Domingo 07 de Abril de 2013
La verdad sobre la muerte del poeta y Nobel chileno Pablo Neruda podría comenzar a desvelarse en los próximos días, cuando un grupo de expertos examine sus restos para verificar si su deceso se debió a un cáncer o si fue asesinado por la dictadura militar de Augusto Pinochet, hace casi 40 años.
El cadáver del escritor será exhumado mañana desde la tumba que guarda sus restos en Isla Negra, un pequeño balneario costero situado a unos 120 kilómetros de Santiago de Chile, donde Neruda tenía una de sus casas, hoy convertida en museo. La exhumación del cuerpo fue ordenada por el juez Mario Carroza tras una querella que presentó en mayo de 2011 el Partido Comunista, en el que militaba Neruda, para que investigase una denuncia de que su muerte se debió a un envenenamiento y no a un cáncer de próstata, como sostuvieron entonces los médicos. El escritor falleció el 23 de septiembre de 1973, 12 días después de que su amigo, el presidente socialista Salvador Allende, fuera derrocado por Augusto Pinochet.
“Neruda era, sin duda, un objetivo para Pinochet. Junto al presidente Allende y al cantante Víctor Jara eran símbolos del recién derrocado gobierno socialista”, afirma el abogado Eduardo Contreras, querellante del caso. Sostiene que la demanda se debe a que “hay un conjunto de indicios y sospechas que hacen razonablemente presumir una probable intervención de terceros en su muerte”. Mencionó entre otras dudas la desaparición de la ficha médica de Neruda y la ausencia de un listado completo de los trabajadores de la clínica donde falleció.
A las dudas de Contreras se han sumado también las afirmaciones del asistente y chofer de Neruda, Manuel Araya, quien lo acompañó hasta los últimos minutos de su existencia. “Estuve con él y sé que alrededor de las cuatro de la tarde de ése día (de su muerte) le pusieron una inyección en el estómago. Me dijeron que era dipirona para el dolor”, declaró a medios locales. Horas más tarde fallecería Neruda en la clínica a la que había ingresado cinco días antes, el 19 de septiembre.
Tras su muerte, a los 69 años, Neruda fue sepultado en un nicho del cementerio general capitalino, facilitado por una familia amiga, adonde estuvo hasta 1992 cuando, como había sido su deseo en vida, sus restos fueron trasladados hasta su casa en Isla Negra. En el patio de la residencia, situada a sólo metros de la playa, fue construida la tumba del escritor.