Las chicas le sacan la camiseta a los prejuicios y hablan de deseo
El Pocho Lavezzi se convirtió en el centro del debate fuera de la cancha. Los comentarios de las usuarias de las redes sociales sobre el jugador despertaron enojo y críticas en la platea masculina.

Domingo 06 de Julio de 2014

Ocho amigas terminaron de ver el partido entre Argentina y Nigeria y decidieron crear una página en Facebook llamada “Movimiento para que el Pocho Lavezzi juegue sin camiseta”. Lo que comenzó como una broma interna reunió más de 374.000 adeptos y despertó un debate inimaginable en las redes sociales. ¿Se puede cosificar a un varón?

En pocos días internet se llenó de fotos de Lavezzi sin camiseta, mostrando sus músculos, festejando goles o posando para determinadas marcas. Las mujeres se animaron a hablar y publicar sin tapujos de todas las cosas que querrían hacer con –o hacerle a– el jugador de la Selección.

Como contrapartida aparecieron las críticas masculinas. Por ejemplo, en la publicación en Facebook de Diario UNO sobre la creación de la Fan Page aparecieron distintos escritos, algunos con tintes graciosos y otros con mucha agresividad.

“Si no fuese jugador de selección, lo tratarían con el mismo desprecio que a un trapito cuida coches. Chetas paj...”, comentó Mauricio. Y Elías agregó: “Hagan una (página) para que juegue bien y meta goles este muerto. Yo en cuero le pasó el trapo”. Calentonas, “malco”, alzadas, papeloneras y “gatos” son otros de los calificativos con los que los usuarios varones se expresaron.

Incluso hubo quienes señalaron que después de todas las expresiones de deseo por el Pocho, las mujeres no deberían quejarse cuando se las cosifica. Pero ¿es lo mismo? Si se busca hilar fino, ninguno de los comentarios de las mujeres son muy diferentes a los que hacen los varones sobre las modelos, actrices o esposas de los jugadores. ¿Por qué a los hombres les molesta tanto que las mujeres usen sus mismos códigos?.

Una repercusión inesperada

Las creadoras de la Fan Page dialogaron con Diario UNO y reconocieron que nunca esperaron tener tanta repercusión. Mariana, Carolina, Antonella, Lucía, Micaela, Florencia, Ivana, y Carolina viven en Wilde (Avellaneda, Buenos Aires), a todas les gusta el fútbol y van a la cancha a alentar sus respectivos equipos. Incluso un par estudia periodismo deportivo.

“Fue una broma entre ocho amigas. A medida que pasaban los minutos los Me Gusta iban aumentando hasta que pasaron dos horas y ya tenía mucho más de 1.000 likes”, recordaron y agregaron: “No lo podíamos creer. Nunca pensamos que iba a tener tanta repercusión y que iba a salir en todos lados”.

En ese sentido, comentaron que recibieron críticas positivas y negativas, pero que a las segundas no les prestan demasiada atención. “Una vez que esto iba tomando mayor importancia decidimos poner un fin que es intentar que el Pocho nos mande saludos a las integrantes del grupo, firmar las camisetas y ayudar a la ONG Ansur (Asociación Niños del Sur, de Villa Gobernador Gálvez), de la que él participa”, marcaron.

Reglas dispares

Los suplementos deportivos, en especial sobre el Mundial, están acompañados por poster o notas sobre “las mujeres de los jugadores” o las “hinchas más lindas”. Todos los días aparecen en los medios sus fotos, en general con muy poca ropa, y los varones se desviven en comentarios sobre su físico.

Sin embargo, el momento en que las mujeres hacen propios esos códigos aparecen las críticas. La psicóloga social e integrante de la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe, Susana Palud, explicó a Diario UNO que la cosificación, que las personas seamos vistas como mercancías, “es intrínseco a la economía capitalista que lleva de la mano al consumismo. Los medios de comunicación y las redes sociales serían la gran vidriera donde productos consumibles se presentan como objeto de deseo, que irán adquiriendo mayor o menor valor de acuerdo a las necesidades del mercado y que luego pasarán al olvido tan rápidamente como llegaron”.

