Opiniones de especialistas: cómo abordar el narcotráfico y las adicciones

Viernes 25 de Octubre de 2013

La pasta base y un residuo de heroína

Paula Di Rienzo

Especialista en Clínica Médica (Fundación Favaloro)

La despenalización de uso de drogas ilegales es un tema muy complejo. Quizás la del consumo de la marihuana sea la más razonable y viable, aunque está visto que afecta al cerebro –como el alcohol, que además perjudica al hígado y, curiosamente, está socialmente aceptado–.

Ahora bien, si cada uno tiene su planta de marihuana, recurre al autocultivo, quizás se desarme el circuito complicado de la comercialización, que tantos problemas de otra índole trae.

El debate más difícil de dar es respecto de las drogas más duras, que son muy adictivas y que destruyen a muy corto plazo.

Países desarrollados como Holanda se paran desde otro lugar, que no sé si es el mejor, aún no está muy claro; y sectorizan de alguna manera el problema.

Es verdad que algunos adictos nunca se recuperan pero dejar que se mueran tirados en una esquina no es la solución desde ningún punto de vista.

Acá pasa lo mismo con el paco, sólo que no se dice, no se muestra. Creo que el tema de la pasta base es mucho más grave en nuestro país.

Destructiva

Además ahora están usando un residuo de la heroína que es terrible y que les quema toda la piel cuando se lo inyectan.

Son drogas muy adictivas con efecto corto y muchísimo síndrome de abstinencia, que algunas veces terminan en episodios de violencia o robos por la desesperación de los pibes de seguir consumiendo.

No es que la cocaína no me preocupa pero creo que el tema del paco es todavía más grave.

No estamos como país evolucionados lo suficiente para discutir algunos temas.

Somos una Nación joven, menos desarrollada económicamente y está claro que hay una brecha de muchos años con Holanda, ejemplo de muchos en el tema de políticas vinculadas al consumo de sustancias.

Los avances y las deudas pendientes

Oscar Pellegrini

Psiquiatra y psicoanalista (Ministerio de Salud)

En el plano asistencial tenemos que reconocer que un paso adelante ha sido la Ley de Salud Mental y Adicciones, que reconoce las problemáticas del consumo de sustancias dentro del campo de la salud mental.

Esto debiera complementarse con una nueva ley de adicciones, que no persiga ni criminalice.

Hay que reconocer, sí, que esta Corte Suprema de Justicia de la Nación, ha generado con el fallo Arriola un precedente interpretativo de la norma en el sentido de este cambio necesario, pero seguimos con la misma legislación en la materia.

Acuerdo político estratégico

Ahora bien, en lo que respecta a la persecución del delito es necesario un gran acuerdo político estratégico que genere el poder suficiente para combatir realmente el narcotráfico y sus derivados, que no por casualidad se llaman delitos complejos, tanto que sus redes adquieren niveles internacionales.

Este tema involucra no sólo el compromiso de efectivos policiales que hoy nadie pone en duda como parte del problema, no sólo en Santa Fe, claro está; cuestión que está puesta en el tope de la agenda política regional a partir del caso Tognoli.

La magnitud que ha tomado el narco poder no es pensable sin una trama de relaciones no sólo policiales, sino también judiciales, políticas y empresariales, lazos que nunca aparecen en los procesos investigativos, al menos hasta ahora.

La despenalización de la tenencia de sustancias para uso personal, o el autocultivo, pueden ser no sólo un modo de evitar la criminalización de los consumidores, sino de generar menores riesgos toxicológicos, ya que en los cultivos ilegales se usan agroquímicos prohibidos para el ulterior consumo humano.

Y sería también una forma de combatir, en parte, el tema del tráfico.

Ley, ficción y realidad

Licenciado Juan Pascual

Especial para Diario UNO

Desde 2012 hay en danza dos proyectos de ley para despenalizar la tenencia personal y el consumo de estupefacientes. Por fin, la figura del usuario de drogas apunta a salir del mundo penal: el consumidor no es un delincuente. Sin embargo, la figura de quien comercializa y provee estos consumos sigue destinada a la vigilancia y el castigo. “Queremos terminar con las cárceles llenas de consumidores en lugar de narcotraficantes”, es la frase que justifica la separación.

Las leyes no van detrás de los delitos. La acción maligna no es anterior a la construcción de una regla que la impugne. Es la ley la que denomina a los actos punibles, es la ley la que recorta qué (y a quiénes) se castiga y qué (y a quiénes) no. El pequeño hurto, el robo cotidiano, el malevo ajuste de cuentas y el duelo señorial no fueron delitos, sino prácticas comunes en nuestras sociedades. Fue la ley la que los recortó y los separó del ámbito de lo permitido.

Cada penalización, entonces, produce diferentes tipos de efectos, algunos impensados o, acaso, sólo imaginables en una apuesta de la ficción que abra a escenarios por fuera de los planteados por la racionalidad manifiesta de la ley. Además, están los modos de aplicación de la ley. ¡Maravillosos deltas! En 2007, último año de estadística de seguridad publicado por el gobierno de la provincia, se registraron apenas cinco usuras en todo Santa Fe. Sonría. O, enfocando a la prostitución penalizada: ¿alguna vez se escuchó de un consumidor de prostitutas que haya ido preso? Al revés, ¿cuántas veces se supo de travestis –ejerciendo o no la prostitución– en un patrullero?

