reflexión

"La idealización de la maternidad nos hizo mucho daño"

La psicóloga y sexóloga Silvana Savoini dará una charla sobre el rol materno en la que invita a debatir acerca de lo ideal, lo real y lo posible. "Es hora de deconstruir los mitos que rodean la llegada de un hijo", asegura

Domingo 17 de Noviembre de 2019

El mandato de la mujer que debe ser madre subsiste. Aunque cada vez son más las que eligen no tener hijos, los cuestionamientos sociales hacia esa elección siguen vigentes. Y si se tienen hijos, la mayoría de las obligaciones –y las miradas– respecto de la crianza recaen en la mujer. ¿Cómo detectar el deseo verdadero de maternar sin quedar atrapadas en los mandatos? ¿Es posible? ¿Es una utopía la igualdad de género? La psicóloga, sexóloga y profesora universitaria Silvana Savoini ofrecerá una charla abierta a la que llamó "Deconstruir la maternidad, entre lo ideal, lo real y lo posible", y que se desarrollará en la sede de gobierno de la Universidad Nacional de Rosario el 29 de noviembre.

El objetivo es invitar a reflexionar sobre las imposiciones sociales acerca de lo que significa maternar, hablar sin tapujos respecto de las cargas que las mujeres tienen y que muchas veces las hacen sentir al límite de sus posibilidades. La culpa es otro tema central, ya que en muchas ocasiones, el no cumplir con las exigencias, con lo esperado, dispara en las mujeres situaciones emocionales muy complejas.

En un contexto que se anima a cuestionar ciertos mandatos –aunque todavía el peso del patriarcado es demasiado alto– Savoini alienta a interrogar e interrogarse como un modo de encontrar un camino más libre y saludable para vivir la maternidad, o elegir no hacerlo.

—Hoy se cuestiona socialmente el rol materno, se lo interpela, pero eso ¿se traslada a lo personal, aparece en el consultorio como un tema?

—A muchas mujeres de 30, 40 años y más empiezan a caerles las fichas, como decimos, del crédito vital. Esto es: qué me queda por vivir y cómo quiero vivirlo. Entonces comienzan a cuestionarse y a querer elegir. Cada vez son más las que se preguntan: ¿quiero formar una familia, quiero tener hijos y una pareja? ¿Estoy respondiendo a mis deseos o a los mandatos sociales? Todo lo que se espera o se esperaba, está, afortunadamente, en cuestión. Pero no podemos decir que los mandatos no subsisten, porque el cambio que se inició será un proceso lento.

—El patriarcado sigue muy vigente...

—¡Claro! Y una de las cuestiones centrales a revisar es la maternidad. Un mandato que comienza incluso mucho antes de ser madre. Es el mandato de que ser mujer, para nuestra cultura, es casi un equivalente de ser madre, como si fuese una condición para ser mujer. Fijate si no en lo que pasa habitualmente cuando alguien se encuentra con una mujer joven o adulta: "¿Estás de novia, te casaste, tenés hijos?". Y si no tenés hijos: "Pero... ¿no quisiste, no pudiste, qué te pasó? En ocasiones la pregunta está implícita en la charla y en otras ¡directamente te lo dicen! Escucho a muchas mujeres que me relatan que las interpelan en forma directa, y cuando no quisieron ser madres o no pudieron les incomoda la pregunta. Hay algo acusatorio en eso... ¿cómo una mujer no quiso maternar? Cuando la pregunta es: ¿por qué una mujer tiene que querer maternar?

—También se está poniendo en cuestión el instinto materno, si existe o no...

—No está implícito por el hecho de ser mujer. Es cultural y funcional. Por qué digo esto, porque desde el punto de vista filogenético, en los mamíferos (y los humanos lo somos) hay una ligazón afectiva con la crianza. Hay una tendencia a cuidar a las crías al menos por un tiempo, a diferencia, por ejemplo, de los reptiles. Pero nosotros, como humanos, hemos hecho un salto cualitativo respecto de esa programación biológica. Cuántas mujeres biológicamente pueden engendrar y parir hijos pero no por eso experimentan el deseo de ser madres. Ni siquiera el amamantar es necesariamente un acto de amor, no se da siempre de esa manera...