Al respecto aclaró que la cosificación actúa de manera diferente cuando la persona que se transforma en objeto es un varón o una mujer y que eso está relacionado con el lugar en que la sociedad ubica, de manera habitual, a uno y otra.

“En el caso de esos jóvenes, no será más que una nota de color que se suma a ese circo tan bien pensado y armado que es el Mundial de Fútbol”, marcó y siguió: “En cambio esa cosificación adquiere las características más descarnadas en las mujeres porque no solo se muestran y se desean sino que sus cuerpos se usan y se descartan. Basta con descorrer la colorida cortina futbolera para que aparezca la pornografía, la prostitución y la trata de mujeres y niñas. Esa es la diferencia cualitativa”.

En ese sentido, manifestó que el varón no pierde su valor por estar en exposición. “No pierde el centro que la cultura patriarcal le asigna al hombre; por el contrario, condensa todos los estereotipos del varón físicamente fuerte y económicamente rico –amplió–. La mujer sexualmente cosificada conserva también su lugar, que es el de la degradación, es «el gato», la que puede ser poseída, usada y descartada, y la que se opone a otro estereotipo femenino, el de la mujer madre, sumisa y asexuada”.

Hipocresía y control

Tanto Palud como las fundadoras del “Movimiento para que el Pocho Lavezzi juegue sin camiseta” coincidieron en que las razones del descontento de los varones sobre las expresiones de las mujeres tiene que ver con el machismo.

“A muchos hombres les debe molestar por envidia. Es una sociedad muy machista, donde a las mujeres que opinamos de fútbol nos tildan de que no sabemos nada o nos dicen que nos callemos porque nunca jugamos y no debe ser así”, cuestionaron las chicas.

En tanto para Palud, la reacción está más vinculada al hecho de que la mujer que sale del estereotipo en la que se la encasilla molesta a los varones. “El rechazo respondería al lugar de subordinación que la cultura le otorgó a la mujer, porque la mujer está vista como sexualmente pasiva; porque es el varón quien tiene el derecho a hablar de las mujeres, a mirar, desear y usar de sus cuerpos. Esto nuevo que aparece molesta porque increpa al status quo”, evaluó.

Y remarcó que el hecho de que las mujeres se animen a expresarse abiertamente y en los términos que elijan implica una liberación, por lo que “el control que se quiere ejercer en las redes es una expresión machista, el control es parte de la dominación”.

Para las chicas del Movimiento, la respuesta de las usuarias ha sido espontánea. “Las mujeres se abrieron a expresar sus deseos y sus pensamientos. Creemos que muchas al prenderse a esta causa, o a esta página, encontraron el empujón que necesitaban para hablar de este tema”, reflexionaron las jóvenes.

De todas maneras, también hubo mujeres que cuestionaron a sus pares sobre la manera en la que se expresaban sobre el cuerpo de Lavezzi. Comentarios como “Te doy hasta que Brasil me diga qué se siente” o pedidos de usuarias que decían “Colgá la foto donde se está acomodando la anaconda” despertaron también sus críticas hacia dentro de la platea femenina.

“Las mujeres hemos sido matrizadas en esta cultura patriarcal, legitimando y sosteniendo los valores atribuidos socialmente a los varones, por lo que muchas veces acríticamente reproducimos modalidades machistas”, analizó Palud y siguió: “De todas maneras me parece que está bueno que puedan o podamos expresar nuestros deseos. Sin embargo, considero que, con bastante frecuencia, la mirada de la mujer excede lo sexual, no pierde de vista a la persona”.

Finalmente, la psicóloga social destacó que hay avances que deben contemplarse. “Si bien esta cultura machista es muy fuerte y se nos va imponiendo desde que nacemos, no ha sido en vano el trabajo que los movimientos de mujeres y las feministas en particular venimos haciendo, ya que hoy vemos muchos hombres dispuestos a revisar sus conductas y alejarse cada día un poco más de estos corrosivos estereotipos”, concluyó.

Victoria Rodríguez