Cuelgue

La ley 23.737, referida a los estupefacientes, produce estos segmentos en la prisión: en 2011, el año previo al diseño de los proyectos de despenalización, el 48% de los delitos ligados a las drogas fue por consumo, el17% por tenencia simple y el 34% por comercio o tenencia. Otro dato: poco más del 70% de las mujeres presas en cárceles federales están detenidas “por microtráfico o pequeña venta de drogas, lo que se explica por la persecución a loseslabones más débiles de la cadena”, según señaló Anabella Museri, investigadora del CELS.¿Adónde iba este muchacho en moto, quiénes eran los 33 consumidores que lo esperaban con un Roca para tener algo de paraguayito por 15 días?

Locura

La despenalización es un avance en los derechos civiles e individuales. Por otra parte, aliviaría a la Justicia de un vagón de causas sin sentido. Sin embargo, a partir de la delimitación de su alcance es posible imaginar toda una serie de universos nuevos que produciría, justamente, la transformación legislativa. Y el eje de los efectos impensados de esta transformación está en esa separación: para el que consume, eventual tratamiento; para el vendedor, cárcel.

La primera, y obvia pregunta, es ¿a quiénes le van a comprar los consumidores? En el caso de la marihuana, la respuesta cae de suyo y es digna de celebración.

Florecerá el autocultivo. Sea. Entonces, tenemos un jugador para inventar: el del comprador de cogollos. Aquella persona que es incapaz de hacer sobrevivir un helecho o una planta de perejil, ¿por qué no va a demandar, y pagar, a otra persona que tenga robustos y gigantescos plantones de cannabis? El cultivador ¿es entonces un traficante?¿Adónde iba ese muchacho en moto, a llevar una bochita dentro de las zonas de abandono o a pasar raudo hacia la tierra alta y blanca, llena de Rocas y oportunidades?

La segunda: ¿qué sucede con las drogas que requieren elaboración química? La producción de cocaína requiere variadas materias primas, laboratorios, y luego está la distribución. Los consumidores de cocaína no se verían observados por el ojo de la ley, pero sí sus proveedores. La escena: tomo el auto, salgo hacia el bulevar, doblo en Freyre, agarro Mendoza, le doy al fondo.

Pego pila de capuchones: la noche es larga, son muchos los amigos. Salgo. A mí no me pasa nada. Y si el lugar pierde, otro habrá, o un delivery. Y una trama de protecciones cayendo y rehaciéndose, mucho más ceñida porque se haría un foco mucho más nítido y recortado sobre el territorio a vigilar (...)

Revista Pausa, mayo de 2013

Uruguay es la vidriera

Juan Trento

Periodista especializado - Diario UNO

Los avances científicos y tecnológicos en todo el recorrido de la historia del hombre sirvieron como base de sustentación para el progreso, es decir, para mejorar la calidad de vida de las personas a partir del ingenio humano convertido en descubrimientos, desde la rueda hasta las sustancias espirituosas, y la evolución en el mejoramiento de vida es aceptado por todas las ideologías políticas.

Nadie nadie propone que la gente viva peor, esto recorre desde la China “comunista-consumista” hasta el liberalismo económico occidental.

Yendo al caso particular de los drogas “prohibidas”, el Estado tiene bajo la órbita de su responsabilidad indelegable el aseguramiento de la salud de la población, desde la atención primaria de la salud en todas sus formas hasta el contralor necesario respecto de los alimentos que se consumen y son de venta libre en el supermercado.

Ahora, qué sucede respecto de las denominadas drogas prohibidas, aquellas que el Estado no puede evitar que la población consuma, tanto cocaína como marihuana por citar algunas, y adonde no enfrenta el desafío de abrir del debate científico sobre si son más letales que el cigarrillo y el alcohol que son permitidas, y en caso de opinión favorable por qué no las produce y las comercializa.

Por ejemplo, el caso uruguayo sería la primera vidriera a mirar en este análisis.

No penalizar ni criminalizar

Josefina Díaz

Abogada

En en nuestro país doctrina y jurisprudencia son pacíficas en considerar que la tenencia de estupefacientes para consumo personal no es delito. Su penalización tradicionalmente respondió al hecho de que era considerada delito de peligro abstracto, esto significa que al estar la persona bajo efecto de estupefacciones privada momentáneamente de discernimiento constituía un peligro potencial para la sociedad ante la posibilidad de delinquir

Holanda revisa su modelo

Mucho se debatió sobre la cuestión, entre otras cuestiones precisamente porque las estadísticas indican que se comenten más delitos bajo los efectos del alcohol.

Hoy el tema está superado. En países como Holanda actualmente el tema de la libertad de consumo esta sufriendo una revisión a nivel social

El tema es muy complejo, merece un tratamiento y análisis profundo, pero a grandes rasgos diré que es importante centrarse en la prevención (principalmente en la educación) y no en la penalización y/o castigo.

Regular el consumo

Natalia Leiva

Periodista

Estoy a favor de la despenalización porque considero que esta medida permitiría correr el eje de las políticas de Estado, que deberían entonces pasar de perseguir a los consumidores -que es lo que se hace actualmente- a apuntar la mira a los narcotraficantes.

El tema del consumo es personalísimo; aunque opino que debería regularse, tal como se hace con el alcohol.

El problema es que la red del narcotráfico es un entramado muy complejo que incluye a políticos, funcionarios judiciales, abogados, legisladores y siguen firmas; de ahí que no sea tan fácil tomar la decisión política de encarar el tema de fondo.