Domingo 10 de Agosto de 2014
¿Tenés algún hijo con el que hace tiempo no podés dialogar? Como mamá tenés que preguntarte: “¿Hago espacio en mi vida para mis hijos? ¿Tienen un espacio para sentarse a dialogar conmigo?”. Y no te estoy hablando de encuentros rituales como el asado de los domingos, me refiero a un espacio exclusivo donde puedas dedicarles tiempo y dialogar. ¿Y qué es dialogar? Dialogar no es interrogar a tu hijo, no es hacerle preguntas: “Bueno, sentémonos a charlar. Contame, ¿cómo estás?, ¿cómo te está yendo?”.
Muchas veces creemos que preguntarles cómo les fue en el colegio o en el trabajo, qué pasó con el amigo o con la novia, o si les está yendo bien, es dialogar, pero no es así. Está muy bien preguntarles cómo están o decirles lo que pensamos respecto a un tema, pero eso no es dialogar. Comprarles cosas, prepararles la comida que les gusta tampoco es dialogar. Proveerles no es dialogar. Entonces, ¿qué es dialogar? Dialogar es que me cuente lo que me quiera contar y que yo le cuente lo que tenga ganas de contarle; generar un espacio donde podamos encontrarnos, un espacio único y especial para ese hijo o para esa hija.
Por eso, si tenés más de un hijo, tenés que tener un espacio exclusivo para cada uno. ¿Por qué ese hijo no dialoga con vos?, ¿de qué forma contribuiste para que eso pasara? Tenés que aprender a esperar. No le exijas diálogo a tu hijo, no le digas: “Tenemos que hablar ya mismo”, “no podemos seguir así”, “tenés que cambiar de actitud”, porque se va a alejar más todavía. La espera siempre pule nuestras intenciones.
Dialogar no es que te cuente lo que querés saber, porque a veces queremos sentarnos a hablar con nuestros hijos para sacarles información y saber en qué andan, pero eso no es dialogar. ¡Dialogar es compartir! ¡No permitas que las actividades te absorban de tal manera que no tengas tiempo para generar espacios únicos para dialogar con tus hijos!.
Saber esperar indica qué tan madura/o sos, porque cuando sabés esperar, también sabés cuándo hablar y cuándo callar. ¡Y esa es una capacidad que a los padres nos urge adquirir!.
Si somos inteligentes, podremos restaurar la relación, el diálogo con nuestros hijos. Pero debemos tener presente que somos nosotros los que tenemos que tener sabiduría, no ellos. No pienses: “Ya es grandecito… ¡Él va a tener que venir a hablar conmigo!”. ¡Nosotros somos los que tenemos que ejercer la paternidad, nosotros somos los que tenemos que ir a buscar a nuestros hijos y no esperar a que ellos vengan!
Alejandra Stamateas/Especial Ser Un@