Martes 20 de Agosto de 2013
Victoria Paiva, integrante de la Fundación Mateo Esquivo, es una joven santotomesina del barrio Loyola, de 20 años, que pudo superar una grave enfermedad a base de esfuerzo, lucha y superación que le fue diagnosticada a los 14 años.
Hoy está editando un libro para contar su experiencia. Los médicos le diagnosticaron el sarcoma de Edwin, que es un tumor maligno que se sitúa en la zona del abdomen, pelvis, el fémur y las costillas.
El pasado jueves 15 de agosto se festejó en el Ateneo del Hospital Orlando Alassia, el Día del Niño con los chicos que forman parte de la fundación. Allí estuvo Victoria, fue una de las invitadas al evento y pudo compartir no solo un momento de alegría con los chicos, sino también transmitir su testimonio de vida.
“Todo empezó cuando tenía 14 años con dolores de panza, que eran muy frecuentes y después desaparecían. Mi familia y yo pensábamos que era porque me autoexigía en gimnasia, entonces se confundían estos síntomas con dolores abdominales. Como la situación no mejoraba, mis padres decidieron llevarme al hospital. Allí me revisaron en la guardia y ahí empezó todo. Comenzaron a estudiarme, me realicé varias radiografías y tomografías. En un principio, a los médicos les pareció que tenía un quiste de ovarios. Me dijeron que el quiste media 12 centímetros de alto, por ocho de ancho y 22 de largo. Después de descubrir esto, los profesionales del Hospital de Niños decidieron operarme. Semanas antes de la cirugía, se pudo conocer que era un tumor y que tenía que realizar un tratamiento de quimioterapia en Rosario”, recordó Victoria.
“Un día que estaba realizando la quimioterapia viví un momento muy feo, un coágulo de sangre se fue a mis pulmones y sentí que me iba. Fue un momento de eternidad porque me quedé sin aire, e inmediatamente comencé a rezar un Padre Nuestro, y no alcancé a terminarlo cuando volví a respirar. A partir de ahí, empecé a pensar que esto era real, que me estaba pasando a mí y que lo tenía que superar luchando día a día. Agradezco a toda mi familia, mis vecinos, gente querida que me ayudó con sus rezos y muestras de afecto para que pueda curarme”, dijo más adelante recordando momentos difíciles.
“Ahora voy a escribir un libro. Pasé mis quince años sin cabello, sin cejas. Esta experiencia me cambió la vida, me hizo verla de otra forma, aprender a respetarla y saber que si tengo otra oportunidad es por algo. Por eso quiero ayudar a los demás”, finalizó Victoria con una sonrisa en su rostro.