—¿Hay algún modo de reconocer, despegándonos lo más posible de los mandatos y de lo cultural, si deseamos o no la maternidad como parte de un proyecto de vida?

—Es complejo. Estamos sumamente condicionadas por los mandatos, esos que tiene que ver con la expectativa social del rol de género. Condicionadas por el deseo de la pareja, sea del género que sea... A veces es parte del proyecto de familia, de pareja, el hecho de tener hijos, pero no siempre el deseo se da en las dos personas que integran esa relación, con la misma fuerza. Muchas veces hay mujeres que simplemente acceden a ese deseo del otro de tener hijos. Estoy hablando de que no es sencillo determinarlo aun en situaciones en las que media una decisión: una búsqueda de embarazo, la adopción o los tratamientos de fertilidad. Y acá entramos en otro terreno delicado pero que creo que es necesario pensarlo: cuántas mujeres siguen adelante con un embarazo inesperado porque cuando se produce (y vale remarcar que siempre intervienen en esto dos personas) recae en ellas el peso de la decisión y de lo que ocurrió. Hay una mirada acusatoria también: ¡se hubiera cuidado, cómo no se dio cuenta! ¿Pero por qué se apunta a la mujer? ¿No hay un varón allí que no se cuidó y que probablemente después ni siquiera se hace cargo? Si sucedió ese embarazo, ¿cuán libres somos realmente las mujeres de querer continuarlo o no? Está la condena social, que no condena al varón, y está el hecho de la ilegalidad de la interrupción, y con ella el miedo a pasar por esa situación del aborto clandestino con todo lo que implica, porque incluso está el miedo a perder la vida en esa acción cuando no se tiene la chance de hacerlo de una forma segura. Al hombre no se lo señala por no querer paternar a ese hijo que se engendró, pero a la mujer sí, se la acusa y condena. Hay mujeres que no se han preguntado si quieren o no maternar, pero ante el embarazo inesperado siguen adelante por todos estos condicionamientos. Por miedo, por culpa, porque es lo que debe ser, porque no tiene otra posibilidad.

—Se nos impone un rol del que, por otro lado, nada sabemos hasta que no lo transitamos...

—Por eso hablo de la maternidad real y la maternidad idealizada. Este es un gran capítulo. Pensemos en lo que sería, socialmente, la mejor de las situaciones: una mujer que identifica claramente su deseo de ser madre, que no está tan condicionada aunque siempre estamos sujetas a determinantes que nos trascienden, que se lo ha preguntado, que a partir de una pregunta reflexiva tomó una decisión consciente y voluntaria de ser madre. Bueno, esta mujer que quiere maternar, aun así, puede caer en la trampa de la idealización de la maternidad. Vemos en forma permanente, en las redes, en las revistas, en las películas, o por lo que nos han contado, que la mujer que es madre es feliz, que está plena durante el embarazo o a partir de la adopción, y que con ese niño estará completa. En cualquier situación que nos lleve a la incorporación de un hijo en la vida la mujer va con la certeza de que encontrará esa escena de felicidad total y de que eso es lo mejor y lo más hermoso que le va a pasar en la vida, que finalmente va a estar radiante (estas son palabras que se usan aún). Las fotos de las madres son siempre de mujeres sonrientes, incluso perfectas a pocos días de parir como si nada hubiera pasado, manteniendo el cuerpo que tenía antes, como si el embarazo no hubiese ocurrido. Pero lo que una va a encontrar generalmente, no tiene nada que ver con esas fotos... Por eso el choque es muy violento, es frustrante y genera mucha culpa, que es algo que vemos los psicólogos en los consultorios. Veo mucha angustia. Hay una cantidad importante de mujeres que se sienten culpables por sentirse mal porque no están disfrutando plenamente de semejante momento feliz y parece que son ellas las que no pueden procesarlo de ese modo. Y lo cierto es que no se habla en relación a la gran crisis que significa la maternidad, sobre todo para la mujer (porque también lo es para la familia, para la pareja). Es crítico sobre todo en quien puso el cuerpo para sobrellevar el embarazo, la lactancia, o los tratamientos de fertilidad. Porque además es la que sigue ocupándose casi en un 100% de la crianza, sobre todo durante la primera infancia. No tendría que ser así pero es lo que ocurre en la mayoría de los casos...

