Las emociones impactan no solamente en lo que elegís para comer sino también en la forma en la que lo hacés. Aunque cueste creerlo, estar parado, sentado, hacerlo con prisas, todo son indicios de lo que ocurre en tu cabeza.

Los expertos en nutrición recomiendan comer despacio, al menos masticar 20 veces los alimentos, no tener distracciones durante la comida, concentrarte en los que estás consumiendo, servirte una cantidad adecuada y no empezar con mucha hambre o si estás apurado.

Estas recomendaciones suelen aplicarse cuando uno se encuentra centrado y en un estado de relajación y tranquilidad. Cuando las emociones están más a flor de piel es más fácil olvidar estas directivas y comer según la necesidad del momento. Es ahí donde reside el secreto para saber qué sentís.

Si comés de forma voraz y masticando poco posiblemente estás bajo un fuerte nivel de estrés y ansiedad. Otra razón puede ser la soledad. Ingerir alimentos sin control puede derivar en un problema de peso que conlleva a la larga complicaciones en la salud, por eso si notás que comés de esta manera tratá de ponerle remedio y añadí más ejercicio físico a tu rutina habitual, descargarás parte de la tensión y además quemarás calorías.

Si comés parado, apurado y sin prestar mucha atención a lo que ingerís suele deberse a que hay algo que te preocupa. Con los alimentos buscás realizar una actividad placentera que te distraiga. Hay que ir con cuidado porque puede provocar indigestiones o gastritis.

Si dejás de comer o lo hacés sin horarios puede ser que estés deprimido. Los nervios acostumbran a cerrar el estómago y a dificultar la digestión si se come. No consumir las cantidades adecuadas de comida ni hacerlo al menos cinco veces al día puede conlleva ciertos problemas de salud.

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