La desigualdad empieza en casa
Una encuesta del Indec marca que las mujeres dedican 2,5 horas más, por día, que los varones a las tareas de limpieza, cocina y cuidado de familiares. Eso impacta en la vida fuera del hogar

Domingo 20 de Julio de 2014

¿Cuánto se gastaría si todos los días se llamara al delivery? ¿Y si, también de manera diaria, se contratara a una maestra particular, a una trabajadora de casa particulares y a una persona especializada en el cuidado de adultos mayores? Incluso sin tener las cifras exactas –y contando todas las variaciones posibles en los aranceles de cada una de esas trabajadoras– la estimación es muy alta y parece una opción alejada del poder adquisitivo de la mayoría de los hogares santafesinos.

Eso se debe a que culturalmente la tarea de esas cuatro (o más) personas se sintetiza en una sola figura, la del ama de casa. No importa si la mujer tiene un trabajo remunerado fuera del hogar, la encuesta nacional sobre trabajo no remunerado del Indec da cuenta que cuando regresa a su casa se hace cargo del 76 por ciento de las labores que allí se requieren.

En Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) presentó días atrás los resultados de la primera Encuesta Nacional sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo. El relevamiento alcanzó a 26.464.831 personas de 18 años o más residentes en hogares particulares de localidades de 2.000 o más habitantes de todo el territorio nacional. Se trata de una herramienta importante para conocer fehacientemente cómo se distribuye el trabajo dentro del hogar y poder analizar el impacto que eso tiene, entre otras cosas, en las posibilidades de crecimiento profesional y laboral de las mujeres.

El 74,2 por ciento de la población realiza tareas domésticas y algunos de los encuestados realizan más de una tarea. De las personas consultadas, el 69,4 por ciento señaló que hace quehaceres domésticos; el 24,3 por ciento, que se ocupa del cuidado de familiares a cargo, y el 13,5 por ciento indicó que da apoyo escolar a miembros del hogar.

Cuando se desagrega de acuerdo al género, los datos no son alentadores. Del total del tiempo aplicado al trabajo doméstico no remunerado, el 76 por ciento está a cargo de las mujeres y el 24 por ciento de varones. En promedio, las mujeres dedican 2,5 horas más por día que los varones. Y los porcentajes aumentan cuando se trata de mujeres que viven en pareja y/o tienen hijos menores de seis años.

Como contrapartida, los varones separados o divorciados tienen más participación en las tareas no remuneradas; y las mujeres en la misma condición tienen menos, respecto a aquellas que están en pareja.

Al respecto, Susana Palud –psicóloga social especialista en género– analizó: “Más allá de que la mujer cuente con personal a cargo que la ayude con las tareas del hogar, en la mayoría de los casos la responsabilidad sobre el funcionamiento del hogar sigue recayendo sobre ella. Entonces cuando tiene que salir a trabajar afuera también eso le implica una doble tarea o triple cuando son las mismas mujeres las que llevan adelante tareas barriales”.

Las más ocupadas

Las mujeres de 30 a 59 años presentan la mayor tasa de participación y mayor dedicación de tiempo al trabajo doméstico no remunerado. Eso coincide con la edad en la que, generalmente, las personas se desempeñan en el mundo laboral. Por lo tanto se puede estimar el impacto que esa superposición de exigencias tiene.

“El mandato es que sea la mujer o la madre la que se ocupe de los niños. Entonces si no está todo en condiciones o no tiene todo el tiempo que quisiera con los chicos, se siente mal, culpable. Lo mismo pasa si la casa no está en condiciones. Eso es una cuestión cultural vinculada a las matrices que hemos aprendido”, indicó.

Y agregó: “A veces eso afecta el desempeño laboral porque las mujeres prefieren no tomar cargos de jefaturas o que requieren mayor tiempo de trabajo fuera de la casa para poder hacerse cargo de la familia. Muchas veces renuncian a llegar a lugares de más poder o a progresar profesionalmente”.

Hijos y trabajo

La encuesta nacional también muestra que muchas veces tampoco se prepara a los hijos para compartir esas tareas. Si se tiene en cuenta que son muchos los varones entre 18 y 29 años que viven con sus padres, es extraño que no participen en los quehaceres domésticos o las responsabilidades familiares.

Según el informe, la mayor brecha de participación entre mujeres y varones se registra en el tramo de edad de 18 a 29 años, siendo los varones de ese tramo etario quienes menos participan en el trabajo doméstico. Mientras que la menor brecha se encuentra entre los mayores de 60 años.

Para Palud eso se vincula a que, “pese a los avances logrados sigue prevaleciendo esto de la mujer dedicada a la familia más que el varón y de las trabas laborales que se le generan por esas cuestiones”.

Las mayores tasas de participación y mayor tiempo de dedicación se observa entre las mujeres que residen en hogares con menores de seis años. La presencia de menores incrementa el tiempo de trabajo doméstico en 1,6 horas para los hombres y 4,3 horas para las mujeres.

En ese sentido, la encuesta demuestra que a la hora de criar niños pequeños, la responsabilidad sigue estando en la madre. Eso tiene su impacto en las posibilidades de desarrollo laboral de la mujer. Pero, ese prejuicio de que el cuidado lo debe hacer la madre también afecta a los padres, sobre todo a aquellos que quieren estar presente de manera activa en la vida de sus hijos.

“Muchas veces esto también pesa en los varones porque, en el mundo laboral, se pretende tener al trabajador en disponibilidad total”, evaluó la psicóloga social y continuó: “Entonces cuando eso no es posible, porque tiene que llevar a los chicos al médico o a la escuela o cuando tiene que pedir permiso para hacer determinada tarea vinculada a los hijos o a alguna cuestión familiar, es discriminado laboralmente”.

Por Victoria Rodríguez / Diario UNO de Santa Fe