Sábado 11 de Enero de 2014
La doctora en psicología Gabriela Barrera, especialista en comportamiento de cánidos, relativizó la idea de “perros peligrosos” explicando que las razas así señaladas –en su estado puro– han sido creadas o modificadas genéticamente con fines específicos y que el problema surge, entre otras cuestiones, porque se los toma como animales de compañía y no se los educa ni entrena en tiempo y forma.
“El dogo argentino es un perro preparado para la caza, de gran porte, y su mordida puede provocar un traumatismo importante, por eso es que los casos son más conocidos o mediáticos por el impacto que provocan”, comenzó diciendo.
“Es verdad –consideró– que la raza predispone a ciertos rasgos y características de la personalidad del perro, sociabilidad, etcétera, pero eso no es determinante. Por eso, tenemos que evaluar el individuo en sí, su medio y las experiencias durante su ontogenia (durante su vida)”.
Volviendo al punto anterior, profundizó en que “hay diferencias en la presión de la mordida de diferentes razas, diferentes tamaños y portes de cada perro y eso determina la intensidad y daño y por consiguiente puede generar más impacto en los medios de comunicación. Aunque lo cierto es que un simple caniche puede tener una conducta agresiva y su mordedura no saldrá en los diarios”.
—Doctora, ¿cuáles son las medidas básicas para evitar que los perros de compañía tengan comportamientos agresivos como el descripto?
—En general, la clave es el modo en que se lo trata al animal los primeros cuatro meses, que es el período de ventana o socialización. Es fundamental que en esa instancia tenga el mayor contacto con niños y adultos a través del juego y con otros perros, también en condiciones estimulantes, preferentemente cachorros y no adultos que puedan intimidarlo, agredirlo o infundirle temor. El perro debe poder en ese momento explorar todo lo más posible, conocer, vincularse en clima cordial y afectuoso. También es recomendable que en ese contexto, se le brinden pequeñas cantidades de comida para que asocie el movimiento de las manos –que incluya caricias y mimos– como algo gratificante y no atemorizante.
—¿Cuánto tiempo dura y cómo debe ser ese período de socialización?
—Esta fase de socialización temprana denominada período sensible, en los perros comienza alrededor de las 2 1/2 a 3 semanas y concluye alrededor de las 12 a 13 semanas, siendo el momento de mayor receptividad la séptima semana. Los perros comienzan su socialización una vez que pueden caminar, lo que en promedio ocurre alrededor de las tres semanas de edad, y continúan formando relaciones sociales primarias hasta por lo menos las 12 semanas.