—El cambio que se produce es enorme...

—Sí, hay un vuelco de 180°. La mujer siente de repente que no tiene tiempo ni de ir al baño, porque esa es la expresión, lo que se escucha: ¡no puedo ni bañarme, quisiera tener media hora para mí! Entonces, se sienten contrariadas porque la percepción que tienen en ese momento es que no van a poder recuperar su vida en el sentido laboral, profesional, social, que perdieron para siempre lo recreativo, la posibilidad de hacer actividad física. Lo que hay que decir es que es cierto que casi todo eso queda relegado, pero es por un tiempo, es transitorio. Esto hay que remarcarlo porque casi nadie lo dice. No dura para siempre esa crisis y hay maneras de reestructurar la vida. Nadie dice que sea fácil, tampoco que dejés de lado la posibilidad de ser madre si eso es lo que querés. Pero si vas a elegir la maternidad hacelo a sabiendas de lo que implica. Sabé que seguramente te vas a angustiar, que habrá momentos en los que sentís que no tenés más fuerzas, que podés sentir confusión y miedo. Que podés preguntarte por momentos si hiciste bien en haber ido por este camino. Que hasta podés no saber cómo vincularte con tu hijo. Pero que todo eso va a ir pasando. Sería bueno que te digan que te vas a cuestionar una y mil veces y que no está mal, que no sos mala madre por eso. No te tiene que generar culpa porque es normal, porque es una de las crisis esperadas dentro del ciclo vital. No es raro escuchar a mujeres que me dicen: mi hijo nació sin problemas, tengo una pareja, una casa, pero no me siento bien, no me siento feliz. Incluso, algunas depresiones posparto, que suceden y de esto se habla poco, tienen más que ver con la culpa de no sentirse todo lo bien que se supone que hay que sentirse. Creo que hay que poder decirles a las mujeres que la maternidad tiene muchas cosas hermosas pero que también es todo lo otro.

—Qué gran problema la idealización...

—Sí, lo es. La maternidad es artesanal y no hay una forma de ser madre, una única forma de serlo. No hay un deber ser ni una manera óptima y menos ideal.

—¿No notás una mirada social un poco más flexible sobre la mujer?

—El contexto social está interpelando roles y en particular el de género, y de algún modo se está intentando que todas esas expectativas no recaigan sobre las mujeres. Pero el camino es largo.

—Sí, en la práctica no se ven tantos avances.

—Te comento una situación típica. Una mujer joven, que tiene pareja, que parió un hijo y que te dice: hace meses que no puedo ir a tomar un café con una amiga, no retomé el ritmo de trabajo, no tengo tiempo ni para arreglarme el pelo... Pero si le preguntás por la pareja te responde: mi marido juega al fútbol, una vez por semana, come con los amigos y trabaja a tiempo completo como lo hacía antes de la llegada de nuestro hijo. Y después, inmediatamente agrega: ¡pero me ayuda! Y lo que se ve ahí es que ese varón no se está haciendo cargo de paternar. ¿Qué es hacerse cargo? Si los dos tuvimos un hijo entonces los dos dormimos poco, los dos resignamos cosas, los dos renunciamos a la actividad física por un tiempo, o bien, un día yo voy a gimnasia y otro día vos vas a jugar al fútbol.

—Pero persiste una idea de que el varón está más presente, a diferencia de lo que pasaba en otras generaciones...

