Bretaña rural, con el campo del Estadio Olímpico ambientado como una granja, y mutó en forma continua.
Uno de los momentos salientes fue cuando el actor Daniel Craig, en su papel de James Bond, el agente 007, visitó a la reina Isabel II en el palacio de Buckingham y la escoltó hasta un helicóptero para depositarla en los palcos del estadio. Allí la esperaba el presidente del Comité Olímpico Internacional, el belga Jacques Rogge, como principal anfitrión del olimpismo.
La época victoriana, la Revolución Industrial, el nacimiento del rock and roll, la participación del ex Beatle Paul McCartney y la lectura de JK Rowling, la autora de Harry Potter, entre otros momentos, también formaron parte del variado zapping generacional.
Después llegó el turno del desfile de todas las delegaciones, inaugurado por Grecia, nación precursora de la competencia en la que se inspira el olimpismo moderno.
La peregrinación de las 204 naciones antecedió a la aparición del músico argentino Daniel Barenboim como uno de los portadores de la bandera olímpica, junto a otras personalidades, como la leyenda del boxeo Muhammad Ali.
Para el final, la antorcha llegó al estadio en la lancha piloteada por el futbolista David Beckham por el río Támesis, quien se la cedió al ex remero Steve Redgrave. Pero no fue el que encendió el pebetero. Siete chicos atletas británicos fueron los que encendieron siete focos, que luego se transformarían en un gran ramillete y que a la postre se cerraría para formar el pebetero.