—Puede ser, pero hay que cuestionar la noción de ayuda. Porque no es ayuda. Si se lo entiende como que es el varón el que tiene que ayudar y que la mujer debe agradecer esa ayuda, algo está mal. Hacerse cargo no es ayudar sino hacer lo que me corresponde hacer. Y lo mismo con las tareas domésticas. Lo discursivo, la actitud, no son cosas menores. “¿Querés que te ayude a lavar los platos?”, y la verdad es que no son “mis platos”, son los platos, punto. Hay casos en los que realmente está bien distribuido, pero en general, se le asigna a la mujer el cuidado de la casa y también el de la salud de todo el grupo familiar... y nosotras lo asumimos sin cuestionarlo porque somos cuidadoras “por naturaleza”.

—¿Hay alguna ganancia en aceptar eso sin chistar?

—En cierta forma sí, porque ganamos el reconocimiento de desempeñar bien el rol de mujer y madre, porque se espera que seamos unas muy buenas cuidadoras. Fijate que si la casa está prolija, ordenada, está todo bien, pero si está mal, desordenada, se piensa mal de la mujer de la casa, jamás del hombre que también vive allí. En definitiva son demasiadas cargas. Hay autores que hablan de la triple carga sobre la mujer: las tareas domésticas no remuneradas; la reproducción en sí misma (embarazo, nacimiento, lactancia, crianza), y estamos de acuerdo en que hasta la lactancia hay un rol preponderante, pero después no debería ser así. Es más, una mujer puede amamantar pero luego levantarse su pareja y hacerle hacer el provechito al bebé o acunarlo hasta que se duerma. Y la tercera carga es el trabajo remunerado en el mercado. Estamos insertas, afortunadamente, pero lo hacemos sin abandonar el resto de las tareas. Veo que se va avanzando pero el proceso es muy lento. Hay investigaciones que se hicieron, muy serias, sobre la distribución del uso del tiempo libre en Rosario y cómo llama la atención que en grupos donde incluso conceptualmente se cuestiona al machismo o al estereotipo del rol de género, en su vida mantienen la distribución del tiempo libre en base a patrones donde la mayor parte de las tareas domésticas quedan a cargo de la mujer y la crianza de los hijos casi exclusivamente le pertenece a la mujer.

—En la mayoría de los casos es la mujer la que todavía acompaña al hijo en las tareas escolares, mira sus carpetas, está al tanto de lo que acontece en el ámbito escolar...

—Sí, así es. Y eso implica un estrés enorme. Falta mucho para una verdadera equidad.

—Por otro lado la mujer se siente una reclamante si plantea estas cosas. O te lo hacen sentir...

—Claro. El problema es que todavía tenemos que pedirlo. La cuestión es que los procesos llevan tiempo. Si vamos con los “botines de punta” dentro del territorio de la pareja puede salir mal. Pero es válido ir construyendo esto de maternar y paternar de otro modo, de un modo más equitativo. Es sin dudas un trabajo, una construcción del día a día. Incluso, lo mejor es que antes de que un hijo llegue a la vida de esa pareja, que se pueda hablar de estas cosas, no que después caigan como desde el cielo. Si fuera posible hay que hablarlo mucho antes. No tener temor de plantearlo, de charlarlo. Cuando empezás a proyectar el deseo de la maternidad, de formar una familia, ahí es el momento de decir: ¿cómo lo pensamos? ¿qué expectativas tenemos? ¿cómo creemos que será la mejor manera de criar a nuestros hijos? Hay que interrogarse y empezar a deconstruir esa idealización de la maternidad que tanto daño nos hizo.

Encuentro

La psicóloga, sexóloga y profesora universitaria Silvana Savoini ofrecerá una charla el 29 de noviembre a las 18.30 en la sede de gobierno de la Universidad Nacional de Rosario, Maipú 1065. Para mayor información e inscripciones hay que ingresar a la página www.universummontessori.com/ eventos.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario